El “Ay, bendito” puertorriqueño

Si hay alguna frase que deberíamos eliminar del vocabulario puertorriqueño es el maldito “Ay, bendito”. Es una pena simulada que expresamos y a la cual jamás tomamos acción para remediar. Es el equivalente de “¿Cómo estás?”, cuando la realidad es que no nos interesa saber cómo está la persona. Es algo que se dice, pero no se siente.

En el caso del “Ay, bendito”, los ejemplos sobran:

“Ay, bendito. Pobres drogadictos”, pero preferimos criminalizar la adicción.

“Ay, bendito. Tanta corrupción en el Gobierno”, pero ante un atropello a la democracia en Guaynabo no alzamos la voz en protesta.

“Ay, bendito. Los niños no tienen computadoras”, pero los empleados del Departamento de la Familia se las roban el Día de Reyes.

“Ay, bendito. Cerró el negocio del vecino”, pero aplaudimos que abra un Walmart que trata a sus empleados como esclavos… y no cuento los de China.

Cada día nos convertimos en cómplices de las ilegalidades del Gobierno y lo único que decimos al respecto es “Ay, bendito”.

Mientras tanto, el país se cae a nuestro alrededor. Cedemos nuestros derechos por miedo, votamos por los mismos charlatanes cada cuatro años, nos involucramos menos con la comunidad y tenemos la temeridad de quejarnos después.

Al carajo con el “Ay, bendito”. No merecemos la pena.

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Certamen del Cuento Corto Oral

El viernes 18 de mayo se celebrará en la Universidad del Sagrado Corazón el Séptimo Campeonato Mundial del Cuento Corto Oral. Es un certamen único, más parecido a una competencia. Más de cien personas traen su cuento de una página y luego esperan a ver si son uno de 20 finalistas. Cada finalista lee su cuento en voz alta, algunos de manera más dramática que otros. El público aprueba o no el cuento y su lectura. Una vez concluidas las lecturas, el jurado se encierra en un salón aledaño y discute quién será el ganador y si habrán menciones honoríficas. El proceso es semejante al que usan los comediantes de “stand-up”, aunque el público no abuchea si no le gusta algún cuento, como puede suceder en la comedia.

Hay varias destrezas que se prueban a la vez. La síntesis, la concisión, la imaginación, la dicción y la misma creencia del autor en su cuento. Si no lees con convicción, nadie lo apreciará tampoco. Me gusta ese juicio inmediato del público. Me parece acorde con la tradición oral antigua, como si se tratare de Scheherezade en La mil y una noches. Es un buen reto para cualquiera que desee ejercer este oficio, gane o no.

Más información aquí.

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