Reseña: Aterrizar no es regreso

Regreso del exilio

Confieso que se me había olvidado el segundo aniversario del paso por Puerto Rico del huracán Irma este pasado viernes, 6 de septiembre. Me sucede con todo lo que sucedió antes de María, cuya fecha de impacto me es inolvidable. No fue hasta que comencé a leer la crónica de Xavier Valcárcel, Aterrizar no es regreso, que caí en cuenta. Este libro del poeta y escritor puertorriqueño no se trata de Irma únicamente, sino de su huida a Nueva York y luego su regreso a la Isla tras el paso del segundo huracán mencionado.

La crónica de Valcárcel, que se lee más como una novela, comienza por casi el final de su viaje a Nueva York, cuando regresa del extranjero al sentirse derrotado por la Gran Manzana. El protagonista (o autor, como prefiera considerarlo) va camino a Cayey para regresar a la casa de su madre con una centavería en su cuenta bancaria. De a poco, relata cómo fue que pasó ambos huracanes: decidió irse a los Estados Unidos en un vuelo humanitario, regresar a Puerto Rico y lidiar con la realidad puertorriqueña meses después de la catástrofe.

Es una narración introspectiva, que no deja de ofrecer el punto de vista particular del autor en todo momento. Vivimos con él la devastación de María y su relación con Andrés. Su pareja es quien primero parte hacia Nueva York en busca de oportunidades de trabajo. Más tarde, Andrés recibe a Valcárcel en su apartamento. Presenciamos el tiempo en que Valcárcel estuvo fuera del País y las dificultades que enfrentó en una ciudad nueva e inhóspita, sin muchos conocidos. Luego, vivimos su regreso a Puerto Rico con su sentir fracasado, al igual que sus esfuerzos por reintroducirse en la realidad puertorriqueña contemporánea. Sin embargo, no es un mero recuento lo que hace. Xavier se conoce por su poesía, pero sus instintos narrativos, en esta obra, están en todo su apogeo. Los sucesos narrados serán verídicos, pero la manera en que Valcárcel estructura su experiencia es de corte novelístico. Logra escoger efectivamente qué sucesos narrar y cuándo presentarlos para crear expectativa en la lectura.

Aterrizar no es regreso retrata nuestra historia poshuracán, en que tanto ha ocurrido, pero mucho ha quedado igual. Xavier muestra el sufrimiento del pueblo a través de sus observaciones y experiencias. Evidencia de ello se puede leer en las partes en que cuenta cómo cuatro trabajadores en un taller de tapicería han perdido a sus parejas a consecuencia de sus huidas, debido al huracán —Tapicería Los Llorones, le llamaban (uno de los tapiceros era Valcárcel)—. Otra instancia que se queda con el lector, por la verdad que cargan sus palabras, es cuando narra su experiencia en una empresa sin fines de lucro. Cuando la compañía se ve sin dinero para pagar la nómina, pide solidaridad a los empleados: “Pero la solidaridad no paga cuentas. La solidaridad, la empatía, la resiliencia, la confianza y el amor se cansan”, opina.

Dos años después de los huracanes, la realidad que muestra Valcárcel sigue igual. Seguimos viviendo en un lugar donde cada vez se nos exige y quita más, mientras que unos pocos se lucran de la situación. A veces, hace falta repasar lo ocurrido para darse cuenta de lo que nos pasa. Aterrizar no es regreso cumple con esa mirada al pasado reciente, de manera ágil e interesante. Es una lectura recomendada.

Aterrizar no es regreso

Xavier Valcárcel

Alayubia, 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en septiembre 8 de 2019.

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Reseña: 14 de julio

Revivir la revolución

“A poco, había allí varias decenas de miles. Y miles de personas no son una manifestación estudiantil, no pueden dispersarse a porrazos”. Estas dos oraciones resumen mucho de la obra que reseñaré hoy. A primera vista, podríamos pensar que se trata de los acontecimientos del Verano 2019, aquí en Puerto Rico. En algún momento, la Policía o los representantes del Gobierno de Puerto Rico tuvieron que darse cuenta de lo que describe ese pasaje de esta obra. Sin embargo, 14 de julio, del escritor francés Éric Vuillard, no tiene nada que ver —directamente— con los acontecimientos que vivimos el mes de julio, sino que trata de la toma de la Bastilla en 1789.

Traigo el tema nuestro no por ser insular, sino porque hay semejanzas entre lo que vivimos y lo que el autor muestra de los inicios de la Revolución francesa. El libro cuenta los sucesos que llevaron a la toma del fuerte de la Bastilla, utilizada por el estado como prisión de prisioneros políticos, al igual que la secuencia de acciones que ocurrieron aquel día. No obstante, no es una novela histórica o, al menos, no es una novela histórica tradicional. En ese tipo de novela se dramatizan los hechos utilizando personajes protagónicos, tramas estructuradas y puntos de vista particulares. En 14 de julio, Vuillard descarta muchas de estas técnicas. Sí se dramatizan los hechos históricos, pero no hay papeles protagónicos ni una trama estructurada alrededor de un conflicto dramático que un personaje debe resolver. Aquí, los personajes entran y salen de escena, de manera caótica. Los soldados matan a un zapatero, por ejemplo, que el autor ha descrito y nos ha suplido con su historial (donde nació, si era casado, etcétera) y su historia termina cuando le rebuscan los bolsillos, desechado con los demás cadáveres. Un carpintero consigue un cañón para abatir la fortaleza, se nos muestra cómo vivía antes de esta revuelta, dispara el cañón y queda olvidado por el resto de la lectura. La lectura funciona como una representación cinemática, llena de escenas individuales que contribuyen a ilustrar los sucesos.

El autor narra desde una perspectiva contemporánea, además. Presenciamos los sucesos históricos, pero sin jamás olvidarnos de que vivimos en el siglo XXI y no en el XVIII.  Es casi como presenciar una buena clase de historia en que se intenta concienciar las diferencias entre las diferentes épocas. Se nota la preocupación del autor en no otorgarles papeles protagónicos a ningún particular, sino al pueblo en su entereza. Miles de personas arrasaron la fortaleza de la Bastilla, lincharon a su gobernador y quemaron cuanto registro y papel oficial encontraron. Más que explicar por qué y cómo sucedió, Vuillard lo muestra. Vivimos lo difícil que era para un ciudadano francés en aquella época pagar la renta y poder comprar comida, ya que los patronos habían decidido, con el aval del estado, bajarles sus salarios. A la vez, la aristocracia, para mantener sus banquetes lujosos y estilo de vida extravagante, incrementa los impuestos a los ciudadanos (estos mismos aristócratas no pagan impuestos, por cierto). Vemos la primera protesta, su sangrienta represión y la ola que culmina con la toma de la Bastilla ese 14 de julio de 1789. Las comparaciones del pasado con el presente de parte del mismo autor abundan. De ahí a pensar en lo que sucedió aquí en julio, lo que sucede ahora en Hong Kong, Kashmir e Inglaterra es un paso más que lógico.

La obra no carece de algunos problemas, sin embargo. A mitad de narración hay una pausa en los sucesos para nombrar ciudadanos que participaron de alguna manera en la revuelta. Esta lista acaba con la fluidez que llevaba la obra hasta ese punto y jamás se recobra. Gente entra y sale de escena y es difícil visualizarlos, ya que nunca los conocemos en realidad. Es una técnica que funcionaría mejor en una representación visual, como un filme o un cómic. En prosa, es demasiado difícil para seguir. Aparte de este detalle, la obra invita a la reflexión y nos deja con la expectativa de que tal vez estemos a punto de presenciar otra toma de la Bastilla pronto. De cierta manera, Puerto Rico ya lo hizo. Les toca a los demás.

14 de julio

Éric Vuillard

Tusquets, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en septiembre 1 de 2019.

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Cinco cuentos de horror para la Noche de las Brujas

Vincent Price, el rostro del terror para generaciones pasadas.

Además de dulces y disfraces, la Noche de las Brujas es prácticamente sinónima con el terror. Les incluyo cinco cuentos que pueden leer cerca de la medianoche, justo antes de dormir, para que tengas unos sueños bien chulos.

  1. «La pata de mono«, de W. W. Jacobs. Toda la acción se lleva a cabo en un solo lugar, en el transcurso de diferentes noches. Es una historia que juega con la expectativa e imaginación del lector para lograr su mayor efecto. Tiene elementos que hemos visto en películas como Gremlins y cuentos de hadas. Suele aparecer en las listas de los mejores cuentos del mundo. Es un verdadero clásico.
  2. «La caída de la Casa Usher«, de Edgar Allan Poe. Vamos, que no sería una lista seria sin este autor. Prácticamente, creó el género de horror en la literatura occidental. Además de ser un clásico literario, sirve como una clínica del arte de escribir y contar. Es especialmente efectivo si lo lees en una casa amplia y vieja, repleta de sonidos extraños.
  3. «La casa encantada«, de Virginia Woolf. La narración cuenta en detalle cómo una casa habitada por dos fantasmas la espantan todos los días y las noches. Es como si estuvieras en tu cama, con miedo a abrir los ojos porque temes ver lo que verás.
  4. «There are more things«, de Jorge Luis Borges (no guarda relación directa conmigo, por cierto). Este cuento es un tributo a la obra de H. P. Lovecraft, a quien no incluyo en esta lista porque está en todas las demás. Un hombre curioso entra en una casa donde murió decapitado un hombre para averiguar qué sucedió. Jorge Luis trabaja el estilo de Lovecraft a la perfección, pero de manera más elocuente.
  5. «Espantos de agosto«, de Gabriel García Márquez. Este trata del fantasma que hechiza un castillo en la Toscana. Más bien trabaja con el giro inesperado, que con el terror que podría causar un fantasma. Es un cuento que sirve de digestivo luego de leer los anteriores. Te relaja la tensión vivida, aunque te deja con el sabor de que algo horrible puede suceder.

Estos son solo una pequeña muestra de lo que uno puede leer para satisfacer esa necesidad de asustarse. Otros autores que trabajan el género son Shirley Jackson, con «El hechizo de Hill House»; Guy de Maupassant, específicamente con «El Horla», aunque tiene otros; y H. P. Lovecraft, ya mencionado, pero «El extranjero» es de mis favoritos. Disfruta de estos cuento y no te asustes mucho, que es solo ficción. No hay tal cosa como fantasmas, por más que cualquier sonido a medianoche nos lo induzca a creer, ¿verdad? Eso pensé.

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Reseña: El escondite perfecto

Viaje al pasado

Tal vez sea porque el lapso de atención de las personas es más corto hoy día o porque no se necesita un mínimo de páginas para publicar en esta era digital, pero lo cierto es que la novela corta se ha vuelto cada vez más popular. Por corta, me refiero a las obras de menos de 150 páginas, ya que el término es relativo. Una novela de 500 páginas puede parecer corta ante los dos volúmenes del Quijote, que ronda las 1300, según la edición. Más autores hoy día optan por publicar estas novelas que pueden leerse en uno o dos días, casi como cuentos largos. Hasta se podría generar un debate acerca de si son novelas o cuentos, pero, al fin y al cabo, lo importante es que se narra una historia. El escondite perfecto, del puertorriqueño Edwin Colón Pagan, es una muestra de esta modalidad literaria.

La trama comienza en el siglo XXI, pero rápidamente nos transporta al XIX, en el año 1825, con la duquesa Lucrecia que necesita albergarse en el San Juan de aquella época luego de sobrevivir un motín en la embarcación en que viajaba. Lucrecia desea esconder su origen aristócrata en lo que espera a Antonio, un hombre de negocios español enamorado de ella. Una vez llega el comerciante, se mudan a Uruguay, donde Antonio comete bigamia, ya que tiene esposa en Madrid, y se casa con Lucrecia. Poco después, Lucrecia da a luz a unos gemelos, aunque uno muere al nacer. En este punto de la historia, comienza a revelarse cómo Lucrecia salió de Tenerife, en las Islas Canarias, fue prostituta, conoció a Antonio y llegó a Puerto Rico. Luego, conoceremos los destinos de los descendientes de Lucrecia, hasta llegar a Diego, quien inicia la historia en nuestra actualidad y descubre la historia familiar.

Si suena como una historia ambiciosa para contar en menos de cien páginas es porque tal vez lo sea. La novela narra, en pocas páginas, los sucesos de una familia a lo largo de más de doscientos años (se extiende un poco a nuestro futuro). En la literatura, cualquier cosa se puede lograr, pero no creo que este sea el caso. A veces, la narración parece una sinopsis de sucesos y no les permite a los lectores vivir la escena. Suceden muchas cosas: hay infidelidades, muertes, enamoramientos, motines, peleas, intentos de asesinato, brujería, traiciones y todo tipo de eventos que podrían dramatizarse, pero suelen desaprovecharse estas oportunidades. La narración en sí confunde, ya que alterna entre la primera y tercera persona indiscriminadamente, sin ningún tipo de señal para el lector. Un párrafo lo narra la protagonista y el próximo, dentro del mismo capítulo, lo hace un narrador omnisciente.

La historia, dentro de todo, es interesante, con sus intrigas tanto terrenales como espirituales. Es una historia bien redactada, que necesita dramatizar los eventos claves para así lograr que la audiencia viva los infortunios de esta familia, en lugar de solo leer acerca de ellos. ¿Puede lograrse en menos de cien páginas? Por supuesto que sí. ¿Cómo? He ahí el oficio de escribir, que solo se mejora con la práctica y perseverancia.

El escondite perfecto

Edwin Colón Pagán

Letra Minúscula, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en agosto 25 de 2019.

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Ahora termino y eso es todo

Ahora termino y eso es todo

Por José Borges

 

Se habla mucho de cómo los videojuegos han desplazado la literatura y, más bien, la lectura, pero quiero contarles de una instancia en que convergieron de manera asombrosa. Sucedió en las Navidades pasadas con un videojuego llamado Red Dead Redemption II y la novela del mexicano Álvaro Enrigue, Ahora me rindo y eso es todo. El juego recrea un mundo de vaqueros en el viejo oeste, casi finalizando el siglo XIX. Es un “lugar” inmenso que puedes transitar a caballo, en tren y (si tienes tiempo para “quemar”) a pie. Aunque se trata de un mundo virtual, no deja de ser real en cierto modo. Después de horas de juego, tengo cientos anécdotas que involucran los habitantes y lugares virtuales. Para mí, ese mundo electrónico no es menos real que el estado de Nuevo México, que he visitado par de veces, y es una de las inspiraciones geográficas para el juego.

La novela de Enrigue también está ambientada en el viejo oeste, pero mayormente en territorio mexicano o, en realidad, apache. En contraste con el videojuego, apenas hay vaqueros, pero sí apaches como los jefes Mangas Coloradas y Gerónimo. Están en un territorio inhóspito, donde nadie viviría salvo ellos, pero aun así el gobierno de los Estados Unidos quiere que estos indios desaparezcan, ya sea con tratos que renegarán o con balas. El ejército de los Estados Unidos intentó el genocidio, pero los apaches no eran presa fácil. Eran capaces de desaparecerse en las montañas y vengar sus muertos; una de esas venganzas es lo que da pie a la novela.

Por su parte, el juego tiene una historia trillada, vista en otras películas del viejo oeste, pero transmite la inconformidad de los personajes hacia la civilización y la sociedad. Básicamente, antes eran libres, pero ahora son bandidos perseguidos por el gobierno. Igual les sucede a Mangas Coloradas y a Gerónimo, líderes de los apaches en épocas distintas. De Gerónimo viene el título de la novela: “Antes corría como el viento. Ahora me rindo y eso es todo”; estas fueron sus palabras antes de rendirse ante el ejército estadounidense. El videojuego ofrece esa experiencia de libertad. Te permite recorrer el mapa a caballo y explorar todo tipo de cliché western. Peleas, robos de bancos y de trenes, cabalgar por los riscos de la montaña, cazar la cena y cocinarla… en fin, hay un sinnúmero de actividades y sucesos imprevistos que ocurren dentro de esa temática. No es una historia de malos y buenos, sino de malos y menos malos. Tu personaje es un bandido, al que el jugador le imparte algún tipo de código moral. Al final, no importarán mucho tus decisiones, ya que te llevarán a lo mismo, más o menos.

Posando con mi caballo en algún lugar recóndito del viejo oeste virtual.

 

Mangas Coloradas

Más interesante es la recreación que el juego deja que el jugador experimente. Por su parte, la novela de Enrigue también te muestra esa experiencia. Te hace parte de la historia de Camila, una mujer raptada por Mangas Coloradas y sus apaches, que eventualmente se convierte en parte de la tribu; además, te recluta al bando del teniente coronel mexicano Zuloaga, que está tras el rastro de Mangas Coloradas y Camila. Como sucede en el videojuego, esta gente acampa, caza, prepara fogatas y come al lado de ellas. Uno vive la experiencia, más que leer de ella.

Ahora bien, ¿mi experiencia habría sido igual sin el videojuego o la novela? En los ratos que no jugaba, leía, y viceversa. Con ambos vivía el viejo oeste, aunque de maneras diferentes. Fue un momento y experiencia únicos que logré tener por casualidad, inesperadamente. ¿Será posible recrear ese tipo de experiencia otra vez? Dicen que los libros compiten por la atención del público con los videojuegos, pero esta vez ambos se unieron para obtener una experiencia única. Había tenido experiencias cautivadoras con videojuegos y con libros antes, pero jamás una en que la literatura, la tecnología y lo lúdico se combinaran de tal manera. En vez de forzarnos a escoger entre un modo de entretenimiento y otro, ¿habrá manera de combinarlos? En esta instancia, el reto intelectual se combinó con uno lúdico, pero de manera independiente. Álvaro no pensaba en el juego, y los creadores del videojuego mucho menos tenían a Enrigue en mente. Sin embargo, juntarlos creó una experiencia inolvidable.

Gerónimo

Según avanzaba en las dos historias, me daba cuenta de que el final se aproximaba. Siempre sucede en las vacaciones, por más largas que sean. Llega un momento en que sabes que todo terminará y pasará a ser un recuerdo, lo cual te entristece un poco. Así mismo sucedió cuando llegué a los respectivos finales. Sentí un vacío en ambos casos: ¿y ahora qué? Quería seguir con Gerónimo y sus apaches; también quería continuar con mi cabalgata en el viejo oeste de Arthur (como se llama el protagonista del videojuego). Antes corrí las praderas con los apaches y los bandidos. Ahora terminé y eso es todo. Hasta el título de la novela fue perfecto para la experiencia. Si es una que se pueda reproducir algún día está en manos del destino.

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Reseña: Breve es el amor

Versos de amor

El amor puede ser fugaz, ¿no? Hoy puedes sentir mariposas en el estómago al estar cerca de quien amas intensamente y mañana no. Los que mejor suelen describir ese momento de amor y desamor son los poetas. Me atrevo a asegurar que son muchos más los versos inspirados en el despecho que en su consumación. El poemario Breve es el amor, del puertorriqueño Manuel Martínez Maldonado, abona al tema de esta emoción que proporciona tanto trauma como felicidad.

Por medio de sonetos, cuartetos y otros tipos de poemas, el autor trabaja el amor en tres partes: “Tiempo de amor”, “Amor perdido” y “Amor distante”. La primera parte trata de la parte positiva de la emoción, cuando uno se enamora o está a punto de hacerlo. Se exhibe la intensidad de estar con alguien, compartir con la persona, despedirse sabiendo que pronto volverá a estar con ella otra vez, aunque cada segundo aparte será una agonía, como sentencia al final de “Cuando dijimos adiós”:

“Pero es tibio el crepúsculo,

y, como yo, amenaza

con volver mañana”.

El poeta recuerda la intensidad de estar enamorado locamente. Toman protagonismo la incertidumbre, el deseo, la química, la música, la naturaleza y la ilusión. El mundo es algo bello para descubrir.

Este plató emocional cambia drásticamente en la segunda parte, en que la ruptura de los lazos amorosos por diversas razones es el tema recurrente. Este modo del amor se pude evidenciar en el soneto “Te espero”:

“Pero al cabo sé que comprenderás que el tiempo

nunca pone fin al gran dolor, solo al pequeño.

Que lo demás que necesitas, lo llevas dentro”.

Ahora la voz poética añora, extraña y sufre por ese relámpago de emociones que tuvo entre las manos y perdió por siempre. Se recuerdan besos, cuerpos, lugares y sexo que en su momento fueron todo, pero ahora solo son recuerdos fugaces.

Esta emoción se transformará en la tercera parte, que presenta amores distantes en tiempo y espacio. Se siente la pérdida de la voz poética, pero es una añoranza distinta a la anterior. Tal vez, menos traumática, ya que la futilidad de la relación se conocía de antemano. Hay un juego entre imágenes y recuerdos que evocan lo que alguna vez fue intenso, pero ya se ha evaporado. El poema “Viaje del arco” da fe de ello:

Hay una flecha tan precisa

que va bajo el viento en su búsqueda.

[…]

Una flecha que recordará

el viraje en el camino que se esconde

el giro que vuelva

a encausar el pensamiento,

y que logre retener en la memoria

la infinita curva de su arco”.

En una primera lectura es fácil perder todo lo que se sugiere en los versos de Martínez Maldonado. Se trata de una poesía compleja, con recompensa para quienes hagan una lectura profunda, de varias lecturas; la primera para presenciar lo que sucede con la voz poética y la segunda para descifrarla e interpretarla a su manera. El tomo será breve pero complejo, al igual que el amor.

 

Breve es el amor

Manuel Martínez Maldonado

Publicaciones Gaviota, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en agosto 18 de 2019.

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Reseña: Radicalized

Los futuros que nos esperan

¿Qué sucedería si Superman decidiera confrontar el racismo en las instituciones estadounidenses? ¿Cómo una refugiada podría sacudir el sistema sin que la desahucien? ¿Un sociópata millonario podría sobrevivir en un fortín junto a un selecto grupo de amigos cuando la sociedad se desmorona? ¿Cuál sería la reacción de las compañías de seguro que les niegan tratamientos a pacientes si de momento se convierten en objetos de su venganza? Estas preguntas forman parte de las tramas que se encuentran en Radicalized, el nuevo libro del escritor de ciencia ficción canadiense, Cory Doctorow?

El libro contiene 4 novelas cortas (descritas así por el autor. Podrían considerarse cuentos largos también, ya que se encuentran en una línea fina entre una y otra) que exploran temas diversos basados en hechos de nuestra realidad. La primera, “Unauthorized Bread”, cuenta la historia de Salima, una refugiada que ha logrado trabajar en los Estados Unidos. La historia ocurre en lo que parece ser un futuro cercano. El apartamento donde vive Salima es subsidiado por corporaciones dueñas de las marcas de enseres “inteligentes”. Estos artículos responden a los comandos de voz de quien los use. Por varias situaciones, los enseres dejan de funcionar. Salima desea reprogramarlos y así usarlos nuevamente, y sin restricciones. La gota que colmó la copa fue la tostadora, que deja de funcionar cuando la compañía que actualiza su programación se declara en bancarrota. Lo mismo había sucedido con la lavadora de platos y otros enseres más. La mujer decide encontrar la manera de alterar la programación del aparato para que funcione nuevamente. Pronto se da cuenta del poder que tiene al aprender a reprogramar todas estas máquinas que utiliza en el día a día, pero ahora sin restricciones. El asunto se complica cuando las compañías fabricantes comienzan a darse cuenta de lo que sucede.

Le sigue “Model Minority”. En este mundo, los superhéroes como American Eagle (una combinación entre Superman y Capitán América) existen y son parte de la cultura estadounidense. El superhéroe interviene cuando un grupo de policías le propina una paliza a un hombre negro que han detenido. De pronto, el racismo institucional que American Eagle ha ignorado por décadas le afecta la conciencia y decide enfrentarse a la Policía. Primero lo hace de manera individual, luego como organización y, por último, como ente gubernamental, cuyo objetivo es oprimir a la población negra del país. Es una historia que resuena con el movimiento Black Lives Matter y explora algunas de las tendencias racistas que hemos presenciado en estos últimos años.

La tercera historia es la epónima “Radicalized”. Aquí se explora cómo la tecnología puede ayudar a que un hombre se radicalice y decida un día tomar armas e intente asesinar a personas que ni conoce, como sucedió en El Paso hace una semana. La diferencia con esta historia es el motivo de estos hombres, que no exhiben un componente de racismo, sino de venganza por la muerte de seres queridos a los que las aseguradoras decidieron no pagarles tratamientos médicos. Estas personas buscan algún tipo de apoyo en grupos en línea. En estos, algunos miembros les presentan maneras de plantar bombas en las oficinas de las aseguradoras y dispararles a legisladores que están en contra de la salud pública.

El último es “The Masque of the Red Death”, que se inspira en el cuento de Edgar Allan Poe titulado de la misma manera. En la historia, un millonario construye un fuerte en el desierto de Arizona para sobrevivir a la caída de la civilización junto con 29 de sus amigos. El plan es resguardarse a son de fiesta hasta que pase la crisis y, luego, buscar cómo integrarse y posicionarse en la sociedad que resurja. Como se puede esperar, ese plan no le funciona tan bien como creía y comienza a sufrir las consecuencias de sus acciones.

Doctorow logra construir estos mundos de manera eficaz. Es muy fácil sentirse dentro y visualizar los entornos en que coloca a sus personajes. A la vez, hábilmente nos adentra en las siquis de los protagonistas de sus historias. Los posibles destinos que presenta de los Estados Unidos no son nada alentadores, pero son producto de las situaciones que afligen a esa nación en este periodo de la historia. A pesar de que son cuatro visiones distintas, sí tienen un tema en común: cómo tratar al prójimo. Es difícil ver un futuro alentador si no se atiende ese problema, y Cory Doctorow desea recalcarlo. Es una muy buena lectura para reflexionar acerca de tiempos difíciles que podrían decidir los próximos pasos de la civilización.

Radicalized

Cory Doctorow

Tor, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en agosto 11 de 2019.

Reseña: Simplemente Cándido

Cándido o el boricua

Una de las lecturas clásicas de la literatura occidental es Cándido o el optimismo, del escritor y filósofo francés Voltaire. Esta obra se publicó en 1759, casi treinta años antes de la Revolución francesa. En ella, el protagonista, Cándido, viaja el mundo, durante la Ilustración, convencido de que vive en el mejor de los mundos posibles. A pesar de todos los contratiempos y fracasos con los que se enfrenta en ese viaje, esto no lo hace cambiar de opinión. Cándido es inocente al extremo y confía en todas las personas con las que se encuentra. Esto provoca que se aprovechen de él continuamente. Simplemente Cándido, el libro de cuentos del puertorriqueño Jesús A. Zambrana, se inspira en la obra de Voltaire como punto de partida.

El Cándido de Zambrana es boricua y vive en Puerto Rico. Al igual que en la obra de Voltaire, su nombre lo caracteriza, pero con una acepción diferente al del francés. El Cándido de Voltaire es ingenuo, pero el de Zambrana es demasiado franco. Suele decirles a otros exactamente lo que piensa de ellos, sin considerar ni observar lo que sería “políticamente correcto”. A pesar de que no es una novela, Cándido es un personaje recurrente en los cuentos, aunque no siempre es la misma versión del personaje. A veces, es un familiar cercano o lejano, según dicte el caso. Por ejemplo, hay cuentos en que el protagonista Cándido es un tío que vivió en el pasado, en otras es un vagabundo que vive en la República de Puerto Rico. En ocasiones, es un sacerdote que viola monaguillos, y en otras es un exmonaguillo. Zambrana plantea un juego interesante con el personaje y lo ambienta en diferentes lugares y con características distintas.

Además de la utilización de este personaje, los cuentos usan otras referencias a la obra de Voltaire. Por ejemplo, muchos de los cuentos ocurren en el bar de Pangloss; en la obra original, Pangloss era el maestro de Cándido y quien le enseña a creer que vive en el mejor de los mundos posibles. Al igual que Voltaire, Zambrana plantea una crítica a la sociedad con una sátira mordaz. Sin embargo, la de Zambrana es más obvia y directa que la del filósofo francés. Otros puntos en común es que ambos autores critican la hipocresía, la sociedad, la Iglesia, las instituciones gubernamentales y decenas de otros temas. No obstante, los temas de Simplemente Cándido son muy autóctonos. Se tocan los temas de la Navidad, el estatus, los puertorriqueños que se van del País, Oscar López, la cantidad de Walgreens en la Isla y los Borinqueneers, entre muchos otros.

Los cuentos de Zambrana son ocurrentes y cómicos. Muchas de las situaciones son también muy originales, como la del cuento “Cándido y el glaucoma de la abuela”. En este, el protagonista se ve forzado a suplirle marihuana a su abuela para controlarle los efectos de la enfermedad mencionada en el título. Entre los momentos menos favorables de las historias, se encuentran cuando el escritor se inclina más hacia el discurso en vez de mostrar el carácter de los personajes por medio de la narración. En estos momentos, se congela la trama para darle paso a una exposición de los motivos de los personajes. La voz narrativa suele pasar juicio con demasiada frecuencia sobre aquello que le molesta o aflige. Una vez se retoma la narración de sucesos, vuelve a fluir la lectura.

Aunque hay excepciones, los 31 cuentos de Zambrana se ubican mayormente en el periodo pre-María de nuestra historia y marcan una visión de lo que éramos antes del ciclón. Es interesante ver la diferencia de aquella realidad con la que nos toca hoy, aunque sea a través del humor y la sátira. Proyectos como Simplemente Cándido siguen desnudando lo que nos fastidia de nuestra sociedad.

Simplemente Cándido

Jesús A. Zambrana

Edición de autor, 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en agosto 4 de 2019.

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

Receta: Risotto de tomate

Este fue el plato que preparé ayer. Consiste en un risotto de tomate servido con la carne de su predilección. Yo tenía unas chuletas, así que eso fue lo que cociné, pero los vegetarianos podrían sustituirlas con setas o alguna confección semejante. Las chuletas, sin embargo, son fáciles de preparar. Les das un masaje con aceite de oliva, sal, pimienta y orégano (piensa que es un amante al que quieres impresionar… y después asar), y las metes en la nevera por par de horas. Luego, enciendes el horno en 425 grados Fahrenheit para meter las chuletas una vez el horno llegue a la temperatura indicada. Tardan una hora. Yo las viro a mitad de camino. En cuanto a dónde colocarlas, puedes utilizar una bandeja de asar o una sartén de hierro. En mi caso, utilicé la bandeja cubierta con papel de hornear —así no se pega y es más fácil de limpiar—.

Cuando falte media hora para las chuletas, es hora de comenzar con el risotto. Por cierto, conseguí esta receta en un juego de video (créalo o no) y la ajusté con otras de libros de cocina. Ambos, el juego y los libros, son de Gordon Ramsay. Necesitarás lo siguiente para servirles a 2-4 personas:

1 taza de risotto arborio o lo que consigas en tu supermercado. Si la cosa está difícil, hasta arroz grano corto sirve, ya que el risotto es arroz, a pesar de lo que puedan creer algunos. No es una pasta en forma de arroz (ese es orzo).

2 cucharadas de aceite de oliva

1 chalote (shallot, en inglés). SI no lo consigues, puedes usar una cebolla pequeña y un diente de ajo. Los picas en trozos minúsculos, sea el que sea.

1 taza de vino blanco. Si no tienes, puedes usar vinagre de vino, pero en ese caso utiliza una cucharada. Estamos coicnando risotto, no un sour patch kids. Si no tienes ninguno de los dos, no uses nada.

1 taza de tomates tipo uva (grape tomatoes, en el difícil), cortados por la mitad. Si no consigues los tipo uva, usa los cherry. Puedes usar más de una taza, si deseas.

4 cucharadas de mantequilla (no margarina; si estás pendiente a las grasas, este plato no es para ti).

1 puñado de arúgula.

3 tazas de caldo de pollo (chicken stock en el lenguaje de Shakespeare). Yo hago el mío. Hiervo las partes de los pollos que no utilizo con algunos vegetales y lo guardo en el congelador. Si eres vegetariano, puedes utilizar caldo de vegetales. Si eres vegano, dudo que leas esto, pero tú sabrás mejor que yo qué sustituir.

3 cucharaditas de sal.

Pimienta fresca, para moler.

2 cucharadas de queso de cabra (puede ser mascarpone o gorgonzola, pero el primero es bien neutral en cuanto a sabor y el segundo, un chin picante).

Lo primero que debes hacer es cortar lo que debes picar, descongelar lo que tengas que descongelar, etcétera. Una vez pongas el sartén al fuego, es muy tarde para hacer preparación. Además, te recomiendo que leas la receta completa antes de cocinar nada.

Necesitarás una sartén honda, y una olla para confeccionar salsas. Vea las fotos para que sepa cuáles uso yo. Las conseguí en Marshall’s por $20 hace seis años y espero que me duren el resto de la vida. Además, debes usar una cuchara de madera.

Enciende la hornilla en medio-alto (como un 6 de 10) y otra en medio (5). Debes conocer cómo funciona tu estufa, ya que todas varían. Algunas hornillas calientan mejor que otras. Estás buscando una temperatura caliente en la primera, pero que no queme el arroz a la sartén. En la segunda, añade la matequilla y, una vez se derrita, los tomates. Remuévelos de vez en cuando hasta que los tomates se «desinflen»y baja la temparatura a 1 o «Low».

A la segunda sartén le echarás el aceite de oliva y espera un minuto. Ahora, va el chalote (o sustituto razonable). Dale un minuto también. Quieres caramelizarlo, no quemarlo. Si ves que se torna marrón muy rápido, baja el fuego un poco (si estaba en 6, pues 5, ahora). Añade el risotto. Menea todo por medio minuto y añade el vino. Sigue removiendo todo. Quieres que el vino se reduzca o espese un poco a la vez que raspes lo que se haya pegado a la sartén, hasta la fecha. Una vez se evapore parte del vino, añades una taza de caldo de pollo y sigue removiendo todo con la cuchara de madera.

Tomemos un aparte aquí: lo difícil del risotto es que debes remover todo constantemente por 20 minutos, más o menos. No es como el arroz guisado que puedes irte por ahí en lo que seca y después abandonarlo una vez bajes la temperatura. El risotto es celoso y en necesidad de atención. Es como una pareja con baja autoestima, que necesita constante atención y mimos, pero al menos el arroz te recompensará al final. No te abandonará a través de mensaje de texto luego de drenarte por meses o años… ajem. La cuestión es que el risotto necesita toda tu atención por veinte minutos (tal vez más).

Una vez evapore el caldo, que el arroz parezca magma, añades media taza más de caldo y remueves. Repites esto hasta que solo quede media taza de caldo. Como dije, debe tardarse como veinte minutos este proceso, pero puede ser un poco más. Con una cucharita, prueba un poco de arroz. Si aún está duro, añade media taza de agua, si se acabó el caldo. Cuando ya el arroz esté tierno, añade la última media taza de líquido (sea caldo o agua). Añade, además, el queso de cabra, los tomates cocidos en mantequilla, la sal y pimienta. Remueve hasta que volvamos a la consistencia de magma. Ahora añadimos la arúgula y removemos un poco más para que amortigüe un poco. La carne debe estar lista también así que podemos servir. El risotto sabe mejor acabadito de preparar, así que los comensales deben estar sentados a la mesa, listos para comer. Si no, diles que acaben y se sienten, que es hora de comer.

Es un plato sencillo, pero conlleva trabajo en la cocina. Saldrás sudado, pero vale la pena. ¡Buen provecho!

[wpedon id=»3319″ align=»center»]

 

 

Reseña: El vuelo de Las águilas imperiales

Viaje a Pompeya

La erupción del volcán Monte Vesubio y la destrucción de las ciudades de Pompeya y Herculano son terreno fértil para la ficción. El vuelo de Las águilas imperiales, la nueva novela de corte fantástico del puertorriqueño Víctor Manuel Rivera, se suma a la lista de novelas, películas y series de televisión que han jugado con la premisa. En ella una joven boricua, Aracelis, viaja al pasado un poco antes de la erupción del volcán. Una vez Aracelis se da cuenta de que el volcán matará a los habitantes, se da a la tarea de salvarlos. Por supuesto, nadie le hace caso y ella no encuentra la manera de convencerlos, semejante a la manera en que el cambio climático se ignora hoy día, a pesar de toda la evidencia. Eventualmente, sucede el desastre natural y Aracelis regresa al presente.

El tema del viaje por el tiempo se da por medio de una experiencia mística o divina, lo cual es digno de estudiar un poco. Las historias que suelen incluir este tipo de viaje al pasado o al futuro suelen clasificarse en el género de la ciencia ficción, como La máquina del tiempo, de H.G. Wells, pero en este caso, como tiene una explicación que no involucra la ciencia, pasa a ser fantasía, algo así como Las crónicas de Narnia, de C.S. Lewis. En efecto, así es que funciona el viaje temporal de Aracelis en El vuelo de Las águilas imperiales: ella entra en una cueva cerca de Pompeya en el siglo XXI y aparece en el año 79 d. C. Allí conoce a Archellio, un joven pompeyano que se convierte en su amigo. Aracelis pasa un tiempo en el pasado hasta que comienza a sentir la urgencia de salvar a los habitantes de la ciudad. A la vez, se encuentra con dos versiones adicionales de ella misma. El texto lo explica como un milagro de trilocación o de estar en tres lugares a la vez. Aunque el elemento se introduce y se explica, no toma mucha más relevancia dentro de la trama.

Los temas del cristianismo y de la persecución que sufrieron los cristianos están muy presentes en la novela. Sin embargo, tienden a tomar un tono discursivo, que detiene la trama en ciertos puntos.

Construir estos mundos ficticios es una tarea ardua, aun más cuando se trata de hechos históricos. En este caso, hay momentos en que se utilizan términos anacrónicos que tienden a “sacar” al lector del antiguo Imperio romano. Por ejemplo, se menciona el D-Day o el desembarque en Normandía durante la Segunda Guerra Mundial para describir el día en que el volcán estalla, o se usan nombres italianos en vez de romanos, como Petrochelli, un nombre más propio de la era del Renacimiento que de la era del Imperio romano.

El concepto de la novela parece sólido, pero hay ciertos puntos en la ejecución que hay que subsanar. Por ejemplo, la trilocación apenas se explora de manera práctica por los personajes. Las tres versiones de Aracelis funcionan como personajes distintos, que actúan independientemente, sin ninguna saber lo que hacen las demás. Además, una de ellas es diez años mayor que las otras dos y nunca se explica el porqué. Las interacciones entre las mujeres son limitadas, por tanto, a los lectores no se les da la oportunidad de presenciar el fenómeno para por lo menos conjeturar cómo podría suceder dicho milagro. En fin, es una idea prometedora en necesidad de edición.

El vuelo de Las águilas imperiales

Víctor Manuel Rivera

IPADE, 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en julio 28 de 2019.

[wpedon id=»3319″ align=»center»]