Aaaaaaarrrrgggg

Me levanté el sábado con el antebrazo hinchado. No sé por qué. Me produjo bastante estrés, así que decidí ir a una sala de emergencia cercana. Luego de esperar dos horas, la doctora de turno me informó que podía ser una celulitis o producto de alguna picada. Me recetó antibióticos para prevenir una infección. También me mandó a que me administraran un antibiótico intravenoso allí mismo. Sí: una inyección.
La enfermera, al darse cuenta que era una dosis “bastante fuerte” (en sus palabras) la dividió en dos. Me administró una mitad en cada nalga. La aguja no me dolió, pero al entrar el líquido… es como si te inyectaran rocas por las venas. Caminé raro por las próximas dos horas.
Por suerte, el resto de los antibióticos se administran en cápsulas, así que no tendré que someterme a otra tortura. Pero, resulta que la doctora nunca firmó la receta. Me toca otra visita al médico para ver qué carajo tengo en el antebrazo y me haga una receta firmada.
Creo que al cumplir mis 35 años se me expiró la garantía: todo comienza a joderse de cantazo. Como cuando saldas el auto. Me canso de tanto médico.

Hoy: escribir. Luego iré a ver “Maldito árbol tropical” en el teatro Arriví. Teatro Breve por la noche.

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