Defensa de tesis

Les incluyo la defensa de tesis. Los que estuvieron allí, saben un poco más acerca de qué se trata Esa antigua tristeza. Traté de grabarla, pero no pude. Fui traicionado por las baterías de mi cámara.

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Defensa de tesis de maestría en Creación Literaria, con especialidad en Narrativa
Diciembre de 2007

 

Buenas tardes. En primer lugar, les pido disculpas de antemano. Me han pedido que hable aquí como por veinte minutos y los que me conocen saben que no suelo hablar mucho. Haré lo posible por mantenerlos despiertos.

Finalmente, lo hice. Hoy defiendo mi tesis de maestría en Creación Literaria. Recuerdo que cada vez que mencionaba que escribía una novela, recibía la pregunta obligatoria: ¿de qué trata? Reconozco que se me hizo muy difícil contestarla, ya que no quería arruinarle la sorpresa a ese posible lector. Y es que desde el primer día, esta novela ha sido escrita, no solo para mí o para completar requisitos de la tesis, sino para ustedes, mis posibles lectores. Además, como cínicamente dice un personaje en la serie de televisión Deadwood, revelar tus intenciones es una buena manera de hacer a Dios reír.
Al principio, no tenía idea de cómo describírsela a nadie. Contiene elementos fantásticos y un poco de ciencia ficción. Al menos, eso creía yo, hasta que la semana pasada, leí que a un hombre en China le ocurrió algo parecido a un personaje de mi historia.
Así que la clasificación aún está en “veremos”. Al principio, tenía una buena excusa para no responder: porque, por supuesto, apenas había escrito la mitad del texto. Luego, la describía como “la historia de un hombre muy enfadado con Dios, y con mucha razón”. Ahora que lo he pensado más y con la certeza de que necesitaba algo más descriptivo, opté por “la historia de un mendigo inusual que se ve involucrado en una intriga corporativa con ramificaciones mundiales”. Si me preguntan mañana, les diré otra cosa. Tal vez hasta sea cierta.
Noto en sus rostros que aún queda la interrogante: pero ¿de qué trata? Cuando la lean, me agradecerán que nos les haya dicho mucho. Creo…
Lo único adicional que les revelaré es que trata de un personaje bíblico en tiempos actuales.
La idea me llegó gracias a un comentario hecho por mi suegro en aquel entonces, Juan Blanch, alias Tito. No recuerdo exactamente cómo surgió el tema, pero comentó que el personaje bíblico estaría en su tumba. Tal vez sólo dijo que estaba muerto. Mi respuesta fue: “sabrá Dios… la Biblia no dice nada acerca de su muerte”. En ese instante, nació Eleazar. Esa noche, llegué a mi casa para meterme a la computadora e investigar más acerca de este personaje bíblico. Antes de terminar la semana, escribí un cuento de siete u ocho páginas.
En aquella época, tomaba los talleres de cuento ofrecidos por el Departamento de Educación Continuada de la Universidad del Sagrado Corazón. Esa semana lo presenté a los compañeros talleristas, quienes lo recibieron bien, aunque con críticas significativas. Entre ellas, me mencionaron que querían saber más del personaje. Ahí supe que lo que comenzó en una simple conversación tenía posibilidades de convertirse en una novela.
Escribí otro cuento con el mismo personaje, pero esta vez le añadí otros elementos para contar más de la historia que me había imaginado. Fue entonces que nació mi otro protagonista, Ernesto Brommer. No volví a jugar con estos personajes en dos años, cuando me tocó comenzar este trabajo.
Claro, cuando escribí el bosquejo, todo cambió. En esos primeros cuentos, Brommer era un tipo de espía y Eleazar era una persona con mucho dinero. Ahora, Eleazar es un mendigo y Brommer, un puertorriqueño de clase media con un apellido bien raro.
Mi primer contratiempo surgió con el bosquejo. Sabía cómo comenzaba y terminaba la trama, pero no estaba muy seguro de lo que ocurriría entre medio. Tenía un pavo suculento, pero por miedo a dañarlo, no me podía decidir cómo rellenarlo. Metáfora culinaria, esa.
Ya ni recuerdo qué dice el bosquejo de la propuesta. Sólo sé que no se parece al producto final. Completado ese primer requisito, ya tenía licencia para comenzar a escribir.
Para los que no sepan, el procedimiento de tesis consiste en escribir y enviarle fragmentos de 25-30 páginas al director de la tesis, en este caso al Dr. Luis López Nieves. Él revisa el fragmento y lo aprueba o te señala qué debe cambiar antes de aprobarlo.
Según recuerdo, no me fue muy mal con las primeras dos entregas. Sólo requirieron algunas correcciones antes de recibir el visto bueno. Por supuesto, aún estaba en la primera parte del bosquejo o el primer acto, si fuéramos a dividir la novela de esa manera.
La tercera entrega fue más problemática. Me senté a escribirla sin mapa, se podría decir. El resultado fue semejante a conducir por la isla sin saber cómo llegar a tu destino: di muchas vueltas. Basta con decir que tuve que reescribirla por completo. Los personajes secundarios no funcionaban y la trama era innecesariamente complicada e inverosímil. En ese momento, reescribir me parecía un atraso mayor. Ahora lo veo más como casi necesario. He llegado a comprender que puede ser parte del proceso.
Sufrí el mismo problema con la cuarta entrega. Culpo lo que leía en esos momentos. Y es que hay que tener mucho cuidado con lo que uno lee mientras escribe. Cometí el error de leerme dos novelas de James Bond. Podrán adivinar a qué se parecía mi cuarta parte. También fue el momento en que recibí la crítica más dura de mi director de tesis.
Lo tomé bastante bien: no le contesté su correo electrónico en una semana, me pregunté si de verdad podría escribir una novela y no me atreví a tocar la computadora por algunos días. Cuando al fin sacudí mis inseguridades, me senté a hacer lo que llamé el mapa de la novela. Listé cada capítulo y escribí con una o dos oraciones lo que pasaba en cada uno, de principio a fin. Luego se lo envié a Luis para ver si aún se le parecía a una novela de espías. Tenía lo que necesitaba para terminar.
Hablaré del final en breve, pero antes quisiera explicar otras cosas que me sucedieron en el camino.
Como es mi primera novela, cometí el error de principiante de tratar de incluir toda mi visión de vida. Luego me di cuenta de que tenía que servirle a la historia y no viceversa. Quise incluir algo de los mercenarios que utilizan los Estados Unidos en Iraq, pero no funcionaba bien con la historia. También tuve que omitir el tema de la escasez de petróleo que se aproxima en unos años. Serán cosas que utilizaré para mi próximo trabajo.
Además tuve que reconciliarme con la mitología de la novela. En esta historia hay un personaje bíblico, por consiguiente, existe Dios y le doy veracidad a la Biblia. Tuve que dejar mis creencias a un lado mientras escribía, para satisfacer la historia de manera convincente.
Entiendan que todo esto ocurre en etapas. Había veces que todo me funcionaba mientras escribía, otras en que sólo algunas cosas trabajaban bien y aún otras en que era mejor dejar la computadora a un lado y hacer otra cosa.
Esto me lleva al tema de la dedicación. Diría que, más que tener una idea, escribir una novela requiere que el autor le dedique tiempo, aún cuando las neuronas no estén funcionando a su mejor capacidad. Uno tiene que forzarse a escribir a veces. Por eso, respeto a cualquier autor que termine una novela, aunque no me guste lo que haya escrito. Llegar al final no es nada de fácil. Muchas veces parece un camino interminable.
Una vez Luis me aprobó la cuarta entrega, supe que el camino hacia el final estaba a mi alcance. Tuve que amanecerme varias veces para completar la novela. Una cosa que me alentó fue anunciar lo que hacía por Internet cada vez que comenzaba una parte. Mencionaba el número del capítulo y lo que sucedía en él. Recibí varias preguntas acerca de lo que hacía. Mi única contestación fue que terminaba la novela.
Recuerdo que un domingo por la tarde logré escribir la palabra “Fin”. Me pregunté si al terminar sólo una novela, uno podría llamarse novelista. Espero que sí.

Me sucedió algo muy raro cuando llegué al final: sentí ganas de llorar. No sé si fue por lo que sucedía en la historia o si fue por haber logrado mi meta al fin. Sí les puedo decir que es una sensación adictiva: como soy un masoquista, ya estoy loco por comenzar la próxima novela.

Aprendí varias cosas durante este transcurso. Muchas de ellas a través de la investigación que realicé para escribir. Aprendí más acerca de la Gripe Aviaria, a veces hasta más de lo quise saber. También tuve que leer acerca de la Biblia y sus orígenes, la civilización romana, la inquisición española, la Gripe española, la transmisión de diferentes virus, la ciudad soterrada en Seattle y cómo se ve un laboratorio científico moderno. En Internet, tengo un archivo con más de 70 artículos dedicados a la investigación de esta novela.

Les contaré una anécdota cómica (espero). Escuchen este fragmento de la novela para que sepan a qué me refiero:
“Intentó romper lo que lo envolvía empujando hacia arriba con los brazos. Apenas pudo extenderlos a un pie del cuerpo; parecía estar dentro de un espacio limitado. Repitió la acción varias veces hasta que en el cuarto intento sintió una cremallera. Con el dedo índice siguió el metal hasta donde Eleazar esperaba que comenzaba la unión entre la cremallera y lo que suponía que era una bolsa.
Había un hueco pequeño por donde forcejeó para introducir el dedo. Después de varios intentos lo logró y comenzó a bajar la mano frente a su cuerpo, como si dibujara una línea vertical con el dígito. La envoltura se abrió, pero aun así la oscuridad permanecía.
Exploró con las manos y las piernas hasta estar bastante seguro de que se encontraba en algún tipo de ataúd. Comenzó a pensar que lo habían enterrado”.
Para escribir esta escena, me envolví en una sábana lo mejor que pude y traté de zafarme. Por suerte, vivo solo. No sé por qué les confieso estas cosas.
Para describir unas cloacas, busqué en Google varios planos de sistemas de alcantarillados de la ciudad de Seattle. Hice lo mismo para describir la ciudad soterrada, destruida a principios del siglo pasado y construida por encima. También ayudó que había vivido en esa ciudad y había hecho esa excursión, aunque fuera diez años atrás.
Aprendí lo valioso que es planificar lo que se va a escribir. No creo que me sentaré a escribir más sin hacer el mapa que les mencioné antes. La memoria es frágil y cualquier distracción me saca de la trama. Con el bosquejo que hice después de la cuarta entrega, podía ver exactamente lo que había hecho y hacia dónde iba.
Como dije antes, aprendí lo importante que es leer cosas relevantes a lo que uno escribirá. Para mí, es preferible leer libros de referencia para no influenciarme por el estilo de algún autor particular. Si vas a escribir una historia situada en la era medieval, mejor lee artículos enciclopédicos en vez de novelas de caballería. Al menos, así funciona para mí.
Cada autor tiene su manera de hacer las cosas. Sólo puedo decirles lo que me funcionó. Tal vez no funcione para nadie más. He escuchado de autores que no escriben una novela hasta que tengan un título para ella. Para mí, basta con la idea… y mi mapa, por supuesto.
Otro anécdota: elegir el título. Muchas veces me preguntaron cuál era el título de la novela. No tenía respuesta. Para la propuesta de tesis, la titulé “El hombre más triste del mundo”. El plan era encontrarle un buen título mientras la escribía. Pasó el año, terminé la novela y aún no tenía título. Hice más de diez listas de títulos, consulté con varias personas y no daba con nada bueno. Una noche, reunido con Luis, mi querido director de tesis, me preguntó cuál era el título de la novela. Tuve que confesar que no tenía idea. Le dije que quería algo que denotara la antigüedad de la tristeza de Eleazar. “Jum”, dijo Luis, “Esa antigua tristeza”. Creo que se tardó dos segundos; tal vez menos. Es una de las muchas cosas que le agradezco.
Tengo muchos agradecimientos, por cierto. Le agradezco a Juan Blanch, por darme la idea inicial, aunque no se haya dado cuenta en ese momento. Gracias a los talleristas del taller de cuento de educación continuada, quienes me ayudaron a pulir no sólo esta idea, sino mi estilo de escribir. También les doy las gracias a mis compañeros de la maestría en Creación Literaria, quienes me ayudaron a desarrollar un ojo crítico, no sólo ante las obras de otras personas, sino a las mías. En especial, les agradezco a Giselle Fernández, Awilda Cáez, Betty Rivera, Emilio Del Carril, Sylvia Hernández y Eduardo Vera. Gracias a su honestidad, me han ayudado a convertirme en un escritor mejor. A mi madre y mi hermano, por creer en mí y apoyarme al perseguir este sueño. Les agradezco a los lectores de mi blog, por mostrar interés en mis cuentos y darme una razón más para seguir escribiendo. Le doy gracias a Gabriel Osorio, quien me envió un artículo acerca de la Gripe Española. Ese artículo me ayudó a formar una gran parte de la trama. Muchas gracias a todos los profesores de la maestría en Creación Literaria: Carmen Lugo Filippi, Augusto Echavarría, Helena Lázaro, Marta Aponte y Ángela López Borrero. Todos han sido vital para mi formación como escritor. También les doy las gracias a la Dra. Isabel Yamín y al profesor Mario Cancel, no sólo por ser mis lectores, sino por enseñarme nuevos horizontes y mejorar mi redacción.
Le debo más de un millón de gracias a Alexandra Rodríguez, quien editó casi todas mis entregas. Sin su ayuda, aún no habría terminado esta tesis. Finalmente, gracias a Luis López Nieves. Por pura casualidad llegué a uno de sus talleres y fue el catalítico para realizar uno de los cambios más drásticos que he dado en mi vida. Y mira que he dado muchos… Su pasión por la literatura y el lenguaje es contagiosa. Gracias por crear esta maestría, por dirigir mi tesis, por aconsejarme, por criticarme y por ser honesto y exigente. Espero que estés al menos la mitad de orgulloso de mí por ser tu estudiante, como yo lo estoy porque seas mi maestro.
Hay una cosa que lamento. Es la ausencia de dos personas: mi padre, el Dr. Cristóbal Antonio Borges y mi tío, Padre José Ángel Borges. Ambos fallecieron antes de que pudiera realizar esta meta. Estoy seguro de que les habría gustado estar aquí.
Creo que tengo una sinopsis mejor para mi novela.
Esa antigua tristeza trata de la búsqueda de la felicidad del ser humano y el valor que se necesita para encontrarla. Es cierta, esa. Ya verán cuando la lean.

Gracias a todos por compartir este logro conmigo. Muchas gracias por estar aquí.

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