Crónicas de una costilla rota, parte II: Los saludos

El que me haya saludado en persona desde el accidente, habrá notado que ahora los abrazo de lado. Algunos preguntan qué me pasa, otros me dan por loco (quién los manda no leer mi blog, ¿no?). Como es costumbre abrazar, pues me viro del lado “bueno” para que no me vaya a lesionar nadie (más de lo que estoy). Otras veces, saludo a la vez que digo, “la madre del que me apriete”.
Los que saben qué me pasó no saben cómo saludarme. Parece que temen tocarme, por miedo de que vayan a causarme daño (se aprecia el gesto, por cierto).
Lo peor es volver a contar lo que sucedió, una y otra vez. Afortunadamente, no recuerdo mucho, así que la explicación es brevísima: “me quedé dormido, carro se volcó, no recuerdo nada, ambulancia, hospital, costilla rota, muchos medicamentos, descanso”.
Mañana regreso a mi empleo, así que, veremos cómo me va. Me consta que hay construcción en el piso en el cual trabajo. Espero que no me cause alergia. También, mañana trataré el sistema de transportación pública del área metropolitana. Estoy seguro que tendré mucho que contar y les informaré cuán lejos estamos de que más personas usen dicha transportación y dejen sus carros (optimista, yo). Tenemos cuatro años (más o menos) hasta que comience a disminuir la cantidad de petróleo disponible para el mundo entero (busquen “Peak oil” en google o wikipedia), así que, vale la pena investigar cómo estamos ante esa crisis. Vienen tiempos interesantes.

Technorati Tags: , ,

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 1.0/10 (1 vote cast)
Share

Crónica de una costilla rota

Bueno, llevo una semana con la costilla rota. He recuperado bien, hasta la fecha. Apenas me duele. No es como los primeros días, cuando cualquier acción era un experimento en agonía. Si iba en un auto, cualquier hoyo en la carretera me hacía ver las estrellas. Levantarme de la cama me daba mucha dificultad, ya que dolía mucho. Reírme y toser también provocaban mucho dolor. Desde el lunes me he sentido mucho mejor. Puedo levantarme sin problema alguno y hasta toser discretamente.

Curiosamente, el lunes fue el primer día que estornudé. El médico me había advertido que no debía estornudar, ya que podría deshacer lo que ya había sanado parcialmente. Por alguna razón, mi cuerpo había evitado los estornudos por cinco días. Pero, el lunes se acabó la luna de miel. Fue por la mañana y de repente. Creo que los vecinos a tres cuadras oyeron mi grito.

No ha sido el único estornudo. Ayer estornudé más de cinco veces. Parece que la lluvia levantó un poco de polen en el ambiente y me causó alergia. Descubrí que si me trinco un poco antes de estornudar, no duele tanto. Bueno, es como que si no me trinco, duele con cojones; si me trinco, sólo duele.

Después de cada estornudo, necesito al menos un minuto para recuperarme. Si algún día necesitan torturar a alguien con una costilla rota, sólo deben echarle pimienta en la cara. En cinco minutos confesará cualquier cosa (por eso, la tortura no funciona… la víctima te dirá lo que sea para que pare el dolor).

Dentro de todo, me siento bien. Reírme me causa un poco de dolor (pero nada como un estornudo), así que, cero comedias. Cuando vi Maldeamores, me sonreía pendejamente en las partes cómicas, sin emitir algún sonido.

Por cierto, escribo todo esto bajo los efectos de tres medicamentos diferentes, así que… se me olvidó lo que iba escribir. Voy a dormir.

Technorati Tags: , , , , ,

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 7.1/10 (19 votes cast)
Share

Maldeamores

Anoche la vi. Muy buena película, con un sentido de humor especial. Les queda algunos días para verla, así que aprovechen ahora. Si van, vayan temprano. Ayer fui a las 5pm y tuve que esperar hasta las 7pm para verla, ya que la tanda anterior se había vendido por completo. Creo que el teatro se vio forzado a abrir otra sala para la película. Esperen a que finalicen los créditos, por cierto.

Technorati Tags: ,

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 0.0/10 (0 votes cast)
Share

Afortunado

Creo que debo ser una de las personas más afortunadas de la semana. El miércoles, de madrugada, sufrí un accidente. No recuerdo mucho, pero luego de ver el auto, sé que tuve suerte de salir vivo. Fui el único involucrado.
Sólo perdí el auto y me rompí una costilla.
Nunca me había roto un hueso, hasta ahora. Les puedo decir que duele al toser, reír, levantarme, sentarme y especialmente, si estornudo. Debo tomarme unos medicamentos que me dejan bastante tonto (más de lo normal, digo), así que si esto suena incoherente, culpo las pastillas.
Aunque perdí el auto, gané tiempo libre y sobre todo una experiencia que jamás se me olvidará (excepto las partes que no recuerdo). Uno debe aprender de estas cosas y espero que haya entendido la lección.
Lo irónico es que, desde un tiempo para acá, deliberaba si debería dejar el auto, ya que es un gasto más, y utilizar la transportación pública, en combinación con una bicicleta. Ahora, esa decisión es irrelevante: estaré forzado a hacerlo. Será interesante ver cómo me adapto del estilo de vida del auto al del peatón.

Aprovecho para darle las gracias a todos los que me ayudaron y ofrecieron su apoyo. Desde las personas que me sacaron del auto volcado, hasta los médicos que me atendieron y mis amigos y familia. No sé que hubiera hecho sin ellos, en especial una persona, quien sabe quien es. No hubiera sobrevivido la semana sin su ayuda.

Bueno, basta: tengo tiempo y es hora de escribir. La novela está casi lista. Espero presentar tesis pronto.

Technorati Tags: ,

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 0.0/10 (0 votes cast)
Share

“El cuarto jinete” publicado en El Nuevo Día

Este cuento ganó el Segundo Campeonato del Cuento Corto Oral celebrado en la Universidad del Sagrado Corazón en 2007. Se publicó en El Nuevo Día el 16 de septiembre de 2007:

El cuarto jinete

Por José Borges

No es fácil ser yo. Digo, no todo es malo: tengo mi caballo pálido, soy inmortal y no sufro de nada. Se supone que sea muy feliz. Y lo sería, a no ser por mis hermanos. Me roban cualquier rasgo de orgullo que pudiera tener. Si no fuera por mí, ninguno sería importante. Sin embargo, me tratan como a un esclavo.

—Recoged a los combatientes —me ordena Guerra desde su equino rojo.

—Llevad a los enfermos —me dice Pestilencia encima de su rocín amarillo.

—Sacad a los muertos de hambre de mi vista —manda Hambre montado en su esquelético caballo negro.

Lo más irónico es que a mí es a quien la humanidad más respeta. Bueno, me teme, en realidad.

Pero mis hermanos no comprenden nada de eso; sólo soy su obrero, su alicate. Trabajar con la familia es difícil, pero cuando uno es la Muerte, es una mierda.

Editado 17 de marzo de 2013, ya que el enlace original había expirado.

Technorati Tags: , , ,

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 0.0/10 (0 votes cast)
Share