Reseña: Lego y otros pájaros raros

Esta reseña se publicó originalmente en el periódico El Nuevo Día el domingo, 3 de noviembre de 2013.

Personajes insólitos

Por José Borges

Tere Dávila sorprende con su segunda entrega

 

En Puerto Rico un “pájaro raro” es un término coloquial para referirse a aquellos que no se rigen por normas establecidas. Para la puertorriqueña Tere Dávila, algunos de estos personajes poco convencionales pueden ser un cíclope ¾un gigante de un solo ojo¾, un muñeco animado hecho de pus o una hipocondriaca en negación. De ellos escribe en su segunda antología Lego y otros pájaros raros, en la que presenta trece originales cuentos, cuyo hilo conductor son estos personajes memorables que no se ajustan a sus realidades.

 

Lego y otros pájaros rarosEs una colección variada, en la que incluye temas fantásticos, cotidianos y surrealistas, narrados con una admirable madurez literaria. Entre los cuentos que sobresalen están: “Muy famoso”, cuyo personaje principal es un cíclope solitario en tiempos modernos; “Ciao, Clarisa”, que trata de una mujer que quiere botarle todas las pertenencias al marido, que lo guarda todo; “El talento especial de Mercedes”, un cuento magistral que justifica la compra de la antología por sí solo; “Lego”, una versión moderna y surreal del mito griego de Pigmalión, quien se enamoró de la estatua que esculpió; y “Treinta años de éxitos”, una narración que nos adentra en la vida de un promotor musical.
El estilo de Dávila entrelaza el humor, a veces negro, con una visión de mundo interesante e inusual. Todas las narraciones entretienen y desarrollan una complejidad temática fascinante, a la vez que mantienen una prosa sencilla y clara. La autora logra concentrarse en contar sin desviarse con exposiciones filosóficas o vocabulario rebuscado para aparentar una intelectualidad fingida. Es una muestra honesta de una artista en aras de expresar cómo ve su realidad.
Sin duda, Tere Dávila ha publicado una de las mejores colecciones de cuentos en tiempos recientes y no debería faltar en las bibliotecas de los amantes de este género literario. Estos pájaros serán raros, pero no les quita la excelencia que disfrutan. Enhorabuena para esta autora puertorriqueña.

 

jose.borges.escritor@gmail.com / Twitter: @jborges

 

Lego y otros pájaros raros

Tere Dávila

Isla Negra, 2013

 

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Reseña: Mujeres que se portan mal

Esta reseña se publicó originalmente en el periódico El Nuevo Día el domingo. 27 de octubre de 2013.

Mal comportadas

Por José Borges

Relatos de mujeres desafiantes

En ocasiones portarse mal provoca satisfacción. Las experiencias más memorables pueden ser producto de dicho comportamiento, al igual que de ellas solemos aprender nuestras mejores lecciones. Precisamente, sobre portarse mal y sus implicaciones escribe la puertorriqueña Arlene Carballo en su primera propuesta literaria, Mujeres que se portan mal, cuyos personajes, casi todos femeninos, suelen sufrir sin importar cuál haya sido su comportamiento.

Mujeres que se portan malLa antología consta de diecisiete cuentos cuyo hilo conductor, por lo general, son las dificultades por las que pasan las mujeres a lo largo de la historia. Dos de ellos, “Algo más que huesos” y “El dedo poderoso de la mujer afgana”, trabajan con los abusos padecidos por las mujeres sujetas al régimen fundamentalista religioso en Afganistán. En “Las cadenas de la libertad”, se toca el tema de la esclavitud de una cimarrona, y en “Retoñar”, la violencia doméstica que aún existe en pleno siglo XXI, por mencionar algunos. Contiene, además, varios microcuentos, como “La vejez”, “Dádivas”, “Humanidad”, “Antojos” y “La herencia”. Este último cuento obtuvo una mención honorífica en el certamen de microcuento realizado por el blog literario Desde las palabras en 2010.

Carballo logra mantener un buen estilo de narración en sus relatos y muestra destreza al estructurarlos. La autora juega con la voz narrativa en cuentos como “El dulce olor de las almendras” y “Las huellas de una vida”, en los que utiliza esquelas, mensajes de correo electrónico, documentos legales y artículos periodísticos para contar la trama. Aunque la colección resulta entretenida, el tono de algunos cuentos puede parecer moralista, mientras que muchos de los personajes resultan ser demasiado sencillos y estereotipados. Los maridos abusadores, el mulá afgano y el policía corrupto son algunos ejemplos de los villanos que se encuentran en las narraciones de Carballo. Estos serán los que, en la mayoría de los casos, impedirán que estas mujeres “mal comportadas” salgan airosas, aunque más bien sufran por su atrevimiento de enfrentarse a las injusticias del mundo.

jose.borges.escritor@gmail.com

Mujeres que se portan mal

Arlene Carballo

2013, edición de autora

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Reseña: No somos de papel

Esta reseña se publicó originalmente en el periódico El Nuevo Día el domingo, 20 de octubre de 2013.

Cuentos de papel

Por José Borges

Antología del grupo literario Los cinco

A veces, los talleres literarios crean amistades y camaradería entre los integrantes, que los lleva a organizarse en grupos de autores que publican juntos. Ejemplos recientes incluyen a Las Tejedoras de Palabras y los Vividores del Cuento y, ahora, Los Cinco, con su publicación No somos de papel: cuentos de Los Cinco.

No somos de papelLos integrantes de este grupo son Raquel Otheguy Rivón, Rosa Margarita Hernández, Yvette Clark Romero, Zulma Quiñones Senati y Jean Victoriá O. La antología reserva una sección para cada integrante. Cada una presenta de seis a siete cuentos, cuyos temas varían. Contiene cuentos crueles, amorosos, misteriosos y de ciencia ficción. En muchos casos, los cuentos incluidos han sido ganadores, finalistas o menciones en diferentes certámenes literarios.

De la colección se destaca “Noé”, un cuento corto de Raquel Otheguy sobre el personaje bíblico. De Rosa Margarita Hernández, sobresalen “Aurorita y sus muñecas”, de corte terrorífico y cotidiano, y “El reloj de Ramiro”, una narración misteriosa y nostálgica. De Yvette Clark, se destaca “Flit”, un corto simpático y humorístico; de Zulma Quiñones, “El pacto”, que nos brinda una visión sobria del terrorismo; y de Jean Victoriá, “Buena compañía” y “La gata Marula”, ambos con una visión interesante de la locura. Ciertamente, hay variedad para todos los gustos.

La antología tiene aciertos, como la originalidad e imaginación en los temas presentados, sin embargo, a veces se percibe falta de madurez narrativa en algunos de los relatos. En ocasiones, por ejemplo, la adjetivación, las metáforas y los símiles utilizados son forzados dada su falta de precisión e interrumpen el flujo la lectura. Además, hay una tendencia hacia el cuento efectista, que resulta en finales predecibles. Afortunadamente, son problemas que pueden arreglarse con la experiencia y la dedicación que exige el oficio literario. A pesar de esto, la colección, definitivamente, es creativa y muestra los puntos de vista particulares de los autores del colectivo, cualidades que a veces les falta a escritores más consagrados.

jose.borges.escritor@gmail.com

No somos de papel: Cuentos de los Cinco

2013, edición de los autores

Raquel Otheguy Rivón

Rosa Margarita Hernández

Yvette Clark Romero

Zulma Quiñones Senati

Jean Victoriá O.

 

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Reseña: Almarios en alquiler

Esta reseña se publicó originalmente en el periódico El Nuevo Día el domingo, 13 de octubre de 2013.

Cuentos con alma

Por José Borges

Una colección extensa de relatos variados

Curiosamente, la mayoría de los escritores comienzan a trazar sus carreras con los dos géneros literarios más exigentes: la poesía y el cuento. Como ambos son típicamente de corta extensión, suelen ser un buen punto de comienzo. Sin embargo, esa misma brevedad crea mayores exigencias en ellos. Los maestros, desde Poe hasta Cortázar, hablan de los méritos y las dificultades del cuento obsesivamente: ninguno se refiere al género como algo fácil de escribir. Crear treinta narraciones, como lo hace Miranda Merced con Almarios en alquiler, supone un trabajo enorme y extenso.

Almarios en alquilerLos cuentos de la antología están divididos en tres categorías: Ánima rentas, Arrendamientos Psyque y Alquileres Nefesh. Los títulos aluden a los términos utilizados por Carl Jung, la filosofía griega y la mitología hebrea, aunque los cuentos no necesariamente reflejen literalmente estas consignas. Como ha de esperarse, la cantidad de temas es muy variada. Hay cuentos crueles, como “Caricias que matan”, de traiciones amorosas en “Batalla” y hasta contemporáneos como “Memoria de la tercera persona”, que trata de las protestas contra la Marina de Estados Unidos en Vieques. Las narraciones emplean sutilmente un tono femenino que no peca de cursilerías en ningún momento.

Destacan el cuento epónimo, “Almarios en alquiler”, por su tema imaginativo, y los ya mencionados “Batalla”, por su punto de vista inusual, y “Caricias que matan”, cuyo efecto irónico y humorístico se logra en menos de una página de manera magistral. Los cuentos están muy bien escritos, aunque se nota una tendencia al efectismo que redunda en finales algo predecibles y homenajes a cuentos clásicos universales y del patio. Técnicamente y con pocas excepciones, todos cumplen los requisitos del cuento, a pesar de que aún se percibe a una escritora que experimenta con cuál será su voz y visión literaria. Con dedicación al oficio, Miranda Merced logrará el cometido que ha comenzado con Almarios en alquiler.

jose.borges.escritor@gmail.com

Miranda Merced, 2013

Edición de autora

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Reseña: Flores oscuras

Esta reseña se publicó originalmente en el periódico El Nuevo Día el domingo, 22 de septiembre de 2013.

Cuentos desde Nicaragua

Por José Borges

La nueva entrega de Sergio Ramírez

Luego de Rubén Darío, el nicaragüense Sergio Ramírez es, tal vez, uno de los escritores más reconocidos de su país. El exvicepresidente y exguerrillero sandinista logró la fama internacional cuando en 1998 ganó el premio Alfaguara con la novela Margarita, está linda la mar. La antología Flores oscuras es su más reciente publicación.

Flores oscurasCompuesta por doce cuentos, la colección posee cierta variedad temática, aunque prevalecen los asuntos cotidianos. Las excepciones son “La cueva del trono de la calavera”, en el que rinde homenaje a Rubén Darío; y otros dos cuentos, que podrían considerarse algo fantásticos, “Adán y Eva” y “Flores oscuras”. Los demás se basan en personajes del diario vivir, como boxeadores perdedores, exguerrilleros maltratados, ladrones y matrimonios, entre otros.

En la mayoría de las narraciones, Ramírez utiliza un lenguaje conciso y sobrio. El autor sabe pintar las escenas con descripciones acertadas, diálogos sólidos y tonos narrativos que apelan al lector. En contraposición a esas descripciones, vuelven a incluirse el homenaje a Darío y “Adán y Eva”. El primero, al emular el lenguaje poético dariano, casi se convierte en un rompecabezas por descifrar, y el segundo sufre del uso constante y repetitivo de los pronombres él y ella.

Los demás cuentos resultan entretenidos, en especial “La puerta falsa”, una narración conmovedora de un boxeador de segunda categoría; “El autobús amarillo”, que muestra la angustiante pérdida de un ser querido; y “Flores oscuras”, un tipo de misterio artístico que involucra al personaje bíblico de Judas. Las situaciones que muestra Ramírez en “Ya no estás a mi lado, corazón”, un cuento policial ambientado en un circo, y “El mudo de Truro, Iowa”, de un personaje algo enajenado, son bastante interesantes y bien contadas.

Flores oscuras es una antología que muestra la consistencia de la cuentística de Ramírez, con obras de corte minimalistas, cuyo efecto se logra con sutileza.

jose.borges.escritor@gmail.com

Flores oscuras

Sergio Ramírez

Alfaguara, 2013

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Reseña: Dulce enemiga mía

Esta reseña se publicó originalmente en la sección Tinta Fresca del diario El Nuevo Día el 12 de mayo de 2013.

“Tragedias” del primer mundo

Por José Borges

Hay varios memes en Internet llamados “Problemas del primer mundo”, en el que se satirizan a los individuos que ven situaciones intrascendentes del siglo actual como grandes catástrofes; por ejemplo, que su iPhone rompió la pantalla de su iPad o que un barista se equivoque en la preparación de un latte que llevaba leche de soya y usara leche regular. Dulce enemiga mía, la antología de cuentos de la chilena Marcela Serrano, refleja este tipo de “tragedia” primermundista, de poca importancia, pero sin la intención de satirizarla.

Mo42 Dulce Enemiga.indd, page 1 @ PreflightSe trata de una colección de veinte cuentos sobre los problemas que enfrentan las mujeres de la clase media alta en la sociedad contemporánea. Con tres excepciones, todos los cuentos presentan a una protagonista enfrentada a un conflicto cotidiano. Tres cuentos reflejan protagonistas distintos: un hombre, un gato y un perro. Los temas abarcan mudanzas, infidelidades matrimoniales, viajes y escándalos familiares, evidenciados en los cuentos “Damascos y calabazas”, “La yegua”. “Misiones” y “Sobre la vulcanizadora”. Todos están bien redactados, con estructuras sólidas que lectores de cualquier nivel podrían disfrutar.

A pesar de su prosa limpia, la colección resulta aburrida y repetitiva. Como si se tratara de una telenovela, las protagonistas son, como los memes descritos antes, banales a extremo, cuyos problemas carecen de importancia real y no parecen corresponder al resto del mundo. Una lamenta la mudanza a un apartamento (“Damascos y calabazas”), mientras otra sufre una angustia terrible porque su marido ha decidido instalar un portón eléctrico alrededor de su casa (“Cerco eléctrico”). Cualquier tema se puede trabajar en un cuento, pero todo recae en cómo se ejecuta para que sea interesante ante el lector. Entre los aciertos de la antología resulta memorable “El hombre del valle”, una historia sobre una mujer de bajos recursos y cómo sobrevive ante un marido abusador.

En fin, Dulce enemiga mía resulta ser una antología prescindible en la biblioteca.

jose.borges.escritor@gmail.com

 

Dulce enemiga mía

Marcela Serrano

2013, Alfaguara

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Reseña: Los premios: diez cuentos afortunados

Esta reseña se publicó originalmente el 18 de noviembre de 2012 en la sección ¡EA! de El Nuevo Día.

Literatura emergente cubana 

por José Borges
 
Un premio supone un reconocimiento por un mérito o servicio. Cuando el galardón es
literario, casi siempre es una recompensa por una obra superior a otras de la misma categoría.
Ese es el caso de la antología cubana Los premios: diez cuentos afortunados, cuya selección de
narraciones breves ganó, individualmente, dos certámenes importantes del 2003 al 2007: el
Premio Alejo Carpentier de Narrativa y Ensayo, o el Premio Iberoamericano de Cuento Julio
Cortázar.
 
Los premiosComo se espera en este tipo de trabajo, todos los cuentos están muy bien escritos. Presentan una variedad de temas, como el erotismo o lo fantástico, que podrían interesar a lectores de gustos diversos. Curiosamente, las obras galardonadas tienen semejanzas con el estilo
de los dos autores honrados en los premios. Uno de ellos es “Figuras”, de Raúl Aguiar. Este cuento contiene elementos fantásticos, típicos de la obra de Julio Cortázar, y es uno de los más entretenidos en la colección. Por su parte, “Erecciones en el bus”, de David Mitriani, desarrolla
una estructura envidiable que podría compararse favorablemente con algunos cuentos de Carpentier. La trama y los cambios de punto de vista narrativos están muy bien manejados. Valdría la pena conseguir la antología solo por este relato. Otro que resalta es el de Rogelio
Riverón, con “Los gatos de Estambul”, que esconde misterios impredecibles en sus páginas.
 
Como en toda antología, algunos relatos son más afortunados que otros. Unos tienen finales demasiado predecibles, como “La hija de Darío”, por Laidi Fernández, y otros pocos solo apelan al lector que disfruta descifrar tramas laberínticas, como “Los fantasmas de Sade”, por Ernesto Pérez Chang.
 
Algunas de las preocupaciones de los autores cubanos se evidencian dentro de los
subtextos de estas narraciones. La antología es una muestra eficaz de la literatura emergente
cubana y debe ser de gran interés para aquellos cuya curiosidad los guíe a conocerla.
Los premios: diez cuentos afortunados
Laidi Fernández, Raúl Aguiar, David Mitriani, Ernesto Pérez Chang, Francisco López Sacha,
Antón Arrufat, Jorge Ángel Pérez, Pedro de Jesús, Aida Bahr, Rogelio Riverón
Cuba, Letras Cubanas, 2007
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Cuento: Amor en los tiempos del Feisbuk

Amor en los tiempos del Feisbuk

 Llegó al café veinte minutos antes de la cita. Abrió su bulto de mensajero, sacó un libro y lo puso sobre la pequeña mesa. Luego, se untó una muestra de colonia que había buscado en la tienda de departamentos una hora antes. Dos minutos previos a la cita pidió dos cafés cortados con una cucharada de azúcar morena para cada taza.

Melodi “Cuqui” Sánchez, acabada de romper una relación una semana antes, soltera con una hija de cinco años, egresada del programa de Empresas de la Universidad y empleada de Seguros Coop, llegó puntual a la cita. Supo en su corazón que el hombre de las dos tazas era Carlos tan pronto olió Vertiver Brut, su colonia de hombre favorita.

―¡Amor en los tiempos del cólera! ―dijo Melodi, mientras se sentaba a la pequeña mesa―. Es mi novela favorita.

Carlos sonrió suprimiendo el deseo de decir “lo sé”.

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Cuento: Contraoferta

Contraoferta

José Borges © 2010

―Por cien, le pegamos un tiro en la cabeza y ya ―dijo el corredor, sentado a su escritorio. Era de baja estatura, por lo que se aseguraba siempre de negociar sentado, para estar en un plano igual con los clientes. Tenía un gabán gris, manchado con grasas y salsas de comidas antiguas en diferentes lugares. Frente a él había una libreta de contable. Cada línea tenía un nombre, una descripción de servicio y una cifra. El hombre tenía el lápiz sobre lo que podría ser la próxima entrada, ansioso por escribir otra vez.

Como en cualquier otro mercado, había ruido, pero aquí era suprimido por la naturaleza del negocio. Era como un bullicio de rezos en una iglesia. Todos los negocios se hacían en voz baja. Era difícil atrapar clientes en el mercado. En el salón había otros treinta corredores más y, aunque había bastante demanda por los servicios ofrecidos, existía un superávit de suplidores.

―Sé de gente que sobrevive a ese tipo de ataque ―dijo el hombre frente al escritorio. Estaba parado, ya que estaba acostumbrado a este tipo de negociación y rehusaba brindarle ventaja alguna al corredor. También lucía un gabán, pero éste era impecable y de material fino―. ¿Cuánto me cuesta para que se aseguren de que esté muerto?

―Quinientos adicionales ―dijo el corredor. Su posible cliente abrió los ojos y el hombrecillo añadió― Es un riesgo adicional para el operador, ya que tiene que permanecer más tiempo en el área.

―Doscientos adicionales. Sólo le pido que vacíe dos balas más en el cerebro de Rivera. De seguro alguien aceptaría mi oferta ―dijo en voz alta.

Hubo silencio en el salón. A todos les interesaba la negociación, de repente.

―¡Señor González, por favor! Debe ser discreto…

―No me diga cómo debo comportarme ―interrumpió González, aún en voz alta―. Me es insoportable que me hagan perder el tiempo. Si usted no va a negociar, estoy seguro de que alguien aquí lo hará.

El corredor colocó el lápiz al lado de la libreta: no sería cuestión de tomar una orden y ya.

―Como usted diga, señor González. Negociemos, pero bajito ¿eh? Es por el bien de todos ―el corredor tomó el lápiz en la mano otra vez―. Digamos: trescientos por los tres balazos y cincuenta adicionales por el tiempo adicional.

―Suena justo. ¿En cuánto me sale enviar un mensaje? ―dijo González, en voz baja. El salón aún estaba atento a ellos.

―¿A qué se refiere? ¿Mutilarle el cuerpo a la víctima?

―Exacto. Rivera ha sido un estorbo para mi escaño y no quiero que surja otro como él. ¿Qué servicios ofrecen en esa línea?

―Todo depende. Podemos decapitarlo por quinientos, descuartizarlo por seiscientos, cortarle el rostro y coserlo a un balón de fútbol por mil… la imaginación es el límite. Y lo que esté dispuesto a pagar, por supuesto. Ah. Hay un cargo adicional por exhibir el producto en un lugar público.

―Me gusta lo de cortarle el rostro, pero un balón de fútbol no tendría sentido en su caso. ¿Se le podría coser a la bandera de la Unión?

―Con gusto. Ese trabajo le costaría mil quinientos, más otros quinientos si quiere que icemos la bandera en algún lugar ―el corredor preparaba el lápiz para escribir en la libreta.

―¡Coño! Pensé que dijo que negociaríamos ―dijo González en voz alta, otra vez. La multitud se había desinteresado en la transacción hasta ahora. Todos los ojos y oídos estaban pendientes al corredor y a González. Una que otra persona reconoció al senador, aunque no supiesen de dónde.

―¡Me cago en su boca! ―regañó el corredor y tiró el lápiz en el escritorio. Ahora era él quien casi gritaba―. ¿Es que no sabe ser discreto? Aquí no vendemos naranjas, por el amor a Cristo. Con lo que usted me pague, yo debo contratar un sicario que pueda llevar a cabo su encargo.

―Usted no sabe negociar. ¿No ve que puedo brindarle más clientes si hace un buen trabajo por mí? A mis colegas les encantaría encontrar una buena manera de… silenciar una que otra voz. Y si es costo efectivo, más aun.

―Linda democracia, senador ―dijo el corredor y tomó el lápiz. La mano le temblaba encima de la libreta―. A ver, ¿cuánto está dispuesto a pagar?

―Ochocientos.

―¿Está loco? Con esa cantidad, apenas encontraría un sicario ciego. Mil doscientos, si quiere que esto se cumpla sin complicación.

―Mil. Es mi última oferta. Ya he gastado demasiado tiempo.

―Y pensar que voté por usted… Bien. Mil. Pero no hay límite de tiempo y la puta bandera la iza usted ―dijo el corredor. La punta del lápiz estaba en el papel de la libreta.

―¿Sin límite? No puede ser. Hay que silenciarlo antes de que termine el mes.

―¿Usted no entiende que no es una operación sencilla? Hay que vigilar al sujeto, encontrar el momento adecuado para atraparlo, hacer la obra y luego precisar las terminaciones adecuadas. Puede tomar meses, en algunos casos. Es casi una obra de arte; pedir que lo haga en ocho días es absurdo, señor.

―No se agite tanto. Es un negocio, nada personal. Mire, le pago cien más para que lo complete en el tiempo requerido. ¿Está bien?

―¡Carajo, no! No está bien. Si usted va al extranjero, tendría que pagar diez veces más por el servicio. Y eso, por un trabajo descuidado. Acá se obra mejor, por menos, y aun así quiere pagar una miseria.

―Eso es en el extranjero, sí. La realidad es que estamos aquí. Mil cien o me voy a otro ―dijo González. Hablaba calmado y en voz baja.

―¡De acuerdo, puñeta! Ustedes los políticos son una verdadera escoria ― el corredor comenzó a escribir los datos del contrato.

―¿Acepta cheques?

El corredor se detuvo de repente y alzó la vista a González, quien sonreía con un paquete de billetes de cien en la mano. Ambos se rieron a carcajadas.

―¿Necesita recibo? ―dijo riéndose el corredor.

Antes de que intercambiara el dinero, un hombre se acercó a González, disparó una pistola y esperó a que el senador se desplomara. González cayó al suelo con su estómago ensangrentado.

―¿Mauricio, qué has hecho? ―dijo el corredor.

González agonizaba a gritos en el suelo.

―Completo un contrato, Luisito. Jugoso, ¿sabes? Dame un momentito…

Mauricio puso una rodilla sobre el pecho de González. Sacó un alicate y un cuchillo de caza de su abrigo. Luisito el corredor quería ver lo que sucedía, pero la espalda de Mauricio le ocultaba la vista. González gritó más fuerte, cosa que Luisito no creía posible.

―Vamos, tranquilo. Duele más si te mueves… Eso… Ahí ―decía Mauricio.

González parecía hacer gárgaras mientras Mauricio lo rodaba boca abajo.

―Ya pasó. Descansa un rato en lo que te la guardo ―dijo Mauricio.

El alicate aguantaba la lengua del senador. Mauricio limpió la sangre de la cuchilla con el pantalón de González y la guardó en su abrigo. Luego sacó una bolsa pequeña de plástico, colocó la lengua dentro y guardó todo en otro bolsillo del abrigo.

―Por eso me encantan los abrigos ―dijo Mauricio―. Aguantan todo cómodamente. Pena que haga tanto calor todo el año.

―Ay, Mauricio. Me jodiste la venta, chico. ¿Tenías que cortarle la lengua? Aun con la bala en el estómago, pude haber completado la transacción, pero sin lengua…

―Lo siento, Luisito. Las instrucciones fueron específicas. Ahora me lo llevo, lo mantengo vivo y en agonía por una semana, y luego lo decapito y descuartizo para enviarles las partes a sus familiares. El que me contrató tiene sentido de humor: quiere que le envíe la verga a la amante y los testículos a la esposa.

―¡Ea! Es jugoso el contrato, sí. Casi cinco mil, ¿no?

―Pagó el doble, según Diego. Por suerte, estaba aquí cuando bajó la orden.

―¿Fue ahora entonces?

―Sí, hombre. Fue el líder de la Unión: el Rivera ese. Alguien le dijo que negociaba contigo y llamó enseguida. No escatimó.

―¿Ve por qué debe ser discreto, senador? A ver si aprende la lección ―dijo Luisito al senador, que respiraba profundo y miraba el charco de sangre que formaba su vientre, incrédulo―. Pues, me jodí, entonces. ¿Qué hará con el dinero? ― le dijo Luisito a Mauricio. Apuntaba a los billetes empapados de sangre que yacían al lado de González.

―El cliente no dijo nada de eso. Quédatelos. Diego y yo estamos conformes con las ganancias del contrato.

―Coño, Mauricio, gracias. Eres todo una dama.

―Hay que ayudar al prójimo, hermano ―dijo Mauricio. Luego, se dirigió a González―. Ven putita, que te espera una semana de horror.

Luisito limpió la sangre de los billetes. No le importó tener que lavarse la manos, ni las manchas en la libreta.

Fin

¿Pagarías por un buen cuento? Poco a poco, los artistas aprendemos a independizarnos de los métodos tradicionales de exposición y remuneración. Antes, para ganar algún tipo de compensación por un escrito, el autor tenía que venderle los derechos de publicación a una editorial o periódico. Es un método que aún funciona para autores reconocidos. Sin embargo, luego de leer experiencias de otros artistas en diferentes medios, he decidido experimentar con estos métodos alternos de compensación. Inmediatamente después del cuento, encontrarás un botón para dejar un donativo. Si deseas, haz clic y sigue las instrucciones provistas. Puedes utilizar una tarjeta de débito o crédito y “Paypal”. Deja $1.00 si deseas. Si no, pues no pasa nada. Lee el cuento y compártelo con tus amigos si te gusta.


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Cuento (mini): Cómo Nav’yal escogió experimentar con sus torturas

Cómo Nav’yal escogió experimentar con sus torturas

José Borges © 2010

Cada uno escogió su nombre, sus poderes e historia. Nadie sabía qué podría escoger Nav’yal, maestro de tortura del antiguo reinado estelar. Era una leyenda, temido por todos, hasta por Reiss’yul, líder de los Matni. Nav’yal inventaba y llevaba a cabo torturas que desafiaban la definición de las palabras “crueldad”, “sufrimiento” y “dolor”. Necesitaba una palabra para definir los tres conceptos juntos y un nombre por el que lo llamaran.

De pronto, agarró un arco y flechas y dijo:

—Lo tengo: “Cupido”.

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