Entrevista

por Alexandra Rodríguez Burgos

Otro Borges en la literatura

Era domingo por la mañana. Tomaba un café en un establecimiento de Hato Rey, Puerto Rico, leía y esperaba. Esperaba algún gesto, una mirada, algún comentario que le diera alguna idea para un cuento histórico que escribiría.

Así, con una libreta y un lápiz en mano, José Borges, estudiante de maestría en Creación Literaria, pasa muchos de sus días. No se conforma con tener apellido de escritor. Borges quiere convertirse en uno de los mejores narradores de Puerto Rico.

Su apellido, dice, lejos de ser una ventaja para desarrollarse en el campo de las letras, es un peso más que siente al escribir. “A veces, me incomoda, porque ven el apellido y creen que debe ser un cuento como Borges o, si escribo algo remotamente parecido a lo que él escribió, enseguida me lo recalcan. Muchas veces, he pensado conseguir un seudónimo”, aclara.

Aunque comenta que nació con el deseo de contar historias, su interés en dedicarse a la escritura comenzó por curiosidad. “Recuerdo que necesitaba un entretenimiento en ese momento, así que decidí matricularme en un taller de cuentos de la Universidad del Sagrado Corazón”, dice con un hablar pausado el Coordinador de Proyectos Educativos de la Editorial Santillana Puerto Rico.

Este taller de cuentos no sólo lo motivó a seguir escribiendo, sino que lo llevó a continuar estudios graduados en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón. Según dice, esta preparación le ha servido para desarrollar disciplina y para escribir de una forma más pensada. Dice tomar mejores decisiones ahora y ser más consciente de cada palabra que escribe. “Es como una persona que toca música de oído y después aprende a leer música. Sólo con los estudios un músico puede definir lo que está haciendo. Con la escritura, sucede lo mismo”, opina Borges, quien ha tomado clases con escritores como Marta Aponte Alsina, Luis López Nieves, Mario R. Cancel y Ángela López Borrero.

De estos escritores, dice haber aprendido muchas de las técnicas que utiliza. Con el deseo de escribir, afirma, con eso se nace. “Creo que mi primer cuento lo hice a los cuatro años. Lo único que sabía escribir era la letra e, así que todo mi cuento era sobre la letra e”, recuerda Borges, quien añade que, a pesar de esta escasez en su escritura, pudo narrarle a su madre una historia completa sobre lo que había escrito.

Aunque no recuerda de qué trataba ese primer cuento, Borges describe esta experiencia como la única relación directa que tuvo con la escritura creativa durante más de quince años. “Recuerdo que el interés siempre lo tuve. Sin embargo, comenzaba a escribir, pero nunca terminaba nada. No fue hasta que terminé mi bachillerato en 1993 que pude terminar mi primer cuento; no muy bueno, pero lo terminé”, comenta.

 Antes de dedicarse a la escritura, Borges quería ser piloto. Sin embargo, esta carrera no fue todo lo emocionante que esperaba. “Comencé a estudiar aviación, pero era aburrido. El despegue y el aterrizaje los disfrutaba mucho, pero el resto, no. Hasta que un día, me quedé dormido en un vuelo. Fue entonces que decidí cambiar de profesión”, comenta entre risas, quien luego de este incidente decidió estudiar Administración de Empresas. “Quizás, ahora, al mirar atrás, me hubiese gustado estudiar algo relacionado con las artes liberales, pero ya es tarde…”, dice para tratar de justificar la decisión tomada.

Luego de este giro en su vida profesional, trabajó en hoteles y restaurantes como cantinero, pero ninguno de estos trabajos le daba la satisfacción que buscaba. Hoy dice sentirse feliz de haber encontrado su vocación en la escritura.

 “Yo creo que uno nace escritor. Yo nací con ese deseo de contar, con la imaginación… Con los estudios, puede mejorarse la técnica, pero el deseo tiene que estar presente desde el principio”, opina este futuro escritor de profesión.

Aclara que, aunque la historia de la literatura está llena de autores que no estudiaron Creación Literaria, esto se debió a que esta opción no existía en los cursos académicos. “Estoy seguro de que, si hubiesen tenido esta opción, la preparación de muchos autores sería otra”, opina Borges sin titubear. Añade que este último dato refuerza la teoría de que con el don de escribir se nace: “Pues, ¿cómo justificaríamos la existencia de tantos buenos escritores que nunca han pisado un curso de escritura creativa?”, dice.

Así, entre libros y el poder de la palabra, este apasionado por las letras dice sentirse satisfecho. Por esa misma satisfacción, Borges aún espera. Espera esa novela que lo llevará a alcanzar su próximo proyecto: hacer de la escritura un trabajo a tiempo completo. Mientras tanto, José Borges sigue escribiendo.

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