El Salón de la Fama de los Juguetes

Dando saltos por el internet, encontré una noticia que leía: “Caja de cartón es ingresada al Salón de la Fama de los Juguetes”. No sé cuan cierto sea, ya que el enlace a la noticia no funciona al momento de escribir esto, pero aún si es falso, pienso que tiene más sentido que todas las noticias “verdaderas” que he leído en buen tiempo.Recuerdo que una caja de cartón grande y vacía rendía para horas de diversión. Podía ser la nave espacial “Westinghouse” o el barco “JVC” o… cualquier cosa. El único límite era la imaginación. Sólo tenía un defecto; se descomponía en varias horas.

Aún con tantos juegos de video, me atrevo a apostar que debe ser igual de valiosa para los niños de hoy en día… tal vez más. Creo que son pocos los juguetes que alimentan a la imaginación de tal manera.

Sin duda, el juguete que más recuerdo es uno inusual. Era una montaña de bloques de cemento (era para alguna construcción en la casa que se aplazó por meses) que nosotros usabamos como nave espacial. Colocábamos los bloques de tal manera para poder crear estaciones. Era una mezcla de Star Trek con Captain Harlock (esta seríe tiene un nombre distinto en castellano, pero no recuerdo cuál es… trataba de una nave espacial en forma de un barco de guerra), y pasábamos horas allí, hasta entrada la noche.

Cuando más grande, mi juego preferido era uno de rol llamado Dungeons & Dragons. Lo jugué hasta mi último año de escuela superior. Como era el Dungeon Master o DM (piensa arbitro, con otras responsabilidades adicionales) me tocaba crear el lugar, personajes y situaciones por las cuales los personajes (hoy en día les llaman Avatars) se enfrentaban. Pero poco a poco se me hizo más difícil conseguir personas interesadas en jugar. La computadora suplantó a mis compañeros de juego. A la vez, quería experimentar usar uno de los personajes, ya que siempre me tocaba ser el DM (era el único que conocía las reglas del juego).

A todo esto, no logro comprender cómo las compañías que fabrican juguetes sacan las porquerías que insisten en producir. Tanta investigación y mercadeo, y de todas formas inundan las tiendas con juguetes que un niño jamás quisiera. Por ejemplo, ¿quien diablos quisiera una figura de Batman con un uniforme ¡amarillo! y negro? Hasta el niño más pequeño sabe que debe ser gris y negro (o azul oscuro)… ese es el que niño quiere, no el otro que compraste a última hora para salir del paso. Es como regalar un libro: tienes que saber el gusto de la persona a la que le regalas y cierto conocimiento de lo que regalas, porque si no terminas con un acumulador de polvo… o un juguete olvidado. O peor; un juguete inolvidable por lo desacertado que es.

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