Mendigos del Caribe

Independientemente de la administración de turno, me gustaría ver el día en que sufraguemos nuestros propios gastos y mejoras, en vez de ir de rodillas a que nos den una limosna.

Presionan en Washington por el tren liviano

Discuten extender el Tren Urbano al Viejo San Juan, Caguas y Toa Baja

WASHINGTON – Las autoridades puertorriqueñas presionan hoy y mañana en Washington a favor de proyectos de transporte colectivo y mejoras a carreteras en Puerto Rico que pueden totalizar $2,300 millones.

El tema de la transportación pública en Puerto Rico es de sumo interés para mí (muy posible que esta entrada sea larga). Vivo en una ciudad metropolitana que cuenta con un sistema de transportación pésimo. Los autobuses tienen rutas complicadas y poco eficientes. Además, el horario de operación no es compatible con las exigencias de la vida moderna. Muchas personas que no tienen automóvil se ven forzadas a trabajar horarios inusuales (léase: salen o entran a trabajar cuando los autobuses y el tren no están en servicio). Sin mencionar el tiempo de espera para que pasen los autobuses.

El Tren Urbano es lo único que funciona eficientemente en cuanto a tiempo de espera y comodidad se refiere. Sin embargo, la localización de la mayoría de las estaciones del tren es absurda. Estas estaciones están al alcance de aquellos que tienen automóvil. Encuentro que la manera más eficiente de utilizar el tren es con la combinación de una bicicleta. Pero cualquier beneficio a la salud que puedas recibir al correrla es negado por la probabilidad de que algún auto te choque.

A principios del siglo pasado, Puerto Rico contaba con un tren que le daba la vuelta a la isla. En las ciudades, como San Juan, Mayagüez y Bayamón, existían tranvías para transportar a la gente. Era un sistema que funcionaba y que, en las ciudades más modernas del mundo, aún funciona. El empeño del Gobierno de la época por fomentar la industria de automóviles y de la construcción de carreteras terminó con el sistema eficiente de transportación pública que existía. El dinero derivado de fondos federales que se ganarían algunos grandes intereses en la construcción de carreteras era impresionante y comerciantes afiliados con ambos partidos políticos se beneficiaron (y se benefician aún: Empresas Díaz, Cemento Ponce, etc.).

Es obvio que los administradores de la colonia sólo buscan sacarles dinero al gobierno federal. Y no es para el beneficio del pueblo. Los servicios que el gobierno provee a los ciudadanos es risible. Si en realidad habría una intención de mejorar la transportación en Puerto Rico, ya se hubiese encontrado la solución. En el siglo 19, don Pablo Ubarri lo logró; no hay por qué dudar que hoy se podría también. La ciudad de Portland en Oregon lo hizo de esta manera:

Los ingresos por concepto de “parking” pagaron más de la mitad del capital requerido para implantar el tram. La ciudad aumentó en 10 centavos el costo por hora y canalizó al proyecto los ingresos de los edificios municipales.

Portland construyó su tram a razón de una manzana por semana. “South Waterfront” constituye su esfuerzo de redesarrollo más ambicioso. Ha fomentado la creación de 5,000 trabajos y 3,000 unidades residenciales, 800 como vivienda asequible; también la reapropiación de 1/4 de milla verde con parques que incorporan prácticas sustentables.

Más información aquí.

Para todo en esta isla esperamos y dependemos de los demás antes de levantarnos a hacer algo. Somos los adolescentes del Caribe que no saben vivir sin sus padres. Hasta que nos boten de la casa.

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