Reseña: Catorce colmillos

Surrealismo fantasmagórico

La ciudad de París está repleta de elementos inspiradores para cualquier escritor. Gran parte de los clásicos toman lugar en la ciudad francesa, al punto que sentimos conocerla aun si nunca la hemos visitado. Debo confesarme culpable de este fenómeno, ya que hace algunos años escribí un cuento inspirado en la ciudad (“Como en París”), así que tampoco sorprende que la ciudad de las luces inspire a otros a hacer lo mismo. En este caso, el mexicano Martín Solares opta por caracterizar a la capital francesa más por sus tinieblas que por sus luces en una mezcla de novela detectivesca y terror con Catorce colmillos.

La novela se ambienta en 1927, en un París más raro de lo usual. Aquí, los seres vivientes comparten las calles con fantasmas, vampiros y licántropos que interactúan en su diario vivir (o su diario morir, tal vez), aunque la mayoría no lo sepa. Debido a esto, la Policía mantiene una división que aplica la ley para estos entes de penumbra. Los lectores vivirán la experiencia desde el punto de vista de Pierre Le Noir (Pierre El Negro, en francés) un joven detective que puede ver y conversar con fantasmas. La acción comienza cuando se investiga la misteriosa segunda muerte (vivió cien años antes, murió, fue fantasma y murió otra vez) de un falsificador de documentos, que aparece con catorce heridas puntiagudas y sin una gota de sangre en el cuerpo. En el curso de la investigación, Le Noir entrevistará a una vampira, Mariska, que lo ayudará a resolver el crimen. En sus andanzas, también conocerá a personajes vivos (para esa época) y muertos como Oscar Wilde, Georges Simenon, Louis Pasteur, Pablo Picasso, André Bretón, Man Ray y Kiki de Montparnasse, entre otros.

Poco a poco, Le Noir y Mariska resuelven el enigma del cadáver y se explica cómo funciona este mundo oculto para la mayoría de los seres vivientes. A pesar de estar ambientada a principios del siglo XX, se puede notar que se describe con ciertas sensibilidades de nuestro siglo XXI. La novela tiene semejanzas con referentes culturales, como la película Betelgeuse, por la manera en que se refleja la burocracia en el mundo sobrenatural, que requiere pasaportes y citas, cuyas esperas pueden durar siglos; guarda semejanza también con el mundo de Harry Potter, por la manera en se describen las instituciones paralelas entre los seres vivos y muertos, algo así como la de los magos y los muggles de la mencionada serie.

La trama se desarrolla de manera entretenida y atrapante, cualidades esenciales para una novela de misterio. Tiene sus momentos cómicos, especialmente cuando Le Noir interactúa con personajes históricos famosos. Sin embargo, la conclusión llega de manera abrupta, ya que trae elementos que se utilizaron al principio de la novela, pero que no se prepararon mejor en el transcurso de la trama. El crimen que se resuelve tiene una explicación que no satisface del todo, debido a que no se caracteriza muy bien a los malhechores y deja cabos sueltos para una posible secuela. En fin, es una novela apropiada para un público que disfrute de los vuelos fantásticos que presenta la narración y es una buena manera de introducir los personajes del movimiento surrealista a quienes no se han encontrado con ellos antes.

Catorce colmillos

Martín Solares

Penguin Random House, 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en mayo 12 de 2019.

 

Publicación en Ciudad Seva sobre el arte de escribir ciencia ficción

Siento un inmenso honor en tener un escrito de mi autoría en las páginas de Ciudad Seva, una de las páginas de internet más visitadas por hispanoparlantes y mantenida por el Dr. Luis López Nieves. Mi escrito es una reflexión acerca de escribir ciencia ficción. Pueden leerla aquí . Espero que la disfruten.

Reseña: Mi tío Pachunga

Una novela pachunga

Si buscas la palabra pachunga en el diccionario, no la encontrarás. Es una invención del protagonista de Mi tío Pachunga, una novela para público juvenil de José Ignacio Valenzuela, mejor conocido como El Chascas. En ella se tratan diversos temas, como la discriminación, el acoso escolar (bullying), la homofobia y el divorcio; al igual que otros más positivos, como el pensamiento crítico, la curiosidad y la importancia de intentar las cosas, sin miedo a fracasar en la faena.

La historia comienza con Eva, una niña cuyos padres dejan en casa de su tío fraterno, Nino, por los tres meses que dura el verano. Sucede que los adultos están pasando por un proceso de separación y piensan darse un viaje solos para ver si pueden renovar el matrimonio. Mientras tanto, el tío Nino albergará a Eva en su hogar. Nino es el único familiar que puede quedarse con la niña, a pesar de ser un tío alejado del núcleo familiar. En el transcurso de la novela, se mostrará por qué Nino no forma parte integral en la vida de Eva hasta ese entonces, además de otras controversias de la familia.

De primera instancia, Eva se da cuenta de que su tío no es el típico adulto con quien está acostumbrada a tratar. Lo que más le llama la atención a la niña de diez años es que Nino utiliza la palabra “pachunga” para expresar todo tipo de sentimiento, desde coraje hasta alegría y todo entremedio. Se pasa haciéndole preguntas, se interesa por lo que ella quiere ser cuando grande y muestra respeto ante las respuestas y opiniones de la niña. De igual manera, tiene sus reglas en la casa, las llamadas ocho reglas de toda sana convivencia, cuya cantidad varía según él disponga. Algunas de las reglas son “Hacer solo preguntas pachungas”, “Masticar siempre con la boca cerrada” y “Jamás usar calcetines que no combinen con la correa”. Poco a poco, sobrina y tío logran entablar una amistad y complicidad que los ayudará a enfrentar las dificultades que los acecha, como un vecino insoportable y homofóbico, la profesión por la cual Eva se inclinará y el desenlace de la relación de los padres de la niña.

Las ocurrencias y los personajes que crea Chascas son memorables. Con Eva crea una narradora que, a pesar de narrar los hechos desde un punto de vista adulto, mantiene la manera de experimentar las cosas de una niña. De igual manera, crea, con el tío Nino, un personaje simpático y excéntrico, lleno de entusiasmo y de una tristeza que lo agobia. Ambos personajes aprenderán del otro. Deja con las ganas de seguir las aventuras de estos dos cuando llegamos al final y tal vez es lo único que le hace falta a la novela. La historia de Nino y Eva termina de repente con el final del verano, y algunos conflictos, como el del vecino, parecen quedarse suspendidos. No estaría de más otra visita al tío Nino. Sería una “pachunga” manera de complacer a los lectores de esta simpática historia.

Mi tío Pachunga

José Ignacio Valenzuela

Alfaguara, 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en mayo 5 de 2019.

Reseña: La caída

Una lucha contra la epilepsia

Aunque no las padezco, la epilepsia y las convulsiones que suele provocar han estado muy presentes en mi vida. Mi padre sufrió ataques epilépticos cuando entró en su sexta década de vida (eventos muy traumáticos para presenciar a temprana edad), una compañera de escuela y otra de trabajo murieron debido a ataques epilépticos y hasta tuve un profesor de maestría que no conducía su auto por precaución a que no sufriera una convulsión al volante. Por tanto, cuando leí La caída, la primera novela del puertorriqueño José Julio Rodríguez, tenía cierta familiaridad con el tema. No obstante, había mucho más que aprender, según me di cuenta al leer este texto.

Esta novela trata de un hombre que ha sufrido toda la vida de convulsiones. Se narra cómo empezaron, qué las provocaban y el tratamiento que recibía en los años ochenta y noventa, en el oeste de Puerto Rico. No es una narración lineal: el protagonista narrador cuenta sus vivencias en tiempos actuales y su historia se devela a manera de retrospecciones largas. A través de sus recuerdos, viviremos no solo sus primeras experiencias con este padecimiento, sino que presenciaremos también las reacciones de sus padres, familiares, amigos y compañeros escolares. Si bien es traumático el periodo de pubertad para cualquiera, más intenso aún lo es para alguien con convulsiones, que sufrió una operación para extirparle un tumor cerebral benigno y que perdió parte de su movilidad en el lado izquierdo del cuerpo. Es un recuento detallado y crudo de las vivencias del personaje, especialmente cuando la libido se le despierta y comienza a tener sus primeras fantasías y obsesiones sexuales con las pocas mujeres que lo rodean.

La novela muestra, además, los efectos sicológicos que pueden sufrir los que padecen de esta enfermedad. La contemplación del suicidio y la soledad que sufren son solo dos de los muchos efectos que sufre el protagonista. A la vez, hay referencias a figuras más conocidas que sufrieron de este mal, como el pintor Vincent van Gogh y el cantante Ian Curtis, de la banda musical Joy Division. Se nota que es una búsqueda por lidiar con la enfermedad que agobia al protagonista hasta que alcanza o no su paz con su destino.

La caída es una obra muy bien narrada, con unas descripciones detalladas y certeras: los lectores podrán visualizar y sentir lo que sufre el protagonista de manera clara lo que a muchos se nos puede hacer casi imposible de describir. Las diferentes intervenciones quirúrgicas y experiencias con los médicos se narran de manera interesante e instan a que los lectores averigüen qué sucederá. Los desenlaces de las situaciones frustran un poco, sin embargo. Esto no sucede tanto por las ambigüedades que suelen tener los resultados médicos, ya que, como podría explicarles cualquiera, así suelen ser en la mayoría de los casos, sino por la manera en que se resuelven las interacciones con los demás personajes en la trama. Estas relaciones tienden a quedarse suspendidas, sin que se resuelvan de alguna manera.

Como mencionado antes, La caída representa la primera publicación de José Julio Rodríguez. Esperemos que sea la primera de muchas.

 

La caída

José Julio Rodríguez

Editorial Laberinto, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en abril 28 de 2019.

Reseña: En el oscuro reino de la Garúa

El lado oscuro de la Garúa

Escribir ciento un cuentos, por más cortos que sean, es una tarea ardua. Hay que pensar en esa cantidad de situaciones, finales y un sinnúmero de personajes para poder completar la hazaña. En el caso de minicuentos, también hay que ingeniarse esa cantidad de finales impactantes, que causen algún tipo de efecto o impresión en los lectores. Si consideramos que maestros de la talla de Cortázar o Atwood, por mencionar dos ejemplos, han tardado años o décadas, en algunos casos, en escribir y publicar sus colecciones de cuentos, tal vez podemos comprender el desafío que es completar una colección como El oscuro reino de la Garúa: segunda jornada, del puertorriqueño Emilio del Carril.

El título hace referencia al reino mencionado en él, donde existe una competencia en que los cuentistas declaman sus cuentos frente a un público por un determinado periodo. En este volumen, que es el tercero de Emilio del Carril, seguimos los cuentos de M, que es a quien le toca esta vez. Al principio se revela el origen del personaje en los mitos bíblicos y, una vez comienza a contar, no volvemos a verlo hasta que termina sus relatos, al final. Funciona como un marco para los 101 cuentos del libro.

Al igual que en los volúmenes pasados, los cuentos son ficciones breves, de una extensión que no sobrepasa las tres páginas y, en muchas ocasiones, no son más de uno o dos párrafos. Los temas son variados, aunque muchos tienen que ver con la pérdida del amor y de la ilusión o ingenuidad. Muchos utilizan personajes conocidos, mientras que otros hacen referencia a otras obras literarias y sus autores, como “La carta”, de José Luis González; el folclórico flautista de Hamelín, o “El Aleph”, de Jorge Luis Borges; entre muchos otros. Otro elemento predominante en los cuentos es el huracán María, tanto el efecto inmediato del fenómeno atmosférico, como las secuelas de la catástrofe tanto natural como la creada por los ciudadanos y el gobierno. Abundan las referencias a los meses sin electricidad, los días de escasez y las horas perdidas en filas para combustible, dinero o comida.

Algunas de las narraciones que destacan son “Venta rápida”, que en una sola oración destila la desesperación de no haber cumplido las metas que nos trazamos en la vida; “Espejismos II”, otro cuento brevísimo, juega con la percepción y el pensamiento, algo así como una ilustración de M. C. Escher; “La consecuencia (La eternidad I)” es otra corta narración que ilustra la percepción de la eternidad y cuán relativa puede ser; la manera en que creamos nuestras propias prisiones se refleja en “El poder de la costumbre”.

En general, los cuentos más efectivos de la colección son los que instan al lector a reflexionar y pensar en lo presentado, sin forzarlo a ello. Cuando las narraciones pretenden dar una lección o criticar severamente, como sucede en “Vengo a devolver un libro…”, no son tan efectivas como en los cuentos ilustrados antes. Los cuentos de En el oscuro reino de la Garúa representan un esfuerzo ambicioso con lecturas muy ingeniosas. Marca, además, un periodo específico de la historia puertorriqueña y sirve de testamento de nuestra sociedad pos-María.

 

En el oscuro reino de la Garúa: segunda jornada

Emilio del Carril

País invisible, 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en abril 21 de 2019.

Reseña: Preciosos perdedores

Perdedores en escena

Una mujer inventa su identidad a la menor provocación, deja la vida con su marido y se muda a Filadelfia. Un hombre desea ir a la playa solo, pero se le hace difícil lidiar con que otras personas lo vean allí. Otro hombre recuerda su antigua novia y se imagina cómo habría sido la vida con ella si la chica no hubiese muerto. Estos solo son tres de los protagonistas de Preciosos perdedores, el libro de cuentos del puertorriqueño Sergio Gutiérrez Negrón. En esta colección, nos toparemos con personajes algo misantrópicos, gente que no son normales del todo; son el tipo de personajes recurrentes en la literatura, como Bartleby o Wakefield. Tal vez hasta conozcamos a alguien así o nos reconoceremos en ellos.

Casi todos los cuentos se ambientan en Puerto Rico, específicamente en Caguas o áreas colindantes. Son relatos muy contemporáneos que muestran nuestro entorno tal cual, sin romantizar innecesariamente y tampoco tratarlos con desprecio. El primer cuento, “El welcome”, trata de una adolescente en una fiesta escolar que busca la manera de bailar con el chico que encuentra guapo, pero antes conoce a otro con quien entabla cierta amistad.

“De paso”, “Escena en un fastfood en Caguas” y “Gente que va sola a la playa” son los cuentos mencionados al principio de este escrito. Contienen personajes memorables en situaciones cotidianas, cuyas vidas cambian para siempre, sin ellos darse cuenta del giro que dan sus historias.

“Lo bailado” trabaja con una mujer cuya madre la abandonó, pero años después se la encontrará mientras bailan, actividad que ambas disfrutan como un espacio intocable en sus vidas. En “Los ruidos”, un hombre acostado con su pareja escucha cómo un ladrón entra a la casa a robar. Sin embargo, no interfiere por no despertar a su compañera, que no soporta que la despierten. “La bomba” relata la visita de un joven a una sicóloga. El muchacho le cuenta cómo su abuelo, bajo órdenes de una entidad del gobierno, vigiló una, aparentemente, devastadora bomba toda su vida. Estos últimos dos cuentos mencionados tienen un toque de lo absurdo, algo así como los cuentos de Franz Kafka.

Gutiérrez Negrón emplea una prosa limpia para narrar sus historias de corte minimalista. Todas son situaciones bastante normales regidas por las acciones de sus personajes incapaces de ajustarse a lo que consideraríamos normal. Como comentaba Anton Chejov, el escritor ruso del siglo XIX y maestro de la cuentística moderna, “se conocieron, se casaron y fueron infelices”, solo que estos perdedores preciosos suelen omitir ese segundo paso. Es algo más como: “eran infelices, se conocieron y siguieron infelices”. Se trata de otra muestra más de la versatilidad literaria de Sergio Gutiérrez Negrón. Enhorabuena.

Perdedores preciosos

Sergio Gutiérrez Negrón

Alayubia, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en abril 14 de 2019.

Reseña: Por ahí viene el huracán

El huracán para niños

Se comenta a menudo (tal vez por mí mismo en estas mismas páginas) que el huracán María marcó un antes y un después en las vidas de los puertorriqueños. Ese fenómeno atmosférico y desastre, tanto natural como humano, cambió nuestra manera de ver la vida y hasta la percepción del tiempo. Sé de muchos que recuerdan el final del 2017 y el 2018 como si durara más de un año (me incluyo). Los niños, especialmente los más pequeños, parecieron adaptarse mucho mejor a la situación, sin embargo. No quiere decir que no sufrieron repercusiones, pero parece que se adaptaron a los cambios repentinos mucho más rápido que los adultos. En cierta manera, Por ahí viene el huracán, libro infantil escrito por Laura Rexach Olivencia e ilustrado por Mya Pagán, refleja este cambio de percepción eficazmente.

El cuento trata de Isa, una niña que vive con sus padres y su preparación antes del huracán. Los lectores seguirán los pasos de la niña durante estos preparativos. Comprar comestibles, reforzar ventanas y puertas, asegurar mascotas y prepararse para sufrir el embate con libros, crayones y juguetes son algunas de las actividades que Isa lleva a cabo. Durante esta etapa, el cuento mantiene un perspectiva optimista y casi alegre. Este tono cambiará drásticamente cuando llegan los vientos y la familia se ve forzada a sacar el agua que entra en la casa, así como nos pasó a muchos. Si bien se mantiene ese tono de alerta y peligro durante el huracán, la devastación refleja otro punto de vista muy distinto.

Luego, del paso de los vientos huracanados, Isa y su familia deben enfrentar las consecuencias del desastre. Revivimos desde su punto de vista las filas para comestibles y combustible, la falta de comida, agua e información, y eventualmente, la pérdida de amigos que deben abandonar la Isla para poder sobrevivir, ya sea por motivos de salud o de trabajo. Esta época oscura se refleja muy bien en el cuento y trae recuerdos de ese triste periodo de incertidumbre y escasez.

La autora logra una narración ágil, de fácil lectura para los pequeños. Incluye un glosario para aclarar los significados de las palabras que podrían darles problemas y hasta un audiolibro digital para acompañar la lectura. Por último, las ilustraciones de Mya Pagán logran reflejar la acción y el tono de la acción que se narra, sin abandonar el estilo único que le ha generado atención en su carrera.

Por ahí viene el huracán puede ayudar a refrescar la memoria y prepararnos emocional y mentalmente, al igual que presentarles a nuevas generaciones lo que podrían enfrentar cuando inevitablemente llegué el próximo fenómeno atmosférico. Por lo menos, sé que a mí me servirá de recordatorio cuando ese momento llegue; esperemos que no sea pronto.

Disponible en Libros787

 

Laura Rexach Olivencia

ilustrado por Mya Pagán

Editorial Destellos, 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en abril 7 de 2019.

Entrevista a Mayra Santos Febres

Aquí el video de mi entrevista a Mayra Santos Febres en Casa Norberto en Plaza las Américas el 6 de marzo de 2019. Fue una conversación muy amena en la que hablamos de casi todo.

Reseña: Santurce y 8 crónicas de viaje

Ocho vistas a Cangrejos

Quien ame Santurce profesa un amor genuino. Es una parte de la ciudad de San Juan que tiene su propio carácter y encanto, pero que no se hace fácil de querer. Si deseas disfrutar de un rumbón en el Bonanza, tienes que estar dispuesto a buscártelas para estacionar el carro, darles dinero o ignorar a los mendigos en busca de su cura y no escandalizarte con los adolescentes y preadolescentes que transitan las calles en sus bicicletas, entre un sinnúmero más de experiencias únicas del sector. A Cangrejos, el nombre original de Santurce, no le importa lo que te incomode; te toca ti lidiar con ella, no viceversa. El libro de crónicas Santurce y 8 crónicas de viaje, editado por Armindo Núñez Miranda, nos permite diferentes puntos de vista de distintos sectores de esta parte de San Juan.

Comienza con una crónica de Luis Trelles Hernández que nos permite perseguir y observar a Carmelito, un adicto a heroína que pasa su tiempo entre un centro de acopio de metales en Tras Talleres hasta el punto, donde puede comprar su narcótico ilícito que simplemente necesita para subsistir. Es una historia muy reveladora que explica cómo funciona tanto la vida de lo que coloquialmente se le conoce como tecato, hasta el mercado global de metales y sus consecuencias en las urbes, específicamente en Puerto Rico.

Le sigue Hermes Ayala Guzmán, que nos cuenta cómo prosigue la vida dentro del residencial Luis Llorens Torres luego de que se lograra cierto tipo de paz entre las pandillas de narcotraficantes en la zona. Es también una reflexión de cómo la sociedad logra marginalizar y demonizar a la llamada clase pobre. Carla Cavina Meléndez nos lleva por los mangles de Piñones, el caño Martín Peña, la laguna San José y otros cuerpos de agua para mostrarnos la vida de los pescadores. Además, muestra cómo las comunidades que hacen orilla a estos cuerpos de agua sienten el impacto de los deshechos que producen otras comunidades aledañas, de clase media y alta, sin que nos demos cuenta de ello.

El deporte, específicamente el béisbol, toma protagonismo en la crónica de Pedro Zayas Roura, que nos cuenta la historia de los Cangrejeros de Santurce. De igual manera, enseña otras actividades deportivas que han sucedido a través del tiempo, como las carreras de caballo que se llevaban a cabo en el antiguo hipódromo que había en Santurce, aunque hoy día no se sabe con exactitud dónde. Por su parte, Mariana Reyes Angleró relata la historia del mencionado Bonanza en la calle Eduardo Conde y la importancia de la plena de Ismael Rivera (Nota: en la edición impresa, cometí el error de usar el apellido Miranda en vez de Rivera. Sé la diferencia entre ambos, pero por alguna razón siempre me confundo con los apellidos. Pido disculpas y doy gracias a Pepe Muñoz, que me corrigió). Otra faceta de la historia musical santurcina toma protagonismo en el escrito de Hiram Guadalupe Pérez, que explica la vida e historia del bolero y cómo este género musical se desarrolló en Cangrejos.

Manuel Clavell Carrasquillo y Herminio Rodríguez muestran el lado LGBT de la ciudad durante la noche Halloween. El espectáculo carnavalesco lo ilustran el primero con sus palabras y el segundo con la lente de la cámara en un recuento casi tan embriagador como las bebidas que se venden en las barras y los quioscos del sector.

La situación de la transportación pública es el encargo de Laura Moscoso Candelas. En su escrito no solo presenciamos las diferentes rutas (algunas eficientes, otras con las cuales se pueden mandar a buscar la muerte) de los autobuses de la AMA, sino que también veremos las escenas folclóricas y bastante únicas que se desarrollan en estos viajes.

Edwin Quiles Rodríguez cierra el volumen con un epílogo que astutamente describe las condiciones de la ciudad a nivel peatonal. La compara como un libro que los peatones pueden “leer” con sus pasos y observaciones. Sin embargo, la lectura de la ciudad según la describe el autor muestra más tristeza por la falta de planificación y la insistencia de revitalizar el sector sin contar con la gente que la habita.

El recorrido textual en este libro permite que los lectores vivan parte de la experiencia santurcina. Es, de momentos, una celebración de la ciudad y, a la vez, una reflexión nostálgica de lo fue y puede ser. Es claro que los habitantes, presentes y pasados, amamos a Cangrejos, con todo lo bueno, malo y raro que contenga. Es por eso que tanta pena nos causa que gobernantes y grandes intereses solo busquen lucrarse de la ciudad, sin idea alguna de lo que es habitarla. Tal vez si leyeran este libro lograrían comprender.

 

Santurce y 8 crónicas de viaje

Editado por Armindo Núñez Miranda

Museo de Arte Contemporáneo, 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en marzo 31 de 2019.

 

Reseña: Antonia: tu nombre es una historia

El caso de Antonia

Es imposible medir la tragedia de una vida joven perdida, aun más cuando se trata de una estudiante con buenas notas, a punto de graduarse y entrar al servicio público como maestra. Uno se pregunta cómo habría afectado la vida de un sinnúmero de estudiantes, cuántas vidas pudo haber transformado, de no encontrar la muerte a manos de un policía. El caso del que escribo es muy conocido: el de Antonia Martínez Lagares, cuyo nombre reconocerán muchos por la canción epónima que escribió en su honor Antonio Cabán Vale, “El Topo”, y de la cual el exjuez Hiram Sánchez Martínez usa uno de sus versos para titular su libro, “Antonia: tu nombre es una historia”.

El libro es una combinación de la investigación del autor sobre los hechos ocurridos en Río Piedras en marzo 4 de 1970 y sus recuerdos de la época, pues el autor conocía bastante bien a la víctima. Como algunos recordarán, durante un motín en la Universidad de Puerto Rico, el entonces rector de la institución pidió que la Fuerza de Choque entrara y sacara a todos los que estuvieran dentro del recinto. Esta “limpieza” a macanazos se extendió por las calles adyacentes a la universidad y, según se cuenta, provocó que unos jóvenes, entre ellos Antonia, les gritaran “abusadores” a unos policías que golpeaban a un muchacho, cuyo pie se había enredado en una alcantarilla. Acto seguido, uno de esos policías disparó hacia el balcón donde estaban los estudiantes y mató a Antonia de un disparo en la cabeza. Hirió, además, en el cuello, con la misma bala, a otro estudiante, Celestino Santiago Díaz.

Aunque hubo un acusado inicialmente, el proceso no se extendió más allá de la vista preliminar por falta de pruebas. Todavía hoy el caso se mantiene sin resolver. Sánchez Martínez, luego de enganchar la toga, decidió investigar el caso en aras de encontrar al culpable por la muerte de su amiga, a pesar de que habían transcurrido casi cincuenta años. Como exjuez, el autor logra darle un toque imparcial a los hechos y permite un análisis bastante certero, a mi juicio. Su visión ante las procedencias legales del caso de Antonia revelan de manera clara el porqué de las distintas decisiones de fiscales, defensa y jueces involucrados.

El autor repasa los hechos desde su memoria, ya que estuvo en Río Piedras aquel día, además de contar los sucesos anteriores y posteriores del asesinato. Los lectores podrán vivir (o revivir, según la edad) el ambiente y las tensiones entre los sectores gubernamentales, sociales y estudiantiles. Estos sectores se dividían entre los que combatían la militancia estadounidense, involucrada en la guerra de Vietnam y que buscaba más reclutas para su ejército, y los que estaban en contra de los movimientos independentistas y comunistas de la época. Antonia se convertiría en mártir a partir de su muerte.

Además de contar la situación social, Sánchez Martínez detalla las trabas que enfrentó durante su investigación: a lo largo de los años, el Gobierno de Puerto Rico se deshizo de todo documento relacionado con la muerte de Antonia. No obstante, el autor recurre a periódicos de la época, a testigos y a personas involucradas en el caso que aún viven. Al final, presenta una lista de personas con las que quisiera conversar y que, a su juicio, podrían ayudar a esclarecer el caso. Lo más triste de esta historia es saber que el potencial de una estudiante brillante desapareció, a manos de una persona que es parte de una institución a la que nunca le importó esclarecer ese crimen. Cincuenta años después, la Policía de Puerto Rico aún tiene una bajísima cifra de esclarecimientos de crímenes (23%, según reportado en este diario el 28 de diciembre de 2018, en “Esclarecen menos casos criminales en Puerto Rico en el 2018”). El Topo cantó que “los pueblos no perdonan; un día esa ley se ha de cumplir”. Esperemos que Hiram Sánchez Martínez logre lo que todo un aparato gubernamental ha sido incapaz de lograr.

Antonia: tu nombre es una historia

Hiram Sánchez Martínez

Publicaciones Gaviota, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en marzo 24 de 2019.