Bajo construcción

Hace unos días, cambié de proveedor de servicio para esta página. Con el cambio, se desorganizaron o dejaron de funcionar algunas cosas. De todas formas, ya un cambio es necesario así que pronto trabajaré para que la página luzca mejor. Mientras tanto, se verá así. El contenido no ha cambiado, solo la apariencia. Pendientes.

El Halcón y el Soldado Invernal (¿reseña?)

para Egidio, que siempre espera algo nuevo por aquí y a quien no quisiera defraudar.

Anoche terminé de ver la serie de Marvel The Falcon and the Winter Soldier, que trata del legado del Capitán América y cómo sus panas se ajustan a su nueva realidad sin él y luego de haber desaparecido de la existencia por cinco años. Hay reacciones diversas al programa, que provienen de los temas que se tocan, o tal vez, que se dejan de tocar. Lo primero que se puede apreciar es el momento histórico en que se produce la serie, que es durante la presidencia de Trump. No es que aparezca el tipo en la serie ni nada por el estilo, pero sí se nota un esfuerzo por hablarle a la situación. Claro, dentro de lo que puede hablarle una producción cuyo origen es Disney.

Para los que vieron las películas, recordarán que el Capitán América viaja al pasado al final y regresa al punto de partida ya viejo. Le regala su escudo al Halcón y luego… pues, no se sabe qué hace. La serie alude a que desaparece para siempre, aunque no tenga sentido; el tipo envejeció, solamente. El caso es que al principio de la serie, Sam, el Halcón, rechaza el escudo y se lo regala al gobierno de los Estados Unidos, que prontamente sacan su propio Capitán América, un soldado blanco, héroe de guerra, pero sin superpoderes. Sam no se cree representado por su país al principio de la serie, situación que se resolverá al final.

El Soldado Invernal, por su parte, sufre de síndrome postraumático, luego de liberarse del yugo de Hydra, la malvada organización secreta, cuyo propósito es… ser los malos, supongo, ya que no se les incluye ninguna otra razón de ser. Lo otro que atormenta a Bucky (el Soldado Invernal) es que recuerda a la gente que mató y hasta se hace amigo del padre de una de sus víctimas. Anda por el mundo tratando de pedir perdón por sus acciones, aunque era controlado.

El otro conflicto es el de los Rompe Banderas, terroristas que desean la unión mundial, o sea una Tierra sin naciones ni fronteras. Estos logran acceder la fórmula que convirtió a Steve Rogers en el superhéroe que conocemos hoy día. A la vez, la serie intenta trabajar con el racismo y otros pecados del imperio estadounidense, pero con paños tibios. Al final, Sam decide ser el nuevo Capitán, con escudo y alas, y luchar por los valores de su país.

En esencia, la serie es un «buddy movie». Si viste Lethal Weapon, ya sabes por dónde va la cosa. Los protagonistas no se soportan al principio, pero al final son inseparables. Hay pocas sorpresas en la serie y varios momentos de comedia. Otros momentos de comedia se dan sin intención, me parece. Por ejemplo, el Capitán América del gobierno pierde la tabla luchando contra los terroristas y mata viciosamente a uno con el escudo, en plena luz del día con todos los celulares grabando y trasmitiendo. Esta acción lo lleva a enfrentarse a un tribunal militar en su país, donde es abucheado y rechazado por la gente. Quien haya prestado un poco atención a los últimos 20 años de guerra continua de los Estados Unidos encontrará la escena patéticamente risible. La televisión y el Hollywood estadounidense es una grna máquina de propaganda, así que no se espera mucha más voz crítica.

No es decir que no es entretenida, especialmente para aquellos sedientos de más material de Marvel en la pantalla. Los actores son carismáticos y es divertido verlos en acción. Sam como el nuevo Capitán América es una buena idea, pero necesitará su espacio en otra historia para convertirse en algo más icónico. Ya anunciaron otra película del capitán, así que espacio tendrá.

Creativamente, veo difícil que puedan superar la hazaña que lograron con estas películas a partir de Iron Man. Siempre habrá gran cantidad de gente que irá a ver las películas y series, pero lo único que podría ser de interés es la inclusión de los mutantes de Marvel. Es decir, los X-Men, que siempre han tenido un rol medio antagónico en los cómics. Pero la realidad es que tanta película de superhéroe cansa, fenómeno que sucede en los mismos cómics. La gran mayoría de publicaciones tratan de gente con superpoderes, lo cual ha estancado ese medio, que tanto potencial tiene.

Dicho todo esto, si quieres más Marvel, te gustará la serie. Tal vez no la adores, pero no te arrepentirás. Si eso de superhéroes no es lo tuyo, dudo que esta sea la serie que te cambie de parecer.

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Reseña: Ellas

Boricuas destacadas

Los nombres de Julia de Burgos, Sonia Sotomayor y Rita Moreno probablemente nos sean muy familiares, pero ¿puedes mencionar cinco otras mujeres boricuas destacadas? ¿Qué tal diez o quince? Confío en que la audiencia de esta reseña podría nombrar el doble de las que pedí y quedarse con ganas de mencionar muchas más, pero ¿y el resto de la población? Aun entre gente culta como ustedes, habrá de existir lagunas de conocimiento en cuanto a nuestras mujeres ilustres. Por ejemplo, ¿sabes quién era Modesta Díaz Segarra? ¿Te suena el nombre de Miriam Naveira Merly? ¿Herminia Tormes García? ¿No? Pues, puedes conocerlas en Ellas: historias de mujeres puertorriqueñas, un libro conceptualizado e ilustrado por Mya Pagán, con la colaboración de Enery López Navarrete, Laura Rexach Olivencia y Mariola Rosario Padró.

 

El libro consta de 64 biografías de mujeres puertorriqueñas que se han destacado de diversas maneras en el trascurso de nuestra historia. Algunas son famosas, como Mónica Puig, Ivy Queen y Sila María Calderón; otras, como Adolfina Villanueva Osorio, Rebekah Colberg Cabrera o Blanca Canales Torresola tal vez nos sean familiares, aunque a lo mejor no sabríamos exactamente por qué; y algunas nos serán totalmente desconocidas, como fue mi caso con Celestina Cordero Molina, Gloria Colón Muñoz y Felicitas Méndez Gómez. Cada entrada está ilustrada por Mya Pagán y traducida al inglés. Son escritos cortos, de media página, que contienen la información más relevante de las mujeres incluidas. Incluye personalidades desde el siglo XVIII hasta el corriente.

 

Hay deportistas, artistas, poetas, escritoras, médicas, juezas y científicas, entre muchos otros oficios, cuyas aportaciones a nuestra sociedad son sorprendentes. En estas páginas está la primera alcaldesa de la Isla (no fue doña Fela, que también está incluida y quien fue la primera alcaldesa de una capital en Hispanoamérica), la primera jueza presidenta de nuestro Tribunal Supremo, y la primera abogada y luego jueza de Puerto Rico. Además, encontraremos a las que lucharon por nosotros, como Blanca Canales, Lolita Lebrón, Luisa Capetillo y Mariana Bracety, entre varias otras activistas y patriotas.

 

Las biografías están redactadas en un lenguaje sencillo, enfocadas en una audiencia joven (niñas y niños, según la introducción), pero capaz de disfrutarse por cualquiera. Es una lectura informativa que presenta un punto de partida para aprender más de estas figuras históricas, algunas que aún están en vías de despuntar más en su vida, como podría decirse de la cantante Ileana Cabra Joglar o la judoka María Pérez Díaz. Un toque interesante es que en algunas ocasiones se relaciona una que otra biografía con la anterior. El arte de Pagán, por otro lado, tiene un toque infantil, sin duda con el objetivo de apelar a ojos más jóvenes. Ellas es un libro recomendado para cualquiera que quiera saber más de su país y aprender de 64 de sus muchas mujeres destacadas puertorriqueñas. Es una buena opción de regalo en esta semana que se conmemora el Día de la Mujer Trabajadora, y para el resto del año, por supuesto.

 

Ellas: historias de mujeres puertorriqueñas

Mya Pagán

Editorial Destellos, 2020

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Esta reseña se publicó en El Nuevo Día en marzo 8 de 2020. Por alguna razón nunca la subí, pero acabo de corregir esa situación.

Receta: Ceviche (o cebiche) de mero

Ok. Receta de ceviche (o cebiche; ambas están aceptadas en el diccionario). Me la robé de internet y modifiqué según los ingredientes disponibles. Luego la compartí en un chat familiar y ha sido todo un éxito.
Necesitas:
El filete de pescado (yo uso mero, pero puede ser chillo; no uses tilapia porque comen mal)
Un cuchillo afilado
1 cebolla lila (si no tienes lila, pues la que tengas)
5 limones jugosos
1 china (o parcha, o piña… que sea cítrico, puede ser tamarindo, acerola, etc.)
Cilantro (o recao, pero cilantro funciona mejor)
ají: este fue el ingrediente que no tenía a la mano, ya que solo necesitas uno, pero el súpermercado te vende un bonche. SI vas a hacer sofrito, saca uno; si no, puedes usar una cucharadita de sofrito (criollo). Otra opción es sirracha, que me ha funcionado mejor que el sofrito)

Procedimiento:
¿Recuerdas el cuchillo afilado? Sácalo y afílalo si no está afilado.
Corta el filete cubos de un poco menos de una pulgada. Esto es a ojo, no necesitas una regla… fíjate que no mencioné nada de reglas al principio).
Una vez cortado el pescado, ponlo en un bol mediano. Échale un poco de sal y pimienta.
Corta y exprime los limones y échale el jugo al pescado. Remuévelo. Se supone que haya suficiente jugo como para que el pescado esté casi sumergido. Si los limones salieron secos, exprime más. Pueden ser verdes o amarillos.
Corta la cebolla por la mitad y luego corta una lascas finas. Julienne, le dicen los franceses. No sé por qué. Tal vez era una novia de Luis XIV. Tal vez debería buscarlo. No importa. Échale las lascas de cebolla a la mezcla.
Corta el ají en pedazos pequeños, como si estuvieras cortando ajo. Échalo al bol. Si no hay ají, pues la cucharada de sofrito o un apretón de sirracha.
Échale un poco del jugo del otro cítrico. Como 1/2 taza. Si es piña, pásala por el procesador o licuadora; si es acerolahazla jugo… etc.)
Pica el cilantro y échalo en el bol. Remueve todo y ponlo en la nevera por 15 minutos, así dentro del bol. Recuerda taparlo con plástico o papel aluminio.
Tómate una cerveza o un vinito en lo que esperas o hierve batata, fríe los tostones. Qué sé yo… trata de entretenerte por quince minutos.
Saca de la nevera, remueve y prueba un canto. Ajústalo de sal y remueve otra vez. Prueba de nuevo y ajusta según sea necesario. Cuando te satisfaga, sírvelo (esperemos que no te hayas jampeado todo el ceviche en el prueba, prueba).
Puedes decorarlo con una rueda de limón o un poco de cilantro… par de hojas de un arbusto… lo que sea, pero que se pueda comer.
¡Buen provecho!

 

Incluyo algunas fotos de los familiares que han intentado la receta. Ha sido un palo.

Reseña: Simulación del bienestar

Historias de un Puerto Rico cercano

 

Es raro ahora mismo reseñar una obra ambientada en el Puerto Rico de 2018, poco después de María, pero antes del Verano de 2019, los terremotos de 2020 y la pandemia que nos acuartela ahora mismo. Es casi como leer acerca de un mundo radicalmente distinto. Tal vez lo es, aunque no deja de ser familiar. En Simulación del bienestar, del puertorriqueño Antonio Miranda, podemos visitar ese cercano pasado, que parece tan lejano debido a la cuarentena.

La novela cuenta la historia de unos jóvenes cuatrillizos en Jayuya. Tal vez sea más preciso decir que cuenta cuatro historias, una por cuatrillizo: dos hembras y dos varones. Comienza con Nadeshka Marie, una artista que ha logrado éxito en su profesión y es dueña de su propia casa-taller. Ahí, espera por un comprador que ha viajado desde los Estados Unidos para comprarle una pintura que ha comisionado. El comprador es boricua también y oriundo del municipio de la Cordillera Central, aunque ha pasado tanto tiempo desde que se fue, que apenas reconoce el lugar. A diferencia de las demás historias del libro, esta se cuenta desde la perspectiva del comprador, Anthony, en lugar de mostrar el de la cuatrilliza y trabaja, en dos tiempos distintos, con su viaje a la casa-taller y su interacción con Nadeshka Marie. La narración intercala la experiencia de Anthony en su auto alquilado con la compra y el recogido del cuadro que ha venido a buscar.

Le sigue la historia de Cubo, que vive con la mamá de los hermanos y ha heredado los gallos de pelea de su padre. El gobierno estadounidense acaba de declarar las peleas de gallos ilegales y Cubo se las arregla para organizarlas de manera clandestina. Esa decisión lo involucra en una disputa con otro gallero sin escrúpulos que reacciona de manera violenta a una decisión que Cubo toma en contra del gallero en una de las peleas. A la vez, entramos en los pensamientos del hermano y vemos qué lo motiva, además de sus interacciones con sus hermanos.

La tercera historia es de Cheinyra, que estudia Ciencias Naturales. Es una joven madre que trata de armonizar sus responsabilidades y sus deseos de abandonarse a la fiesta. Los demás hermanos la describen como la más inteligente, mas toma una serie de decisiones irresponsables que le causarán problemas. Trata de equilibrar su vida estudiantil y de madre con las salidas a chinchorros de mala muerte y borracheras en las que pierde el conocimiento.

La última historia le toca a Mickey, que también es estudiante. Este se siente apartado de sus hermanos y el resto de la sociedad. Tiene una novia y se pasa pensando en que su relación terminará en algún momento, por una razón u otra. A la vez, cuenta un pasadía familiar con su padre, madre y demás hermanos, en el que acamparon en la playa Cerro Gordo en Vega Alta, que parece ser el momento en que se da cuenta de que se siente distinto a sus hermanos.

La novela pinta un momento significativo en nuestra historia a través de los ojos de estos personajes. Aquí veremos muchos de los problemas que nos afligían (y aún afectan) en aquel momento. Sin embargo, parece una colección de cuentos largos o novelas cortas en vez de una obra unida del todo. Uno se queda a la espera de algún suceso que amarre todas estas historias, pero nunca llega. No obstante, goza de una buena redacción y cuidado en su edición, que muestran la seriedad del autor hacia la obra que produce.

 

Simulación del bienestar

Antonio Miranda

Fraternal, 2019

 

Esta reseña fue la última que escribí para El Nuevo Día. Fue una experiencia sin igual cuyo final quedó demasiado abierto. 

El tiempo que sucede a la vez

Eddie Van Halen

Es una tarde de 1987; tal vez, 86, 88 u 89. No recuerdo la fecha muy bien. Escucho “Eruption”, el famoso solo de Edward Van Halen. Cerca del final de la muestra de virtuosismo en la guitarra eléctrica hay una serie de notas que visualizo como una cascada auditiva. Es un solo de guitarra, por tanto, nadie canta; sin embargo, algo en esa música me saca una lágrima. No creo que sea de tristeza, ya que no lo estoy en ese momento; es como si no lograra contener las emociones que la música me provoca. Es una erupción de emoción.

Tampoco recuerdo cómo fue que conocí su banda de rock, pero procedí a conseguir toda la discografía disponible en ese momento. Probablemente, comencé la colección con 1984 y de ahí el disco epónimo Van Halen, en el que se encuentra “Eruption”. Ahora que lo pienso, tal vez conseguí el segundo disco, Van Halen II, primero. Sé que, en poco tiempo, pude obtenerlos todos. Leía cuanta entrevista había disponible en las revistas, sea de música, sea de guitarra. Incluso, compraba las revistas que mostraban cómo tocar sus canciones…, a pesar de no tener guitarra, ni haber tocado una jamás. En la escuela superior, mis compañeros roqueros siempre tenían una banda y guitarrista preferidos: uno era fan de Stryper (¡Wepa, Miguel Ayala!), otro de Iron Maiden (¡Ey, Carlos Font!) y así por el estilo. Yo, por supuesto, era fanático de Eddie. Las discusiones juveniles acerca de quién era el mejor no faltaban, aunque era difícil argumentar qué guitarrista era mejor que Eddie porque el tipo era otra cosa.

Decía eso en ese entonces y, aunque es una visión juvenil y mal informada (en ese momento, ni guitarra tocaba) tenía algo de razón. Hoy día no lo digo yo; basta con leer los obituarios escritos por músicos desde que murió el maestro para darse cuenta de que Edward cambió la manera en que se toca el instrumento.

Luego de graduarme de escuela superior, mis gustos musicales fueron cambiando poco a poco. Además de interesarme en la música que había influido a Eddie, fui explorando la música de otros virtuosos. En cierta manera, comenzaba a darme cuenta de que la letra de las canciones de Van Halen realmente no estaban a la altura de la música de su guitarrista, al menos, para mi criterio.

Pronto moriría ese estilo de música y daría paso a bandas como Nirvana y Pearl Jam, cuya musicalidad y profundidad literaria me apelaban. Ya fuera del País, buscaría reconectar con los sonidos del Caribe y me lancé a explorar en la Salsa, pero esa es otra historia. La cuestión es que pasaron los años y, aunque siempre sentí admiración por la música de Eddie, dejó de interesarme. Ni escuché los últimos dos discos que lanzaron y cuando tocaron en el José Miguel Agrelot en 2004, no fui. Hacía años que ni pensaba en eso, hasta unos meses atrás, mientras navegaba en Twitter. Vi que el hijo de Eddie había publicado una foto de su padre tomándole otra foto a un fanático de otra banda. El muchacho le había pedido a Eddie que le tomara una foto, sin saber a quién se la pedía. Me pareció cómico y muy a tono con la personalidad del virtuoso, que siempre parecía mantener un aura de travesura juvenil. Miré las cuentas de ambos, pero no había mucho que ver. Me alegré de que parecía estar contento con su vida.

Unas horas atrás, ya tres días después de la muerte de Eddie, me puse a escuchar las viejas canciones que tanto me habían gustado cuando adolescente. Escuché “Eruption” otra vez y me transporté a ese momento en el siglo pasado con un taco en la garganta y sin poder contener las lágrimas. Como si en aquel momento adolescente hubiese sentido la tristeza que siento hoy de cuarentón al saber que el ídolo de entonces ya no está. Como si el tiempo sucediera todo a la vez, como dicen los filósofos.

Escrito: Techos descubiertos

Techos descubiertos

 

Sabíamos de memoria las horas de los boletines;

su entrada era inevitable.

El despido por las redes con promesas de vernos al otro lado,

chistes de salchichas y galletas,

el apagón, la calma, luego, el viento.

Un silbido entre agua y proyectiles,

casas inundadas, ríos desbordados,

techos descubiertos.

 

La calma al día siguiente en medio de la catástrofe,

el monte quemado, árboles encima de techos,

letreros arrancados y las hojas incrustadas en las paredes.

Sin señal, sin radio, sin noticias, sin electricidad, sin agua;

lo peor estaba por venir.

 

Escasez:

gasolina, comestibles, gas.

Ayuda del vecino y del prójimo,

filas, estantes vacíos, oportunidades de fotografías,

ayudas condicionadas

para el pana, para el familiar, para el amigo del alma,

contaminación ambiental y auditiva,

vecinos sin consideración,

desgobierno sin control.

 

En medio de ese caos,

de esa catástrofe,

comenzamos a darnos cuenta

de qué en realidad es Puerto Rico

sus líderes efectivos en los barrios y las parcelas,

sus traidores sentados en aire acondicionado,

entre selfies con presidente y políticos obesos.

Más de cuatro mil vidas nos costó

darnos cuenta de que, si no nos encargamos nosotros,

quienes duerman en Fortaleza tampoco lo harán.

 

Seguimos con el techo descubierto.

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Día Internacional del Libro 2020

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Para mí, casi todos los días celebran el libro. Si no estoy escribiendo uno, estoy leyendo otro. En estas páginas pueden encontrar un sinnúmero de recomendaciones para leer. Como tengo un poco de tiempo de ocio en cuanto a la lectura, puedo leer lo que se me antoje, sin pensar en que sea un libro reciente o para alguna clase. La cuestión de la pandemia me lleva a revisitar Decamerón de Giovanni Boccaccio. He leído muchos de los cuentos, pero no todos, así que me he propuesto esa tarea. ¿Y ustedes? ¿Qué lectura les apetece?

Larga vida al libro. Que estén bien.

Reseña: Delirios

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Delirios de amor

Se tiende a relacionar el amor con la poesía. Tal vez sea porque es una emoción tan intensa que merece dedicársele una infinidad de versos. A lo mejor es porque tantos poetas han dedicado sus versos al amor. ¿Quién sabe? Parece que es como definir qué vino primero, si el huevo o la gallina, solo que sin respuesta (el huevo vino primero; consulte con su biólogo más cercano). En todo caso, los Delirios, del puertorriqueño Eduardo Morales Coll, sigue esta tendencia, de dedicarle versos al amor.

El libro no solo se compone de poemas, sino que cuenta con una sección dedicada a “Monólogos” y otra a “Pensamientos”. Aunque el amor no es el único tema, sí predomina, como se puede apreciar en poemas como “Tuve sed de tus besos”, “Tu lunar” y “Te amo”, entre varios otros poemas. La voz poética está llena de admiración por el objeto de su afecto, ya sea por sus cualidades físicas, como por las más abstractas, como el intelecto o el amor correspondido. A veces, admiran lo carnal o la consumación del amor; en otras, se aprecian más los momentos fugaces entre los enamorados (o al menos la situación en que uno de ellos lo está).

Otros poemas son odas a músicos, como Pablo Casals y Ludwig Van Beethoven, o artistas, como Pablo Picasso, en “Paulus” y “Sonata de primavera”; o la misma naturaleza y la patria, como puede evidenciarse en “Mi bandera”. “Mi alegato” resulta interesante, por ser un poema dedicado a un caso civil en los tribunales del país, tema poco común en la poesía.

En este volumen, el soneto es el estilo más usado. Morales Coll tiende a utilizar una rima consonante, que deja ver su admiración por un estilo de poesía más antiguo. Quien disfrute de la poesía tradicional se encontrará a gusto leyendo la poesía de Delirios. Si bien sigue unas estructuras clásicas, también utiliza un lenguaje metafórico común. Es decir, no hay sorpresas en la manera en que expresa las imágenes e ideas en sus estrofas.

Las otras dos secciones, como ya adelanté, son un monólogo y una colección de máximas o proverbios. El monólogo expuesto es una conversación introspectiva dedicado a una amante y se lee como una poesía en prosa. Los pensamientos de la tercera sección parecen ser reflexiones del autor acerca de la vida. Algunas son más largas que otras, pero no exceden de tres oraciones. Un ejemplo de los múltiples pensamientos incluidos es este: “Hay dos prototipos de imbéciles: los que inventan imbecilidades y quienes las repiten” (quien tenga una cuenta en Twitter podrá apreciar este en particular). Un microcuento también es parte de este proyecto literario.

Si se les hace difícil expresar su amor, en las páginas de Delirios pueden encontrar inspiración para este día de enamorados.

Delirios

Eduardo Morales Coll

Publicaciones Gaviota, 2019

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en febrero 9 de 2020.

Reseña: Princesas Dragón: El misterio del huevo dorado

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Princesas subversivas

En años recientes, las princesas de los cuentos de hadas han sufrido cierta baja en popularidad. Los tiempos exigen historias más relacionadas con la época en que viven quienes leen este tipo de historia. «La Cenicienta», de los hermanos Grimm, por ejemplo, respondía a una aspiración de salir de la pobreza por medio del matrimonio, una historia común en comedias románticas o novelas de televisión. Sin embargo, para una audiencia del siglo XXI, este tipo de trama resulta anticuado y sexista. Además, el tema de la monarquía como sistema de gobierno resulta anacrónico para la mayoría de nosotros. Las princesas a lo Disney aún existen, pero se nota un intento por modificar a estos personajes acorde con la época en que se escriben sus historias. El escritor español Pedro Mañas intenta esta tergiversación de princesas con su libro Princesas Dragón: El misterio del huevo dorado.

Este es el primero de una serie que, hasta la fecha, tiene otros nueve títulos y que hace poco llegó a las librerías puertorriqueñas. Este primer libro, publicado por SM, cuenta la historia de Bamba, una princesa cuyos padres (un rey y una reina, por supuesto) viven separados, cada cual en su palacio. Cuando comienza el libro, Bamba nos cuenta que vive en un árbol y es una fugitiva por la que se ofrece una gran recompensa —hay carteles por todo el bosque que lo indican—. Narrada en primera persona, Bamba nos cuenta cómo llegó a ese lugar. La reina decidió que la princesa debía aceptar una invitación para conocer al príncipe Rosko, que supuestamente se había enamorado de ella, según una carta que hizo llegar al reino. A pesar de sus protestas, Bamba termina viajando al reino de Rosko, donde conoce al famoso mago Gúgol. Esta se da cuenta de que debe competir contra otras dos princesas por la atención de Rosko y un huevo de dragón. A mitad de competencia, un dragón ataca al reino de Rosko y Gúgol, y las tres princesas, Koko y Nuna, además de Bamba, escapan con el huevo.

Las princesas se convertirán en amigas y revelarán sus motivos por acceder a la contienda. Del huevo, nace un cachorro dragón que llaman Gumi, por los sonidos que hace al comer piedras. Las actitudes y acciones de las princesas comienzan a rebelarse contra las autoridades, así como el comportamiento habitual de lo que se supone que sea una princesa tradicional. Ellas intentarán devolverle a Gumi a su madre dragona, que fue la que atacó al reino de Rosko. Eventualmente, se revelarán los motivos de los personajes y cómo es que Bamba terminará viviendo en un árbol, en vez de un palacio, a la vez que se abren posibilidades para otras historias.

El misterio del huevo dorado es una historia divertida y cómica. Ofrece numerosos giros en la trama que, aunque predecibles para una audiencia mayor, sorprenderá a nuevos lectores. Además de tomar prestado de los cuentos de hadas folclóricos, utiliza elementos de otras historias populares de la literatura infantil y juvenil. Ejemplo de ello es el mago Gúgol, que juega con la manera en que vemos los magos después de Harry Potter y los niños que viven en la selva, que recuerdan a los de la pandilla de Peter Pan.

Las ilustraciones de Luján Fernández son atractivas y llaman la atención de los niños (mi hija, Melián, identificó varias que le gustaron. La historia también le ha interesado, por lo que he compartido el libro con ella, mientras me preparaba para esta reseña). Sus 103 páginas se leen rápido y pueden despacharse en dos o tres días, lo que podría fomentar un sentido de logro en nuevos lectores. Lo que mejor tiene la obra es que busca entretener, en vez de educar, a pesar de presentar varias enseñanzas en sus páginas.

 

Princesas Dragón: El misterio del huevo dorado
Pedro Mañas
SM, 2016

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en febrero 2 de 2020.