Reseña: Conejo ciego en Surinam

Conejo literato

Decir que Conejo ciego en Surinam, del ecuatoriano Miguel Antonio Chávez, es una historia de amor entre dos vecinos sería simplificar, de manera injusta, la trama de esta novela corta. En esencia, es eso, pero también es un experimento de metaliteratura y de estructura, tanto literaria como física.

Desde la perspectiva de un conejo blanco que habita el patio de dos vecinos, la narración se centra en la relación de dos vecinos: M. y B., un hombre y una mujer, respectivamente. Desde el comienzo se nota la atracción entre ambos personajes, que solo se describen por medio de sus diálogos y las observaciones del conejo. Este, como se dice en el título, quedará ciego más adelante en la historia. El joven M. es un escritor talentoso, pero desconocido aún, mientras que la mujer B. es una argentina que tiene una maestría en Golpes de Estado.

Además de la trama amorosa entre los protagonistas (M. y B), la novela también es una pequeña saga de ciencia ficción, en la que se hace una alegoría al jardín del Edén y se desarrolla una conspiración que involucra asesinatos, espías y organizaciones secretas. El tono de la narración no se toma muy en serio y está llena de referencias a la cultura popular y literaria.

Conejo ciego en Surinam es una novela ocurrente y divertida, cuya resolución parece culminar demasiado rápido. El final deja una impresión inconclusa. No obstante, ha de agradar a los lectores que disfrutan de los juegos literarios entre autor y lector, que se dan, además de lo mencionado, con tipografías diferentes, fotos y gráficas. Es una obra que busca divertir y entretener, a la vez que invita a la reflexión. Además, es una buena muestra de la literatura emergente de Ecuador para aquellos interesados en leer otro tipo de literatura sudamericana.

Conejo ciego en Surinam

Miguel Antonio Chávez

Mondadori, 2014

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en octubre 16 de 2016.

 

 

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