Reseña: Cárceles imaginarias

Esta reseña se publicó originalmente en la sección Tinta fresca de El Nuevo Día el domingo 9 de diciembre de 2012.

Narración en dos tiempos

José Borges

El tema de la Guerra Civil española y el periodo que la antecede es de gran interés en la literatura española de tiempos recientes. Cárceles imaginarias, de Luis Leante, aunque fija parte de su trama entre 1896 y 1936, se aleja de esa tendencia. Leante, quien ganó en 2007 el Premio Alfaguara de Novela, narra la historia de dos protagonistas, uno en 1988, y otro, cuyo pasado comienza en 1896.

Portada Cárceles imaginariasLa novela está estructurada con cambios del presente de 1988 al pasado. En el presente, se cuentan las investigaciones de Matías Ferré acerca de la historia de Ezequiel Deulofeu, cuya vida comienza en el Barcelona del siglo XIX. Ambas historias cautivan y logran mantener interés durante la narración. Aunque el personaje del pasado, Deulofeu, tiene más protagonismo, la novela trata más bien del conflicto sicológico que sufre Matías años después de la muerte de su compañera, Victoria. El autor pinta muy bien la atmósfera y los distintos lugares que relucen en la obra en diferentes periodos de su historia, como Manila, en Filipinas; Valparaíso, en Chile, y Barcelona, en España. Las caracterizaciones de los demás personajes están muy bien logradas, cada uno con cierta complejidad, aun en los que no tienen tanto protagonismo en la novela.

Uno de los aspectos más curiosos de la obra es su característica casi cinematográfica. En muchas instancias, los capítulos en la trama son muy semejantes a la edición de un filme. Los diálogos son pocos y hábiles, mientras que los tonos de la narración marcan la diferencia entre un protagonista y su periodo histórico y el otro. Leante nos presenta una novela bien elaborada y entretenida, en la que exhibe su talento y la destreza que ha adquirido durante sus años como escritor. Cárceles imaginarias es una entrega sólida que se libra de las tendencias del mercado literario español.

Cárceles imaginarias

Alfaguara, 2012

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Reseña: Los premios: diez cuentos afortunados

Esta reseña se publicó originalmente el 18 de noviembre de 2012 en la sección ¡EA! de El Nuevo Día.

Literatura emergente cubana 

por José Borges
 
Un premio supone un reconocimiento por un mérito o servicio. Cuando el galardón es
literario, casi siempre es una recompensa por una obra superior a otras de la misma categoría.
Ese es el caso de la antología cubana Los premios: diez cuentos afortunados, cuya selección de
narraciones breves ganó, individualmente, dos certámenes importantes del 2003 al 2007: el
Premio Alejo Carpentier de Narrativa y Ensayo, o el Premio Iberoamericano de Cuento Julio
Cortázar.
 
Los premiosComo se espera en este tipo de trabajo, todos los cuentos están muy bien escritos. Presentan una variedad de temas, como el erotismo o lo fantástico, que podrían interesar a lectores de gustos diversos. Curiosamente, las obras galardonadas tienen semejanzas con el estilo
de los dos autores honrados en los premios. Uno de ellos es “Figuras”, de Raúl Aguiar. Este cuento contiene elementos fantásticos, típicos de la obra de Julio Cortázar, y es uno de los más entretenidos en la colección. Por su parte, “Erecciones en el bus”, de David Mitriani, desarrolla
una estructura envidiable que podría compararse favorablemente con algunos cuentos de Carpentier. La trama y los cambios de punto de vista narrativos están muy bien manejados. Valdría la pena conseguir la antología solo por este relato. Otro que resalta es el de Rogelio
Riverón, con “Los gatos de Estambul”, que esconde misterios impredecibles en sus páginas.
 
Como en toda antología, algunos relatos son más afortunados que otros. Unos tienen finales demasiado predecibles, como “La hija de Darío”, por Laidi Fernández, y otros pocos solo apelan al lector que disfruta descifrar tramas laberínticas, como “Los fantasmas de Sade”, por Ernesto Pérez Chang.
 
Algunas de las preocupaciones de los autores cubanos se evidencian dentro de los
subtextos de estas narraciones. La antología es una muestra eficaz de la literatura emergente
cubana y debe ser de gran interés para aquellos cuya curiosidad los guíe a conocerla.
Los premios: diez cuentos afortunados
Laidi Fernández, Raúl Aguiar, David Mitriani, Ernesto Pérez Chang, Francisco López Sacha,
Antón Arrufat, Jorge Ángel Pérez, Pedro de Jesús, Aida Bahr, Rogelio Riverón
Cuba, Letras Cubanas, 2007
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Reseña: Lo que sé de Vera Candida

Esta reseña se publicó originalmente el 11 de noviembre de 2012 en la sección ¡EA! de El Nuevo Día.

¿Qué se sabe de Vera Candida?

Por José Borges
 
Lo que sé de Vera Candida, de Véronique Ovaldé, es una novela que sorprende, gracias a
una trama bien construida y unos personajes definidos y memorables. La autora francesa, de
ascendencia española, ha ganado varios premios desde que publicó esta novela en Francia en 2009.
Dos años después, se ha traducido al castellano y distribuido por el mundo hispanoparlante.

Vera Candida

La historia comienza y termina con el regreso de Vera a su natal Vatapuna, un pueblo isleño ficticio. Durante la trama, se cuenta la vida de la protagonista desde antes de nacer, cuando su abuela Rose conoce al abuelo de Vera.
La autora logra interesarnos en los destinos de Vera, su abuela, su madre y un reportero llamado Ixtaga, dentro de un marco de hechos contemporáneos. La historia nos guía por medio de temas intensos, como el abandono, la violencia hacia la mujer, la indiferencia de la sociedad, la confusión entre amor y poder, y la maternidad. La narración intenta contestar qué es ser madre y abuela, y trata de comprender la finalidad de la muerte y el legado de nuestras vidas. Los personajes tienen fallas muy humanas y cualidades poco comunes que se tratan con objetividad; la autora no intenta juzgarlos con planteamientos moralistas ni extremos.
La historia está escrita en un tono amigable, como si el narrador se sentara al lado del lector y le contara la vida de la protagonista. Es un estilo que evoca las mejores cualidades de las
narraciones de García Márquez, sin que se trate de una imitación.

La novela logra un equilibrio entre caracterización y desarrollo de la trama. Sus capítulos 
cortos sirven de motivación para leer el próximo antes de soltar el libro. Quizá la única falla sea el escogido de algunas frases cuya traducción del francés al español resultan inadecuadas. Fuera de ello, vale la pena averiguar qué se sabe de Vera Candida y dejarse sorprender por esta novela.
 
2009, Francia
2011, España
Ediciones Salamandra

 

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Reseña: Just Ride

Esta reseña se publicó originalmente el 4 de noviembre de 2012 en la sección ¡EA! de El Nuevo Día.

Guía práctica para ciclistas

por José Borges
 
Correr bicicleta está de moda. A pesar de ello, las reglas y costumbres de esta subcultura
pueden resultar confusas. El libro Just Ride: a Radically Practical Guide to Riding your Bike,
del autor californiano Grant Petersen, ofrece una gran cantidad de consejos para que cualquier
persona, profesional o no, utilice la bicicleta sin mayores contratiempos. El autor es dueño de
una tienda para ciclistas en California y es colaborador para diferentes revistas estadounidenses,

Just Ride

como Men’s Health y Bicycling. Desde 1980 viaja a diario en bicicleta, tanto que sus amistades han creído que no sabe conducir un automóvil.
 
En capítulos cortos y entretenidos, de tres a cuatro páginas, Petersen presenta temas variados, que van desde cuál es la forma correcta de pedalear, cómo subir cuestas, hasta qué cambios debería usar el ciclista, según la necesidad del terreno. Los lectores aprenderán qué
equipo utilizar para ser prácticos, cómo utilizarlo y por qué, así como consejos para que corran de manera más segura en las vías públicas. El libro cubre, además, cómo protegerse del sol y cómo darle mantenimiento básico a este medio de transportación.
 
Más que una guía de aprendizaje, el autor expone una filosofía para correr bicicleta. Introduce el concepto del unracer, o corredor no competitivo, cuyo lema se refiere a correr de la manera más cómoda posible. Su premisa es que entre menos trabas existan para el ciclista, menos vacilará en correr bicicleta.
 
Desafortunadamente, el autor no toma en consideración algunas de las realidades de usar
este tipo de vehículo fuera de su ciudad natal. Montarse en una bicicleta en otro lugar que no sea
California no se contempla y demuestra una visión insular de su modo de transportación
favorito. A pesar de ello, el libro cuenta con suficientes consejos útiles para que cualquiera
pueda montarse, pedalear sin reservas, y entusiasmar aquellos que aún no se han acogido a la
moda.
 
Just Ride: A Radically Practical Guide to Riding your Bike
 Grant Petersen
 Estados Unidos, 2012, Workman Publishing Company, Inc.

 

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Reseña: Justicia

Esta reseña se publicó originalmente el 28 de octubre de 2012 en la sección ¡EA! de El Nuevo Día.

Ese mito llamado Justicia

por José Borges
 
El hallazgo del cadáver de una adolescente en una plaza pública desata la trama de la novela
Justicia, del escritor mexicano Gerardo Laveaga. El autor, quien además es abogado, reportero y
profesor, refleja cómo funciona el proceso jurídico criminal en su país. Nos presenta una novela de
corte realista, aunque moderna y negra, que cuestiona si la Justicia aún existe en tiempos actuales.

Laveaga monta la trama por medio de una estructura algo compleja, en la que cada capítulo se narra en diferentes voces. Las intervenciones de la protagonista, Emilia Miajas, ocurren en
segunda persona, mientras que la tercera y la primera persona se utilizan para ilustrar sucesos desde el punto de vista de otros personajes. Esta estructura, inicialmente, sumerge a los lectores en la incertidumbre de qué sucede y los obliga a que continúen leyendo para descifrar los sucesos.
La expedición a las entrañas de las cortes mexicanas se muestra de manera interesante. La corrupción afecta todos los niveles del Gobierno y refleja el abuso del Estado hacia aquellos que se
supone proteja. Dentro de esta trama de realidades crudas, encontramos también el idealismo de Emilia y sus aspiraciones profesionales y románticas. La caracterización de la protagonista resulta sexista, ya que el autor no le permite razonar un pensamiento sin estar desnuda, añorar algún encuentro o reflexionar acerca de la relación con su novio, un abogado corporativo.
El asesinato, aunque clave en el desarrollo de la novela, no retiene la importancia del inicio. La manera en que operan las cortes y cómo los grandes intereses del país afectan la aplicación de la
ley se llevan el protagonismo. A mitad del camino, el autor divaga en las preocupaciones banales de Emilia y peligra en perder el interés de los lectores. Al que continúe, le espera un final satisfactorio para este tipo de novela.


Justicia
 
Gerardo Laveaga
Alfaguara, 2012

 

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Buena columna acerca de lo que significa el poder del gobierno

Desde El Nuevo Día:

26-Mayo-2009

ÉRIKA FONTÁNEZ
El poder desnudo

El pasado jueves vi encarnado el poder desnudo. Es ese poder crudo, carente de legitimación, falto de las razones generalmente aceptadas que legitiman su uso. Irrumpe violentamente. Proviene de unos pocos sobre muchos otros que sufren su peso a través de la Ley. Pude presenciarlo en nuestra Legislatura.

Se trató de la aprobación de un proyecto de ley que busca desmantelar el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martín Peña. El Fideicomiso de la Tierra es parte fundamental de una iniciativa comunitaria exitosa que ejemplifica los principios de democracia, autogestión económica, superación de la pobreza y un verdadero desarrollo.

Hace cuatro años las comunidades cuentan con este fideicomiso y sus terrenos. Sin embargo, en un proceso atropellado y falto de los más elementales principios de deliberación democrática, en cinco minutos, el Senado aprobó -mediante el abusivo mecanismo de descargue- un proyecto de ley que les quita los terrenos a las comunidades del Caño y echa por la borda años de esfuerzo.

Pero nada de esto se atendió en el hemiciclo del Senado. No hubo deliberación, debate o análisis; sólo arbitrariedad y desdén. En abierto menosprecio, los legisladores tertuliaban, paseaban, reían o dormitaban.

Atónitos, residentes y líderes comunitarios acudieron a la oficina del Presidente del Senado, quien en marzo pasado fue a la comunidad y les prometió a sus integrantes que el proyecto no se aprobaría sin antes garantizarles una reunión. No hubo reunión; ni vistas públicas. A la espe1ra del Presidente, dos de sus asesores salieron a “explicarles” a los ciudadanos que tenían “perfecto derecho a estar allí”, pero que no sería hasta la próxima semana cuando el Presidente les daría “la oportunidad de ser escuchados”.

Hay razones de gran peso para que este proyecto de ley no siga su curso, pero quisiera detenerme en el uso del poder desnudo por parte de nuestros legisladores.

Haber sido electos no hace del ejercicio de poder algo legítimo sin más. Si no hay explicaciones, si no hay deliberación, si se invisibiliza a los perjudicados, ese poder, así desnudo, es ilegítimo. Al usar así el poder, los legisladores actúan contrariamente a las premisas básicas en las que se fundamenta el funcionamiento de instituciones que dicen llamarse democráticas. El poder desnudo deshace la legitimidad de quienes ejercen el poder.

Habrá quien diga que esas acciones están justificadas por la legitimidad que les da el haber sido electos. No. No basta. Valga reiterarlo. Por el hecho de que ciertos hombres y mujeres hayan aceptado contractualmente representarnos, esa relación contractual no está libre de responsabilidades. Se trata de un contrato político que reiteradamente parece incumplirse, normalizándose una deficiencia constante del cuerpo legislativo y de los procesos deliberativos.

Se trastoca el pacto político cuando no hay debates reales y serios en que las partes estén receptivas a cambiar su opinión. Se laceran los principios más básicos de la democracia cuando se normaliza el intercambio de favores a cambio de votos; cuando se legisla a espaldas con abierto desdén a la ciudadanía; cuando no existe interés en escuchar la diversidad de voces; cuando se trata a los ciudadanos como si se les hiciera un favor o si bastara “la oportunidad” de escucharlos tardíamente; se derrumba el manto de legitimidad cuando se les trata como meros espectadores de un proceso que les pertenece de principio a fin. No pueden los legisladores usar el poder desnudo para desarticular las vidas de sus representados y justificar el peso de su poder sobre otros.

Los residentes del Caño se enfrentaron a ese poder, pero ellos saben bien que tienen el perfecto derecho -como lo tenemos todos los ciudadanos- a ser parte activa del proceso democrático. Ellos tienen derecho a que sus representantes cumplan con el pacto político, a que los representen verdaderamente, a que el poder desnudo no se les imponga.

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