Parte de la charla en Casa Concha

Fui preparado para leer lo que sigue, pero la charla fue más informal. Mencioné algunas cosas durante la charla, pero no de esta manera.
Les doy mis agradecimientos a los que me acompañaron anoche.

Cómo nace una novela

Una de las preguntas qué más me han hecho desde que salió ESA ANTIGUA TRISTEZA es: ¿cómo se me ocurrió la idea para la novela? La versión corta y sencilla explicaría que fue una ocurrencia momentánea que logré retener en la mente el tiempo suficiente como para anotarla.

De acuerdo con mi explicación sencilla, cualquier persona que hubiese tenido la ocurrencia que anoté en aquel momento podría haber escrito una historia parecida a ESA ANTIGUA TRISTEZA, aunque sabemos que no funciona así. Se podría decir que tuve que vivir toda mi vida para escribir mi novela. Tuve que ser atraído por la portada de un cómic de Batman cuando tenía 3 ó 4 años, tener un voraz apetito para saber más acerca de los dioses griegos, romanos, nórdicos y egipcios, al igual que la mitología bíblica. Tuve que asistir a una escuela bautista gringa en Ceiba y leer los libros de C.S. Lewis (el de Narnia) y disfrutarlos como historias de fantasía, en vez de metáforas bíblicas. También tuve que descubrir un tesoro oculto en mi casa: unas copias prístinas de The Hobbit y The Lord of the Rings escondidas en el clóset de mi padre, quien las guardó cuando se las obsequiaron (nunca fue muy amante de la fantasía). En ese tiempo, logré ver la película Excalibur, una serie de televisión titulada Wizards and Warriors y otra serie, animada, de Dungeons & Dragons. Mi primo de Nueva York fue quien me introdujo al juego de Dungeons and Dragons. Para el que no sepa, es un juego de roles, en el cual uno asume el papel de un aventurero en una época medieval fantástica. Claro, el juego necesita un tipo de árbitro, el “dungeon master”, para narrar la aventura y mantener cierto tipo de control sobre la acción. Nunca pude ser jugador, ya que era el único que conocía las reglas del juego. Así que me inventaba las aventuras que mis amigos jugarían con sus personajes. Siempre los envidié. Luego, en la escuela superior CROEM, mi proyecto de investigación fue “El efecto del juego Dungeons and Dragons en la mente humana” o algo por el estilo. Lo importante fue que logré tener un permiso exclusivo para jugar después del toque de queda en la residencia de varones. El permiso se extendió a los cuatro compañeros que jugaban conmigo. Creo que el maestro residente, Santos, jamás me perdonó esa. Es un juego que requiere imaginación para jugar y un instinto para contar cuando eres el “dungeon master”. Ese instinto tal vez se lo debo a Jorge Morales Jordán, un amigo de mi padre, que para entretener tres muchachos inquietos (su hijo, mi hermano y yo), nos contaba cuentos de aventuras de una manera magistral (al menos, ese era mi parecer profesional a los 7 u 8 años). Recuerdo que, cada vez que nos visitaba, no lo dejábamos tranquilo hasta que nos contara uno de sus cuentos. Luego, le exigíamos más. El hombre sabía cómo dejar a su audiencia pidiendo por más.

Eso cubre la inspiración fantástica de la novela, más o menos. De seguro, se me han olvidado miles de cosas, literalmente. Quise atender la parte fantástica de la novela, porque he notado que la ciencia ficción ha escondido esa faceta de la obra. Tal vez a muchos de ustedes no les gusten algunas o ningunas de estas influencias que he mencionado (con excepción de Jorge Morales, quien, si lo hubiesen podido conocer, no habrían tenido opción que suplicarle por un cuento). Pero no importa: lo que nos diferencia es nuestro punto de vista. El mío se formó debido a esta exposición a toda esta carga de literatura, cultura popular y vivencias. Es lo que me permite tener ocurrencias que quiero seguir compartiendo con ustedes.

Muchas gracias.

Encontré algunas de las referencias en YouTube:

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