{"id":36,"date":"2006-05-09T17:07:00","date_gmt":"2006-05-09T17:07:00","guid":{"rendered":"http:\/\/elblogdeborges.wordpress.com\/2006\/05\/09\/cuatro-pies-al-margen-parte-iii\/"},"modified":"2006-05-09T17:07:00","modified_gmt":"2006-05-09T17:07:00","slug":"cuatro-pies-al-margen-parte-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elblogdeborges.com\/?p=36","title":{"rendered":"Cuatro pies al margen, Parte III"},"content":{"rendered":"<p>Haga clic <a href=\"http:\/\/elblogdeborges.blogspot.com\/2006\/05\/cuatro-pies-al-margen-partes-i-y-ii_01.html\">aqu\u00ed<\/a> para partes I y II.<\/p>\n<p align=\"center\">III.<\/p>\n<p align=\"justify\">El resto del viaje fue silencioso. Cuando el veh\u00edculo al fin se detuvo, Valeria sinti\u00f3 las manos de sus captores en los brazos; la forzaban a caminar con ellos. No sab\u00eda d\u00f3nde estaba, pero la peste a basura, excrementos y qu\u00edmicos casi la hacen vomitar dentro de la capucha. Sinti\u00f3 que entraba en alg\u00fan edificio, y de pronto pudo respirar otra vez.<br \/>\nTodav\u00eda en silencio, la sentaron y la amarraron de nuevo.<br \/>\n\u2014Qu\u00edtale eso \u2014escuch\u00f3 decir a Dos Minutos. Una mano sudada, casi gelatinosa, levant\u00f3 de la cabeza de Valeria una m\u00e1scara negra para esquiar. Se la hab\u00edan colocado al rev\u00e9s sobre la cabeza. Al fin pudo ver sus alrededores.<br \/>\nParec\u00eda un almac\u00e9n, ya en desuso, convertido en un espacio para vivir. Le record\u00f3 a una aldea primitiva. El lugar apenas estaba iluminado con unas pocas bombillas amarillentas. Not\u00f3 unos catres en el piso de concreto, que le recordaban a los refugios usados por las autoridades cuando hab\u00eda un desastre. No pod\u00eda imaginarse viviendo en un lugar como \u00e9se.<br \/>\nPens\u00f3 que deb\u00eda estar en Los Bajos. Record\u00f3 un reportaje acerca del lugar. Era donde viv\u00edan los pocos rebeldes que rehusaban formar parte del mundo corporativo y los criminales. Casi nadie que entraba en Los Bajos volv\u00eda a salir.<br \/>\nAunque no era de su agrado, tampoco le pareci\u00f3 tan mal lugar como el descrito en el reportaje.<br \/>\nParec\u00eda que unas siete u ocho personas viv\u00edan all\u00ed, pero s\u00f3lo pod\u00eda ver a tres hombres. Uno de ellos coloc\u00f3 una silla desplegable frente a ella y se sent\u00f3 con el pecho recostado del espaldar del asiento. Luc\u00eda una camisa, unos mahones y unas botas de trabajo, todos negros. Valeria no pod\u00eda apartar la vista de la pistola que ten\u00eda el hombre en la baqueta del cintur\u00f3n.<br \/>\n\u2014Bien. Esto es lo que va a suceder \u2014dijo el hombre. Por la voz, Valeria lo reconoci\u00f3 como Dos Minutos\u2014. En unos minutos va a llegar un cami\u00f3n repleto de personas\u2026 enfermas. Usted los va a atender lo mejor que pueda, pero no hasta que yo le diga. \u00bfEntendido?<br \/>\n\u2014Pero, no estamos en la cl\u00ednica\u2026 \u00bfC\u00f3mo voy a atenderlos?<br \/>\n\u2014 \u00bfQu\u00e9 cree que hac\u00edamos all\u00ed? Limpiamos la cl\u00ednica, doctora. Casi todo est\u00e1 aqu\u00ed \u2014dijo, apuntando a una esquina, donde estaba la mayor\u00eda de los instrumentos, equipos y medicamentos del consultorio de la doctora\u2014. No esper\u00e1bamos que volviera, pero nos aprovechamos para utilizar sus\u2026 destrezas. No es lo mismo vender el \u201cmaterial\u201d que vender los servicios de alguien que sabe utilizarlo.<br \/>\nAntes de Valeria contestar, los interrumpi\u00f3 un hombre de apenas cinco pies de estatura, ropa manchada y espejuelos.<br \/>\n\u2014 Llegaron, Jefe \u2014dijo. Al o\u00edrle la voz, Valeria supo que el hombrecillo era Visitante.<br \/>\nEl tercer hombre abri\u00f3 una puerta de metal por la antigua \u00e1rea de embarque del almac\u00e9n, para permitir que entrara un cami\u00f3n en reversa. Una vez se detuvo, el conductor y tres hombres m\u00e1s se bajaron del veh\u00edculo mohoso y abrieron el vag\u00f3n. Valeria se sorprendi\u00f3 al ver un veh\u00edculo tan viejo en funcionamiento.<br \/>\nEl vag\u00f3n estaba lleno de personas en varios estados de agon\u00eda. Parec\u00edan sacos, por la forma como estaban acostados.<br \/>\nDos Minutos comenz\u00f3 a desatar a Valeria mientras le recordaba:<br \/>\n\u2014No hagas nada al menos que te d\u00e9 permiso. \u00bfEntendido?<br \/>\nLa doctora, en silencio, asinti\u00f3 con la cabeza.<br \/>\nDespu\u00e9s de liberarla, Dos Minutos la llev\u00f3 del brazo hasta el vag\u00f3n.<br \/>\n\u2014 \u00bfEl dinero? \u2014le pregunt\u00f3 al conductor. Luc\u00eda una camiseta gris, mahones azul, un abrigo blanco y unas gafas oscuras que hab\u00eda puesto encima de la cabeza, como una tiara.<br \/>\nEl conductor mir\u00f3 a uno de sus acompa\u00f1antes. \u00c9ste sac\u00f3 de su bolsillo un peque\u00f1o objeto rectangular y lo mostr\u00f3, como si fuera una identificaci\u00f3n. Aunque apenas hab\u00eda visto uno, Valeria lo reconoci\u00f3 como un acreditador, mayormente usado por personas no registradas en la Comisi\u00f3n de Cr\u00e9dito. Una herramienta indispensable para los marginados. Era el equivalente de dinero en efectivo, d\u00e9cadas atr\u00e1s.<br \/>\n\u2014Grey\u2026\u2014dijo Dos Minutos, asintiendo con la cabeza hacia Visitante. \u00c9ste tom\u00f3 el acreditador y lo insert\u00f3 en un lector.<br \/>\n\u2014Cinco mil \u2014dijo Grey.<br \/>\n\u2014Dije 250 cr\u00e9ditos por cada uno. Hay m\u00e1s de veinte ah\u00ed \u2014dijo, con la mano derecha acariciando el mango de la pistola.<br \/>\n\u2014Oye, Mercurio, s\u00f3lo son tres m\u00e1s \u2014dijo el conductor\u2014. S\u00e9 reaccionable\u2026<br \/>\n\u2014 \u00bfRecuerdas el trato? Cuando hablamos, te pareci\u00f3 ra-zo-na-ble \u2014dijo Mercurio, en voz alta y con un \u00e9nfasis obvio en la \u00faltima palabra\u2014. Ya pasamos la parte de la negociaci\u00f3n\u2026 ahora estamos en la transacci\u00f3n. As\u00ed que, escoge los veinte que la doctora va atender o produce los 750 adicionales, pero no voy a regalar servicios.<br \/>\nDesde su posici\u00f3n, Valeria observ\u00f3 a los enfermos. Aunque estaba lejos, determin\u00f3 que ninguno sobrevivir\u00eda mucho tiempo sin atenci\u00f3n m\u00e9dica.<br \/>\n\u2014Mercurio, \u00bfs\u00ed? \u2014dijo la doctora\u2014. No puedo dejar a ninguno sin tratamiento\u2026 ser\u00eda una sentencia de muerte.<br \/>\n\u2014Doctora, \u00bfrecuerda mi advertencia? \u2014pregunt\u00f3 Mercurio. Esper\u00f3 a que asintiera y a\u00f1adi\u00f3, ahora con la mano recostada de la pistola: \u2014Si usted toca a uno m\u00e1s de lo acordado, terminar\u00e1 igual de muerta que su paciente.<br \/>\n\u2014No creo que usted me matar\u00eda \u2014respondi\u00f3, sin saber de d\u00f3nde sac\u00f3 las agallas.<br \/>\nMercurio la mir\u00f3 a los ojos. En ese momento, Valeria se dio cuenta de cu\u00e1n err\u00f3nea era su aseveraci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Haga clic aqu\u00ed para partes I y II. III. El resto del viaje fue silencioso. Cuando el veh\u00edculo al fin se detuvo, Valeria sinti\u00f3 las manos de sus captores en los brazos; la forzaban a caminar con ellos. 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