Manual del ciclista en San Juan, Puerto Rico

¿Tienes deseos de correr bicicleta, pero no te atreves? No soy un experto, pero desde hace tres años me traslado en bici por la ciudad. No he sufrido ni un rasguño. Bueno, unos cuantos en realidad, pero fueron al comenzar; nada graves. Pronto explicaré cómo sucedió.

Primero, hay que reconocer que la cultura del ciclismo en Puerto Rico no se considera común. Usar una bicicleta como método de transportación personal causará varias miradas de asombro e incredulidad. La situación se puede cambiar, pero como único se hace es al tomar las calles con la bicicleta hasta que comience a ser visto como algo normal. La ciudad capital no cuenta con carriles para ciclistas y los conductores están bajo la impresión de que las carreteras son de ellos y que tú, ciclista, estorbas. Hay quienes te gritarán, otros harán la “broma” de simular que te atropellan y otros más te tirarán con algo. Son una minoría, pero sucede de vez en cuando.

Lo primero que debe tener un ciclista, luego de la bicicleta, es un casco. Protege tu cabeza; es la parte más importante del cuerpo. Es cierto que ese tipo de casco te hace parecer a Gazoo, pero ¿en realidad prefieres perder la cabeza? En el único accidente que tuve, el casco me salvó de traumas a la cabeza. Lo uso siempre, por más corto que sea el trayecto.

El segundo consejo es que te mantengas en la calle. Las aceras de Puerto Rico apenas acomodan al peatón, mucho menos al ciclista. Eres un vehículo más, así que toma tu carril. Hora de contar lo del accidente supongo. Sucedió así: como comenzaba, aún tenía miedo del tráfico y los automóviles, así que me trepaba en la acera lo más posible. Aquí me di cuenta de las malas condiciones en las que se encuentran. Muy cerca de mi destino, quise treparme en la acera otra vez, pero había un tipo de canal de desagüe entre la rampa y la calle. La goma delantera cayó ahí y me viré hacia el frente. Caí de cabeza en la acera y me llevé algunos rasguños en los codos y las rodillas. Una señora en automóvil se detuvo para ver si necesitaba llevarme al hospital. Aturdido, le dije que estaba bien. Ha sido mi única caída y fue por no quedarme en la carretera.

Ya que corres en la calle, recuerda que debes obedecer las reglas de tránsito. Eres un vehículo más y quieres que se te trate igual que a los automóviles, ¿verdad? Pues, compórtate. No te comas el semáforo rojo y no vayas en contra del tránsito. Recuerda que los conductores estarán pendientes de los carros que van en la dirección correcta al momento de virar. Si vienes desde la derecha mientras ellos miran a la izquierda, te atropellarán sin querer. Se trata de Física sencilla, también. Chocar de frente es más fuerte que si te dan de espaldas. Además, el conductor tendrá más oportunidad de verte si te sigue.

Debes prestar atención también. No hables por teléfono, fumes o hagas otra cosa que no sea correr la bicicleta mientras estés en movimiento. Aunque parece una norma irreal, te sorprederás al ver que son muchos los ciclistas que lo hacen.

También debes mirar los rostros de los conductores, así sabrás si te han visto o no. Dale espacio a que tus reflejos funcionen, en caso de ser necesario. Si estás distraído, no tendrás oportunidad de evitar un accidente.

De noche, utiliza vestimenta o accesorios reflectores para que puedan verte en la oscuridad. Hay gorras y bandas que reflejan luz; una bombilla adicional tampoco estaría de más.

Lo más importante es no tener miedo, aunque siempre estés pendiente. Las calles son tuyas también, aunque mucha gente no lo quiera ver de esa manera. Si la cultura de ciclismo no existe, ¡atrévete a comenzarla!

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Día de la dependencia

Llegó el Presidente de los Estados Unidos a Puerto Rico, un martes 14 de junio de 2011. Días antes, calles, carreteras y residenciales públicos (cortesía del Gobierno Federal) fueron pintados y arreglados. Como aquel que recibe visita sin avisar, Puerto Rico escondió los trapos sucios debajo de los muebles.

Los que pudieron pagar o “cobrar” cualquier favor o puesto político pudieron ver al Presidente de lejos por unos minutos. Muchos de ellos, funcionarios de alto rango del partido estadista, apenas entienden inglés, pero fue fácil lucir como si lo hablaran: reían cada vez que les sonaba algún nombre de un deportista o un cantante, y se preparaban para aplaudir cuando una oración bien entonada les avisaba que había dicho algo agradable.

Por alguna razón y contra todo tipo de inteligencia, había quien esperaba que la visita del mandatario solucionara todos los problemas de la Isla. Por eso, no estuvieron satisfechos con el contenido del discurso ni con lo rápido que se trasladó a la Fortaleza. A otros se les aguó el día al saber que el Presidente se reunió con el actual líder del partido colonial estadolibrista. De seguro, los que pagaron 35 000 dólares para comer aperitivos en el mismo salón que Obama también tendrán de qué quejarse.

Durante la fugaz visita, hubo protestas para la liberación de Oscar López, un preso político encarcelado hace treinta años, y por la investigación del asesinato de Carlos Muñiz Varela, ambos víctimas de la disidencia. También hubo manifestaciones en contra de la continuación de nuestro estatus de colonia en pleno siglo XXI, como un intento por ejercer algo de presión de la prensa en foros internacionales. Estos reclamos lógicos a un ilógico ganador del Premio Nobel de la Paz eran criticados por aquellos que no entendían el porqué de las manifestaciones.

Hoy mientras una minoría indignada reclamaba lo que debería ser, a todas luces, un derecho de libertad inalienable, una población colonizada celebraba, se humillaba y vaciaba sus bolsillos para llenar los de un presidente por el que ni siquiera votan. Entre desplantes, protestas y almuerzos inesperados, el único ganador de la visita de Obama fue el mismo mandatario, quien llenó sus maletas de dinero en cuatro horas de trabajo liviano. No tuvo que confrontar a republicanos hostiles ni escándalos demócratas. Solo tuvo puertorriqueños sumisos que celebraban las cuatros horas de lucro presidencial.

A poco tiempo de dejar el País,todo sigue igual en el Trópico. Mañana cuando nos levantemos, seguiremos matándonos, robando y, sobre todo, creyendo que nada de esas pequeñeces importa, pues de aquí a otros cincuenta años tendremos otra oportunidad para celebrar un día más de dependencia.

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Calle 13 unplugged

Uno de mis discos favoritos de Nirvana es el Unplugged que hicieron para MTV, cuando aún tocaban algo de música en el canal. Para mí, esta no es la mejor versión de la canción, pero me da la gana de incluirla aquí.

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