Mini cuentos

O microcuentos, o micro relatos… o como quieran llamarlos. Son breves, con finales sorpresivos o irónicos. Y fue el primer ejercicio del taller. Dos mini cuentos. Admito que no me gusta mucho trabajarlos, pero disfruto leerlos. Aquí les dejo los dos, primero como lucen ahora y después como eran antes de pasar por el escrutinio del taller, con una breve explicación de lo que trataba de hacer.

Mini cuento I

Cómo Nav’yal escogió experimentar con sus torturas

Uno tras otro, escogieron sus nombres, poderes e historia.
Nadie sabía qué podría escoger Nav’yal, maestro de tortura del antiguo reinado estelar. Era una leyenda, temido por todos, hasta Reiss’yul, líder d elos Matni. Inventaba y llevaba acabo torturas que desafiaban la definición de las palabras “crueldad”, “sufrimiento” y “dolor”. Crearon una palabra nueva para definir ese nuevo concepto.
Cuando le tocó el turno a Nav’yal, agarró un arco y flechas y dijo:
-¿Qué les parece “Cupido”?

Mini Cuento II

El secreto

-He venido a conocer cómo ser el más poderoso –dijo Marfus el Rojo, con la última reserva de energía que le quedaba.
-Muy bien, te diré – respondió Arquius el Sabio e hizo un gesto.
De repente, Marfus apareció en su hogar, adolorido en la parte inferior del brazo derecho. Era un tatuaje recién pintado que leía:
“Jamás reveles tus secretos.”

Así quedaron después de considerar lo que mis compañeros mencionaron en el taller. Ahora les presento como eran antes…

No tan mini cuento I

Cómo Nav’yal escogió experimentar con sus torturas

Los Matni decidieron escoger otras formas para así poder manifestarse ante los hombres. Se llamarían “Dioses” y representarían ideas, tendrían poderes maravillosos y serían adorados por los habitantes de ese tercer mundo del sistema Sol.

Reiss’yul, líder de por vida de los Matni, escogió el nombre Zeus y manifestaba su voluntad con relámpagos. Sal’yel, general de las tropas, se llamó Ares y enseñó al hombre a guerrear con más eficacia. Dorm’yil, administrador de los calabozos, se nombró Hades y construyó la cárcel más ambiciosa que jamás pudo imaginar.

Uno tras otro, escogieron sus nombres, poderes e historia.

Nadie sabía qué podría escoger Nav’yal, maestro de tortura del antiguo reinado estelar. Era una leyenda, temido por todos, hasta Reiss’yul. Inventaba y llevaba acabo torturas que desafiaban la definición de las palabras “crueldad”, “sufrimiento” y “dolor”. Crearon una palabra nueva para definir ese nuevo concepto.

Cuando le tocó el turno a Nav’yal, agarró un arco y flechas y dijo:

-Este mundo es fértil para experimentar con esto que han llamado “amor”. ¿Qué les parece “Cupido”?

No tan mini cuento II

El secreto

Marfus el Rojo soñaba con ser el mago más poderoso del mundo. Había dedicado décadas al estudio de las artes necrománticas. Conocía los hechizos antiguos y se mantenía corriente de los más innovadores. Dedicaba todo su tiempo a la investigación de las energías tanto sagradas como diabólicas, tanto de agua como de fuego.

Se decía que sólo Arquius el Sabio, antiguo discípulo de Merlín, era aun más poderoso. Llegó a la conclusión que como único lograr su ambición sería conociendo los secretos de Arquius y se dispuso a encontrarlo.

Se batió con la Orden del Frío, el Clan de la Eterna Fuente, Dolfus el Poderoso y muchos más para averiguar donde vivía Arquius. Sufrió la pérdida del ojo derecho e incontable cicatrices, pero logró su propósito.

Viajó al Tibet y atravesó la jungla, escaló montañas y, al borde de morir de frío, al fin llegó al Palacio de la Sabiduría, donde Arquius lo recibió.

-He venido a conocer cómo ser el más poderoso –dijo con la última reserva de energía que le quedaba.

-Muy bien, te diré – respondió Arquius e hizo un gesto.

De repente, Marfus apareció en su hogar con un tatuaje de letras rojas en la parte inferior de su brazo derecho que leía:

“Jamás reveles tus secretos.”

Bueno, en el primero quería jugar con la idea de seres de otro mundo llegando a la tierra y escogiendo aspectos para asombrar al hombre. Luego se convertirían en lo que conocemos como mitología. En la versión de antes del taller, me di cuenta que los primeros dos párrafos sirven para ubicarme a mí, pero son innecesarias para el lector, especialmente en este tipo de género.

En el segundo, quería contrastar los magos como Merlin o Gandalf con los ilusionistas como David Copperfield o Penn & Teller. Al acortarlo, creo que se pierde el contraste, pero mejora como cuento.

Como son tan breves, me pareció buena idea presentarlos aquí después y antes del taller. Así pueden ver un poco de lo que ocurre en los talleres de cuento.

Ahora espero el veredicto para el cuento que entregué. También se me han ocurrido dos o tres ideas para esta página y espero compartirlas con ustedes pronto. Hasta luego…

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