Reseña: Castigo

Castigos ante la ley

Ferdinand Von Schirach es un escritor alemán cuya obra literaria gira en torno a los procesos legales de su primera profesión: la abogacía. Su novela, El caso Collini; su obra de teatro, Terror; y casi todos sus cuentos se inspiran en casos que se ven en los tribunales alemanes. En casi todas sus obras, hay una muerte involucrada, pero en otras se tratan asuntos más livianos. Su literatura no trata de solucionar algún misterio, sino de exponer cómo se procesa la situación legalmente y conforme al derecho. Castigo es la tercera colección de cuentos de Von Schirach y no ha cambiado la fórmula.

En estos cuentos, los lectores no encontrarán grandes estrategias prosísticas ni impresionantes comparaciones metafóricas. Sí hallarán un poco de justicia poética, pero sin que se aleje de lo que nos provee la vida misma. Estas reivindicaciones de la vida ocurren en la mayoría de los cuentos, pero en otros no. En algunos, las víctimas mueren y es posible que nunca se les haga justicia. El autor se limita a mostrar lo sucedido con el lujo de detalles que sea necesario para contar la historia. Como sucede en tomos anteriores, los cuentos de Von Schirach ofrecen una visión de lo que es la práctica de derecho alemana. Los que han leído sus obras hallarán, en esta propuesta, más de lo mismo, pero eso será, exactamente, lo que buscarán sus lectores.

El autor se distingue por presentar, de una manera entretenida, los casos y las formas en que la ley actúa. Von Schirach es capaz de transformar una aburrida exposición de motivos en una pieza de literatura interesante. Una vez comienzas un cuento, querrás terminarlo para saber lo que sucede. Para ayudar a disipar la noción de que las historias son autobiográficas, el autor trabaja con diferentes protagonistas.

Las situaciones a las que nos expone son variadas. Cuentos como “La escabina”, “El lado equivocado” y “Subotnik” se enfocan en lo que les cuesta a los abogados, sea de fiscalía o de defensa, trabajar casos en conflicto con su moral. En el primero mencionado, por ejemplo, una fiscal ve reflejada la miseria de su vida en el caso de una víctima de violencia doméstica. El segundo sigue un caso desde el punto de vista de quien fue un abogado de defensa brillante que lo ha perdido todo y encuentra cómo superarse a través de un caso. El último, “Subotnik”, trabaja con el conflicto moral de una abogada que defiende a un hombre acusado de ser proxeneta o gigoló. A esta se le revela un mundo de trata humana de la cual su cliente parece ser parte.

Los demás cuentos, con una excepción, giran en torno a los involucrados en crímenes o situaciones que los convierte en criminales. Un viudo que comete un asesinato para estar con su vecina, una mujer que encubre a su marido luego de que este matara a su hija y un hombre que agrede a su vecino por defender a la muñeca de sexo que él ama son solo algunos de los personajes que vemos en estas historias. La excepción que no involucra procesos judiciales es “El amigo”, que es el cuento que le dará el título a esta colección. Uno de los mejores amigos del narrador, por no ser un poco más empático, siente que le causa la muerte a su esposa y entra en un ciclo de autodestrucción.

Como siempre, Von Schirach teje narraciones que nos adentran en el carácter de quienes fallan ante los ojos de la ley. Mejor aún, nos permite fijarnos en cuán fácil podría ser estar en el lado contrario, ya sea por una acción pensada o por un reflejo sin pensamiento.

Castigo

Ferdinand Von Schirach

Traducción de Susana Andrés

Ediciones Sala

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en diciembre 1, de 2019, que para los puertorriqueños en este enero 2020 nos parece más de un año.

 

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Reseña: Fuera de la caja

Gajes del periodismo

En octubre de 2014, la cadena televisiva Univisión, que en Puerto Rico conocíamos como Canal 11, cerró súbitamente su noticiario. La acción dejó en la calle a todos los empleados asociados al noticiario. Desde camarógrafos hasta reporteros quedaron cesanteados de sus puestos repentinamente, sin aviso previo. Uno de esos reporteros fue el chileno Carlos Weber, hombre ancla del programa en aquel momento, que ha vivido en Puerto Rico por más de 30 años y es el autor del libro de crónicas Fuera de la caja.

El tomo recoge tres crónicas que giran en torno a la profesión del reportero. Aunque se menciona uno que otro detalle en cuanto a la práctica y cultura corporativa de la empresa en donde laboró, quien piense que el libro trate de aquella injusta situación se equivocaría. Más bien, las crónicas detallan situaciones específicas que marcaron a Weber en diferentes momentos de su vida y carrera periodística en la Isla.

La primera crónica, “Ojos que no ven, corazón que no siente”, cuenta la corta historia de una interacción entre Weber y una persona ofendida por la manera en que el reportero habló de él. El encuentro fugaz e imprevisto sucedió en un chinchorro guaynabeño y el reportero no tenía noción de quién le reclamaba, lo cual da pie a un giro en la trama al final.

La segunda, “Crónica de una decisión suprema”, trata del abuso del poder de parte de las autoridades y la larga lucha para responsabilizar al gobierno por sus acciones. Hace unas semanas, reseñé el libro de Edward Snowden, que habla de cómo el gobierno federal decidió espiar las llamadas y comunicaciones del mundo entero en secreto. Resulta que Weber, en 2003, fue víctima de ese tipo de invasión a la privacidad, aunque a nivel local, cuando el Negociado de Investigaciones Especiales (NIE) solicitó a su proveedor de servicio celular todas las facturas y llamadas que el reportero había generado. Mientras Weber cubría un caso de corrupción en el municipio de Bayamón, parte de la información se filtró y entes en el NIE le pidieron a Cingular (hoy día AT&T… y pronto Liberty) que les brindara información privada de sus clientes para que el negociado pudiera averiguar quién sacó a la luz la información. Una vez Weber se enteró, comenzó un proceso judicial en contra del gobierno por invadir la privacidad de un ciudadano. El autor explica el porqué de su decisión y utiliza su experiencia con la dictadura de Pinochet en Chile para encontrar paralelismos entre una situación y la otra.

La última crónica es “Cómo no se le debe entrar a la guerrilla”, que cuenta cómo Weber y un pequeño equipo que consistía en un camarógrafo, un productor y él se adentraron en la Sierra Nevada en Colombia en busca de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que había secuestrado a una puertorriqueña, Rosa de la Cruz. Para resumir, la misión de encontrar a los guerrilleros fue fallida y jamás dieron con ellos. Además de contarse la travesía, se habla un poco de la ineptitud de algunas personas involucradas en esta situación y la falta de apoyo de parte del Canal 11. Se discute, además, un poco de lo que son las prácticas periodísticas y la ética involucrada en la profesión.

Es una lectura corta con un lenguaje sencillo y al grano. A juzgar por el título, tal vez Carlos guardó en una caja metafórica estas vivencias hasta sacarlas a la luz ahora. A veces no podemos contar las injusticias que presenciamos al momento en que ocurren porque no estamos en una posición de afrontar las consecuencias, pero esperamos a que haya oportunidad para denunciarlas. O tal vez, Weber solo necesitaba el tiempo para escribirlas. El autor sabrá. Lo cierto es que ahora sí están al ojo público y no hay por qué ignorarlas.

 

Fuera de la caja

Carlos Weber

Editorial ICP, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en noviembre 24 de 2019.

Reseña: Galería de comandos

Cuentos de nuestra actualidad

Los desastres que hemos sufrido durante esta década (y un poco antes) comienzan a manifestarse en nuestra literatura. La depresión económica, los feminicidios, las ausencias de oportunidades para nuestros jóvenes y el huracán María son solo algunos de los factores presentes en Galería de comandos, el libro de cuentos del escritor puertorriqueño Alejandro Álvarez Nieves.

Los ocho cuentos que componen el libro están ambientados en nuestra cotidianidad contemporánea y reflejan algunas de nuestras preocupaciones de nuestro diario vivir. El primero, “Bregando Chicky Starr”, sigue dos incidentes en el que el protagonista se encuentra con el conocido luchador, uno cuando preadolescente, el otro años después, cuando ya es adulto. Álvarez logra capturar el ambiente de dos épocas de nuestra historia muy diferentes, los años ochenta, cuando el señor Starr era una estrella de la lucha libre, y el comienzo de esta década, cuando ya era parte de una compañía de seguridad involucrado en prácticas nebulosas durante la huelga de la Universidad de Puerto Rico. El cuento, además de ilustrar a perfección lo que es “bregar Chicky Starr”, logra describir a cabalidad uno de los combates coreografiados del “deporte” y la manera en que provocaban la euforia de la fanaticada.

 

Le sigue “1500 metros libre”, que detalla la vida sacrificada de un atleta del deporte de natación, ambientado durante una competencia. El cuento logra detallar lo que podría ser el estado mental de un atleta en plena competencia de natación. El siguiente, “Psicología”, adentra a los lectores en la mente de lo que podría considerarse un chico malo de escuela intermedia o superior, y el tipo de disciplina a la cual se expone. En “El nuevo comando” un veterano de Afganistán se obsesiona por la falta de atención íntima de una amiga de quien está enamorado. “Cuestión de turnos”, por otro lado, sigue la situación de una estudiante de doctorado en España y cómo lidia con su compañera de cuarto, que es una cristiana reprimida sexualmente, pero involucrado con un chico que perpetúa esa represión en vez de liberarla, como ella esperaba. Recuerda un poco a “Casa tomada”, de Julio Cortázar, en la manera en que los personajes se evitan dentro del mismo hogar.

Los penúltimos dos cuentos, “La llamada” y “Majestic blues”, están ambientados en un hotel en Isla Verde llamado Hotel Majestic, muy parecido a El San Juan.  En el primero, una mesera ve una oportunidad de salir de la sacrificada vida nocturna en la que labora cuando un cliente la considera para un puesto con un horario normal. Sin embargo, la relación que mantiene con su padre, que padece de diferentes enfermedades y condiciones, le presenta un obstáculo a ese escape soñado. En el otro cuento, un botones del mismo hotel sufre una interacción con una huésped de belleza impactante que pone en peligro su empleo. Aunque ambientado en el mismo lugar que el anterior, el punto de vista en el que se cuenta muestra una hospedería corrupta, donde las drogas, el alcohol, el dinero y el sexo reinan en las acciones de todos los empleados.

El último cuento, “#Puertoricoselevanta”, toma lugar durante la visita del presidente Trump poco después del paso del huracán María. El protagonista tiene que llevar a su padre al hospital durante la hecatombe que vivimos poco después de la catástrofe. La narración intercala los pasos del presidente (aun a tres años de su elección, no deja de ser surreal ver al anfitrión de televisión en la Casa Blanca) en la Isla con las acciones del protagonista. Al final, los lectores sufrirán nuevamente aquellos horribles tiempos de escasez y negligencia infame de parte del gobierno estatal y federal.

Los cuentos de Álvarez Nieves provienen de puntos de vistas poco usuales, debido a la variedad de protagonistas que utiliza. El autor trabaja muy bien la ambientación en las narraciones y logra colocar a los lectores en los lugares donde toman lugar los cuentos. Los primeros dos y el último sobresalen del resto, según mis gustos, mas todos son interesantes y entretenidos. Esta primera muestra de Álvarez Nieves es un buen comienzo para su carrera literaria y nos mantendrá en la expectativa de próximas publicaciones.

Galería de comandos

Alejandro Álvarez Nieves

Ediciones Alayubia, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en noviembre 17 de 2019.

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Reseña: Patas de araña

Amiga ausente

En el abril de 1993, detrás de la ola del grunge, empaqué todas mis pertenencias en un Honda CRX amarillo y guie desde Daytona Beach, Florida, hasta Seattle, Washington. El viaje tomó una semana y, salvo un incidente en Kansas (otro día les cuento de eso), no tuve mayores contratiempos. Uno de los factores que influyeron en mi decisión fue que un amigo que vivía allá me había dicho que los integrantes de bandas como Pearl Jam y Nirvana a cada rato aparecían en algún lugar de improvisto, tocaban par de canciones y se iban súbitamente. Tener ese tipo de experiencia me entusiasmaba mucho, pero a la semana Kurt Cobain, el cantante de Nirvana, se suicidó de un escopetazo en la cabeza. Fue noticia por esa zona por meses y toda esa interacción improvisada de los famosos de la región se detuvo. Cada abril recuerdo ese suceso y me pregunto qué habría sido de la vida de Cobain de estar vivo hoy día. El libro de Idalís García-Reyes, Patas de araña, aunque no tiene nada que ver con esa muerte en específico, sí me recordó lo que sentí aquella primavera.

Patas de araña es difícil de catalogar. No es un cuento y mucho menos, novela, dado su corta extensión (el prólogo es casi una cuarta parte del libro); tampoco es poesía ni ensayo, aunque tiene elementos de prosa poética y pensamientos dignos del segundo género mencionado. Si alguien me pusiera una escopeta en la cabeza, me iría con que es una crónica y rogaría por mejores resultados que los de Cobain. La historia, narrada en primera persona, cuenta la historia de su protagonista, cuyo nombre no se revela, y su relación con su hermana, Tatiana (Tati). Tal vez Tatiana sea la verdadera protagonista, a fin de cuentas, ya que todo gira en torno a ella. Comienza con el nacimiento de la narradora y cómo Tati esperaba ese nacimiento. Se describe la vida infantil de las dos niñas y sus interacciones a la hora del juego, todo ambientado en el Puerto Rico del pasado, que se mantiene vivo en nuestra memoria colectiva. Alusiones a Iris Chacón y a otros personajes y programas de la época logran ambientar al lector en el lugar y tiempo adecuados. Se cuentan también las diferentes historias de los demás integrantes cercanos de la familia, como la madre de las niñas, su abuela y la figura ausente del padre. Son pequeñas historias de amor y desamores, adornados a veces con violencia, misterio y traición.

Las niñas se separan porque Tati se muda. La historia cambia a los recuerdos que guarda la narradora de la hermana. A partir de este punto, a Tati se le caracteriza a través de ausencias de datos y pistas oscuras acerca de su vida y destino. La lectura se convierte en una reflexión muy personal que sugiere más de lo que cuenta directamente. Se percibe un diálogo que solo existió en la mente de la narradora y el cuestionamiento de acciones y decisiones tomadas.

Ciertamente, Patas de araña juega con las emociones de los lectores. Posiblemente sea una descarga emocional de la autora o tal vez no. Le toca al lector llegar a esas conclusiones. La prosa a veces sufre de la utilización de frases en vez de oraciones y tiene algunas erratas ortográficas que podrían subsanarse en ediciones posteriores. No obstante, la técnica utilizada por la autora es interesante y digna de más experimentación. Al final, uno se queda con el dolor de la ausencia de Tati, que creo que es lo que me recuerda a Cobain.

 

 

 

Patas de araña

Idalís García-Reyes

Ediciones del flamboyán, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en noviembre 10 de 2019.

Reseña: Permanent Record

Las consecuencias de ser un héroe de nuestros tiempos

Los soplones, whistleblowers en inglés, cambian la historia. Hemos presenciado cómo en el pasado algunos han denunciado el encubrimiento de los efectos nocivos del cigarrillo, el uso de químicos cancerígenos en productos caseros, los actos criminales de guerra de los Estados Unidos, la incompetencia crasa y el comportamiento misógino, sexista y homofóbico de gobernantes y la invasión de la privacidad por parte de las agencias de espionaje de la nación estadounidense. El soplón más famoso tal vez sea Edward Snowden, quien destapó la olla acerca de cómo el gobierno estadounidense recolecta toda la información electrónica que produce el mundo entero. En Permanent Record, su autobiografía, el exespía de la CIA cuenta qué lo llevó a enseñarle al mundo lo que su gobierno hacía y convertirse en uno de los enemigos más perseguidos por esa nación.

Fíjese en que usted leyó que los Estados Unidos graba y guarda toda comunicación que usted lleva a cabo con su teléfono, computadora y cualquier dispositivo conectado a la internet. Fíjese en que también, probablemente, no le importó esta violación a sus derechos. La información que Snowden reveló en 2013 y que causó tanto revuelo en la prensa mundial ya lo había dicho en público el jefe de información de la CIA, Ira “Gus” Hunt, unos meses antes de que Snowden le hiciera llegar los documentos clasificados a un grupo selecto de reporteros. El autor y llamado hacker explica en el libro por qué escogió revelar la información en la manera en que lo hizo. Además, explica también el porqué de sus acciones, sabiendo muy bien que sería calificado como un espía y sujeto a sufrir una sentencia de diez años en prisión por cada página de documento que publicara (les hizo llegar cientos de páginas a los reporteros). Para él, revelar las razones son muy importantes, ya que, si fuese a someterse a juicio por su delito, las leyes estadounidenses no le permitirían explicar sus razones por el delito. Solo se centraría en el hecho indiscutible de si reveló la información.

 

Como ha de esperarse de una biografía, cuenta también su vida desde niño hasta el momento en que decidió convertirse en parte de la historia mundial. Los lectores conoceremos su vida familiar y escolar, como se interesó en las computadoras, y cómo llegó a lo que llama la Comunidad de Inteligencia (Intelligence Community, o IC, por sus siglas en inglés). Detalla, además, cómo funciona la CIA y la NSA en cuanto a su burocracia y motivaciones. El libro se divide en tres partes. La primera cuenta sus años formativos; la segunda, su carrera en la industria del espionaje; y la tercera, los sucesos que lo hicieron famoso. Incluye, también, parte del diario de su novia, Lindsey durante la época en que desapareció y se fue a Hong Kong y luego a Rusia, donde reside hoy día, exiliado de su patria.

Snowden nos provee una mirada reveladora de cómo funciona el gobierno de la nación más poderosa del mundo y cómo abusa de su poder en contra de, no solo sus ciudadanos, sino los del resto del mundo. A veces pensamos que el Gobierno de Puerto Rico es una estrella de la corrupción, pero si lo comparamos con las acciones de los Estados Unidos, nos vemos como principiantes en estos asuntos. La manipulación de las tres ramas gubernamentales estadounidenses y el tipo de lucro que se da a favor de corporaciones como Dell, Microsoft y Amazon, entre muchas otras, que muestra Snowden en su libro, son alarmantes. Si se le añade el tipo de invasión a la privacidad descrita, la biografía se torna en una historia de terror. Considera que el gobierno de los Estados Unidos graba no solo tus llamadas y tus textos, sino lo que buscas en internet, los lugares que visitas, a quienes contactas por correo electrónico y hasta a qué hora lo haces y por cuánto tiempo. Es decir, muestra el comportamiento totalitario de la nación más poderosa del mundo, bajo el pretexto de salvaguardar la seguridad del país.

Permanent Record debería ser una lectura requerida para todos, especialmente a partir de la segunda parte. Snowden logra explicar de manera efectiva no solo sus motivos, sino cómo el gobierno logra este tipo de acción draconiana en contra de sus ciudadanos. Es un carpeteo llevado a una potencia casi infinita y la historia de una persona que decidió hacer algo al respecto. Sus acciones han logrado algunos cambios, mas continúa en el exilio por tiempo indefinido. Al parecer, en el siglo XXI los actos heroicos se castigan, en vez de glorificarlos.

Permanent Record

Edward Snowden

Metropolitan Books, 2019

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en octubre o noviembre (no recuerdo) de 2019.

Reseña: Elegía a los vencidos

Poesía para vencidos

El día en que murió mi padre, la familia estaba preparándose para una larga lucha contra el cáncer, de esas que siempre mencionan en las noticias, como si en sus manos estuviera sobrevivir la enfermedad o no. La historia fue corta, no sobrevivió el primer tratamiento de quimioterapia. El sentimiento que más recuerdo de ese entonces es el sentido de derrota. Sí, hubo tristeza ante el pasar al otro lado de un ser como mi padre y todo lo que conlleva ese proceso, pero al sol de hoy, lo que más recuerdo es sentirme vencido. Elegía a los vencidos, el poemario de Gegman Lee, transmite este sentimiento por medio de sus estrofas, solo que la muerte no es lo único que vencerá. Si busca una lectura para revivir ánimos, esta probablemente no sea la que deba leer.

Dividido en cuatro partes, “La ola”, “Los fantasmas”, “El reparto” y “La fila”, el poemario recoge uno de los posibles resultados del diario vivir. El tono se establece desde el epígrafe al principio con las palabras de Pedro Pietri:

 

“They worked

and they died

They died broke

They died owing”

 

En “La ola” se establece cómo la misma sociedad y sus convenciones nos arropa y termina venciéndonos con su constante ataque, así como el mar golpea la orilla en todo momento. En esta primera parte, la batalla es contra los sueños del individuo, que busca permanecer en pie ante el embate del qué dirán, del cómo comportarse y del dónde trabajar. Al final, la voz poética nos deja con una esperanza de que aún existirá la dignidad, aunque tal vez sin un porvenir.

“Los fantasmas” muestra cómo la muerte de un ser querido nos vence. La supuesta lucha mencionada al principio de este escrito está presente en esta parte, al igual que los tajos emocionales que infligen los recuerdos repentinos tiempo después de la partida de ese ser querido. Cómo se siente esa primera Navidad sin madre y el recuerdo de la abuela tendiendo ropa en el cordel que ahora está vacío y ha permanecido así desde que murió son algunos de los elementos que se usan para ilustrar este sentir. El dolor físico y el emocional se mezclan, como se puede evidenciar en este poema:

 

“Hay golpes que se plasman

como cicatrices en la voz,

son golpes traducidos a alaridos”

 

La tercera parte, “El reparto”, trabaja con cómo se reparte esa derrota entre los demás. Los poemas muestran esa pena y dolor compartidos por quienes también sienten la pérdida. Es la parte más breve del poemario.

En “La fila” vemos cómo todos estamos en la misma situación. Hoy me duele a mí, mañana a ti y así hasta el fin. Nos duele la pérdida, la muerte, el fin de los sueños, la vejez… tarde o temprano sufrimos una derrota.

Como mencionado anteriormente, se sentirá lo que es estar vencido luego de leer Elegía a los vencidos. El autor nos golpea con sus versos hasta que sucumbimos a ese sentir. Para parafrasear las palabras de Cortázar, es una derrota al lector por nocaut, pero de esas en que tiran la toalla o el boxeador no sale de la esquina, en vez de una pérdida fulminante. Para el poeta, no deja de ser una victoria.  Es una buena lectura para leer con calma, repasarla y dejarse vencer por ella, de vez en cuando.

Elegía a los vencidos

Gegman Lee

Ediciones Callejón, 2018

Reseña: El verano de la carne de león

La banalidad de la comida

A pesar de ser una necesidad básica, el acto de comer puede ser bastante banal para un porcentaje de la población. Si no comes, mueres. Eso le digo a mi hija de seis años cuando rehúsa comer el plato que me esmeré preparando. Evidencia de esto existe dondequiera, desde el perro callejero que hurga en la basura por algún sustento, hasta el niño de escuela cuyas únicas comidas las consume en el comedor escolar. La gente mata por hambre. No obstante, la comida y su preparación también puede ser de lo más frívolo que se haya visto. Podemos verlo en restaurantes finos donde las porciones son minúsculas, pero pagas por ellas lo que se le paga a un cocinero por la jornada de trabajo completa. También lo vemos en la cantidad de comida no comprada que se echa al zafacón en supermercados, cafeterías y restaurantes, por mencionar solo algunos ejemplos. El verano de la carne de león, de la escritora Tere Dávila, toca el tema de la comida en el diario vivir puertorriqueño en tres crónicas-ensayos incluidos en este volumen.

La primera crónica lleva el mismo título del libro y trata de un verano, cuando la autora era universitaria en Cambridge. La cronista cuenta cuando se perdió en la vecindad donde vivía y terminó por error en una carnicería gourmet, mucho antes de que ese tipo de negocio cobrara la popularidad de hoy. En la carnicería se vendía (y parece que aún es así) carne de oso, pitón, pingüino y león, entre otras carnes exóticas. La experiencia da paso a una reflexión acerca de lo que hoy llamamos artes culinarias y algunas tradiciones comestibles interesantes, como el consumo de sesos de mono o el de tentáculos de pulpo vivo. Todo redunda en el regreso al área donde vivió aquel verano, ya más cerca de nuestra época, en que todo ha cambiado como uno esperaría: cafés, foodtrucks, cervezas artesanales y demás. Dávila salpica la narración con notas al calce informativas y humorísticas, que van a tono con el resto del escrito y que logran convertir una situación mortal en una anécdota casi cómica.

“Olla de presión”, la segunda, es una mezcla entre memoria y crónica. Una comida preparada en la casa de la narradora entre ella y un nuevo interés amoroso da paso a debatir el rol que la sociedad espera de la mujer en torno a la cocina. A la vez, la lleva a recordar a las diferentes mujeres en su pasado y cómo manejaban el tema de cocinar. Recuerda a Genara, la empleada de la familia que confeccionaba platos con una destreza propia de chefs, y a Ana Tía (así se llamaba) y sus experimentos con helados artesanales con ingredientes poco comunes (como precursores a los de la heladería de Lares, con sabores de ajo o arroz con habichuelas, datos mencionados por la autora). Los recuerdos se intercalan con la desventura de la pareja en la cocina de manera humorosa.

Por último, está “Santurce sin reservaciones”, que es una radiografía de la escena culinaria del barrio de San Juan. Aquí se mencionarán lugares de alta cocina, como José Enrique y Santaella; lugares tradicionales, como La Casita Blanca; la selección amplia que se encuentra en la calle Loíza; y la moda de los foodtrucks en la última década. Se discute, además, el impacto que han tenido estos lugares de comida en su entorno.

Como siempre, la narración de Tere Dávila es amena y divertida, con su particular sentido del humor. El tema también es amplio e invita a leer (¿a quién no le gusta comer?) y gira en torno a temas y opiniones cotidianos (¿cuál es la mejor lechonera o dónde venden el guanime más rico?). Ahora bien, aquí se habla de la comida como manera de entretenimiento para gente que pueda costear una cena lujosa y no como necesidad, hecho constatado desde el título. El libro es una entretenida celebración a la banalidad de una necesidad.

 

 

El verano de la carne de león

Tere Dávila

ICP, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en septiembre 29 de 2019.

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Agradecidos

Agradecidos

 

Agradecidos hoy hacia el pavo

que tuvo la nobleza

de sacrificarse por nuestra hartera.

 

Seamos agradecidos de los indios

que cedieron a los colonos europeos

sus campos de caza

su manera de vivir

su raza

sus casas.

 

Agradece al minero boliviano

sin él no tendríamos

teléfonos inteligentes

ni baterías recargables.

 

Gracias al niño vietnamita

cuya inocencia dejó

para que tengamos camisetas

a cinco noventa y nueve

en especial de negro viernes.

 

Les damos gracias a los políticos

que permiten que los ricos

mejoren su caudal

y permitan que las corporaciones

hagan lo que quieran.

A nosotros nos da igual.

 

Hay que agradecer

a quien hoy trabajó

pago con salario mínimo

horas precarias

y cero beneficios.

 

Demos gracias a todos nosotros

que comemos, bailamos y cantamos

y así ignoramos todo lo que cuesta

ser agradecidos.

 

 

 

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Reseña: Girl Like a Bomb

Sexo explosivo

Si tuvieras un poder que sacara eliminara los aspectos negativos de las personas, convirtiéndolas en gente ansiosa por hacer el bien, ¿lo usarías? Presumo que quienes leen mis reseñas son personas de bien, así que estoy seguro que la respuesta es . Pero ¿qué tal si ese poder solo se manifiesta al tener sexo con la persona que deseas ayudar? La novela Girl like a Bomb, de la estadounidense Autumn Christian, se basa en esa misma premisa, solo que la protagonista desde temprano decide que ayudar a los demás será su llamado.

La historia comienza con Beverly Sykes en un pequeño pueblo en el estado de Michigan, La joven es una adolescente de quince años decidida en perder su virginidad. Para ese fin, asiste a una fiesta y conoce a un muchacho de mala reputación, llamado Spider, que la lleva a un lugar solitario. Bev, como le llaman sus amigos, logra su cometido, pero junto con su climax ocurre un tipo de explosión u onda de fuerza entre ellos —al menos, así lo describe ella—. Una vez despierto por completo su apetito sexual, Bev comienza a tener más relaciones pasajeras y en todas ocurre el mismo fenómeno explosivo. La chica no pretende tener novio ni enamorarse; su único propósito es tener sexo con chicos distintos frecuentemente. Como ha de esperarse de una escuela en un pueblo pequeño, Bev se gana una reputación, primero como una muchacha dispuesta a tener sexo con cualquiera, pero luego, de que “arregla” a las personas después de acostarse con ellas. Spider, que andaba deprimido por la vida, encuentra su propósito y consigue trabajo trabajando con animales. Cuando Bev se encuentra con él por casualidad, casi ni lo reconoce por el cambio drástico en apariencia y manera de ser. El chico le da las gracias por expulsar lo “oscuro” que tenía dentro de él. Según investiga en Facebook y otras redes sociales, lo mismo les ha sucedido a todas las demás personas con las que había tenido relaciones. A veces encontraban pareja o empleo, otras veces mejoraban sus notas en la escuela o salían de su depresión. Hasta una chica que se cortaba cuando Bev se acostó con ella logra vencer su tendencia a la automutilación y funda una organización para ayudar a otras personas con el mismo problema. La protagonista se ve involucrada en un evento traumático cuando alguien la viola, lo que provoca que huya del pueblo y deje atrás a su madre.

El texto se divide en partes según la edad de la protagonista (15, 18, 21, 24, 25 y 30 años) y la etapa personal que vive. Bev intentará ayudar a la mayor cantidad de personas posible con su poder vaginal lo que la llevará a tener aciertos y fracasos. Tal vez se puede visualizar como una superheroína, tipo Súperman, pero con un poder muy distinto a tener una fuerza sobrenatural o poder volar.

Como ha de esperarse, la novela tiene un alto contenido sexual, pero no parece ser erótica. Las escenas de sexo se describen como se describiría una pelea a puños. La trama contiene muchos giros inesperados y llega el punto en que uno sabe qué esperar de las aventuras de Bev. A pesar de ser una premisa fantásticamente absurda, la autora logra manejar el tema de manera creíble. Tiene algunas premisas ingenuas, como la de mostrar al gobierno de los Estados Unidos como los policías del mundo, típico del sentido de excepcionalismo estadounidense, al cual estamos expuestos constantemente por los medios de esa nación, y el cliché del dictador latinoamericano, cual discurso de fotuto51, que defraudan ante el resto de la trama, pero la novela en su conjunto logra entretener y causa reflexión.

Posiblemente, no sea una lectura para cualquiera, pero si anda en busca de algo diferente en su ciencia ficción o literatura fantástica, Girl like a Bomb es una opción en esa dirección.

 

Girl like a Bomb

Autumn Christian

Clash Books, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en septiembre 22 de 2019.

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Episodio 7 de In media res, con Alejandro Álvarez Nieves

[wpedon id=»3319″ align=»center»]