Reseña: 2063 y otras distopías

Advertencia de posibles futuros

Creo que la primera vez que me topé con un futuro distópico fue con la película Soylent Green. Antes de encontrarme con aquel futuro en que la humanidad resolvía su problema de alimentación con galletas de soda confeccionadas con nutrientes que provenían de cadáveres humanos, la posibilidad del futuro que existía para mí era uno tipo Star Trek. O sea, en el futuro, habríamos resuelto los problemas mayores de la humanidad, como la desigualdad, el hambre y la guerra, porque eran problemas tecnológicos. Con el tiempo, uno se da cuenta de que el problema no tiene que ver con avances de la tecnología, sino con nuestra naturaleza. Por tanto, las distopías literarias cobran un valor de advertencia, que nos muestran algunos de los peores escenarios posibles si no modificamos nuestra manera de proceder. Los cambios climáticos, la escasez de recursos y la codicia humana son solo algunos de los temas que toca 2063 y otras distopías, del puertorriqueño José Rabelo.

Sus páginas presentan 31 relatos, cuya mayoría podrían catalogarse bajo el subgénero de la ciencia ficción, con dos o tres excepciones. Hay una mezcla entre relatos y microficciones (minicuentos o como quieran llamarles hoy día), que le facilita al lector dejar y retomar el libro. Uno puede leer uno o dos escritos y volver al libro luego, si así lo deseara. Emocionalmente, esta manera de leer tal vez sea necesaria, ya que las realidades que se pintan, en su mayor parte, son bastante pesimistas. Luego de presenciar la erradicación de la humanidad por quinta vez, uno necesitará experimentar algo con un final feliz, como una película de Disney o La guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams, aunque ya se debería estar prevenido: el mismo título del libro anuncia que son distopías.

En las narraciones, encontramos parásitos, supervolcanes y dioses que acabarán con la Tierra, la humanidad o ambos. No todo se va en destrucción, sin embargo. Hay algunas narraciones en las que solo se muestran problemas humanos dentro de un entorno futurístico. Este es el caso de “Luna”, que trata de cómo unos padres homosexuales aceptarán (o no) al nuevo novio de su hija, un muchacho que, para horror de la pareja, no tiene ni un solo tatuaje en el cuerpo, en una sociedad del futuro donde todos tienen tatuajes. “Agua” es otro ejemplo de este tipo de narración, en que un hijo persigue a su madre por la ciudad, ya que sospecha que ella se encuentra con un amante y le es infiel a su padre, que está combatiendo en una guerra por el agua como recurso. En estos cuentos, hay un conflicto: un personaje se enfrenta a algún problema que debe resolver.

El resto de los relatos parecen ser una especie de narraciones experimentales, que muestran un escenario distópico, pero sin que podamos ver cómo sus personajes viven en ellos. El cuento epónimo “2063”, por ejemplo, se lleva a cabo en un salón de clases en 2063. En este se explica la mitología humana hasta ese punto en la historia… y ahí termina. La tercera vertiente de narraciones son las microficciones, en las que se muestra el ingenio del autor, aunque a veces tiran más hacia la enseñanza que a la ironía.

2063 y otras distopías es una mirada de un boricua ante el futuro que nos asecha. Que nadie diga que no nos advirtieron.

 

Disponible en Libros787.

 

2063 y otras distopías

José Rabelo

Isla Negra, 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en septiembre 23 de 2018.

Reseña: The trials of White Boy Rick

El narco adolescente

A los catorce años, mis intereses en la vida eran cómics, películas, videojuegos, juegos de mesa y libros (y ahora que los listo, me doy cuenta de que no he cambiado tanto). Comenzaba a hacerles caso a las adolescentes con las que interactuaba y lo único que sabía de narcóticos era lo que veía en televisión y otros medios. Mi perfil mental de un narcotraficante era lo más estereotipado posible: un adulto callejero, malvado, de esos que se les hartaba a puñetazos en la ficción que veía y leía. A esos mediados de la década de los ochenta jamás habría imaginado que un adolescente, como yo lo era, podría ser un narcotraficante. The Trials of White Boy Rick, un reportaje investigativo publicado como un libro por el reportero Evan Hughes, detalla la vida de Richard Wershe Jr., que comenzó su vida entre los narcóticos cuando tenía más o menos catorce años.

Hoy día, después de bastante exposición al tema, no sorprende tanto la edad de Wershe, el llamado “White Boy Rick”, en sus comienzos en el negocio de las drogas ilícitas. Es un mal que la sociedad moderna comienza a atender y que aún le falta mucho por remediar. Por desgracia, aún tendremos para rato demasiados adolescentes en sectores marginados involucrados en el trasiego de drogas. Detroit es uno de los lugares que más sufrió durante los ochenta debido al narcotráfico. La llegada del crack tornó la ciudad en un campo de batalla por los puntos de venta del narcótico, tema que conocemos muy bien acá, en Puerto Rico. La peculiaridad de Wershe se evidenciaba en su nombre: era un adolescente narcotraficante de tez blanca que se paseaba entre colegas negros. En su corto tiempo vendiendo drogas, llegó a crearse una fama insólita en la ciudad de Detroit, al punto que hasta personas que no estaban vinculados al narcotráfico sabían de él y hasta se mencionaría en la música de Kid Rock, un rapero oriundo de Detriot en los noventa. Tal vez, nuestro punto de referencia sería Ángelo Millones, pero blanco y adolescente. Sin embargo, lo que se sabía de su vida no era nada muy fuera de lo normal, salvo su edad y color de piel. Sucede que nadie se preguntaba cómo llegó a ser tan notorio.

De primera instancia, el reportero Hughes tampoco vio nada muy interesante en el caso, con la excepción de una alegación de parte de Wershe: que fue un informante confidencial del FBI, la DEA y la Policía de Detroit. Hughes admite que las alegaciones sonaban descabelladas: Wershe había sido enjuiciado y convicto, y nunca se mencionó nada acerca de su supuesta colaboración con las autoridades. Lo único que llamó la atención del reportero fueron las palabras de un agente retirado del FBI, que decía que el caso de Wershe representaba un grave abuso de poder y corrupción política. Esas palabras dan pie a la investigación de Hughes, que habla con narcotraficantes, políticos, policías y agentes federales involucrados en el caso, y hasta con el mismo Wershe. Poco a poco, el autor nos revela lo que hace el caso interesante: las autoridades fueron quienes auspiciaron el ascenso de White Boy Rick en el mundo de los narcotraficantes de Detroit y luego lo abandonaron a su suerte. Hughes juega un poco con la cronología de los eventos y decide mostrar primero la versión oficial; luego, la de Wershe, y, finalmente, lo que reveló su investigación. Su reportaje crea sorpresa, a pesar de que son hechos que ya se pueden encontrar en el ámbito público. Incluso, uno tiende a suprimir el deseo de meterse en Google y buscar cómo terminó todo, solo por darle la oportunidad al autor a que termine la historia a su manera.

El tema ha captado el interés de Hollywood y ahora mismo se presenta la película titulada con el apodo de Wershe. Yo había conseguido el libro hace unos años, pero no lo abrí hasta esta semana cuando el título de la película me sonó familiar. Evan Hughes, en su cuenta de Twitter, dice que no tiene nada que ver con la película y añade que utilizaron su trabajo sin su consentimiento. Sin duda, el trabajo del reportero hará que los lectores desistan de interrumpir la lectura. Además, abre la puerta para reflexionar acerca de nuestra situación local y cuántos abusos de poder semejantes al ilustrado en The Trials of White Boy Rick podríamos encontrar. La respuesta podría ser espantosa.

The Trials of White Boy Rick

Evan Hughes

Atavist, 2014

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en septiembre 16 de 2018.

Reseña: La invención del desencanto y La palabra del pecado

Legado poético

Una publicación puede marcar una etapa en la vida de un autor, especialmente en la de los poetas. Como la poesía generalmente trabaja con emociones, un poemario muy bien podría marcar el estado emocional del poeta. Tanto así que, a veces, podemos leer diferentes poemarios de un mismo autor y parecernos obras de autores distintos. Algo semejante sucede con los poemarios La palabra del pecado y La invención del desencanto, del poeta puertorriqueño Hiram Sánchez Barreto.

El primero, La palabra del pecado, publicado en 2014, tiene que ver con un solo pecado: la lujuria, como podría sugerir su portada, en la que se muestra a una mujer desnuda que le ofrece una manzana al objetivo. En estos poemas el deseo carnal permea la gran mayoría, sino todos. Tocan el sexo desde diferentes puntos de vista: durante el acto, antes de, luego de y hasta la expectativa de hacerlo. Sin embargo, no es una colección vulgar. El autor recurre a metáforas sugestivas y claras. Se nota también un poeta que experimenta con el lenguaje y su cadencia por la manera en que juega con la división silábica y el significado que les otorga. Por ejemplo, un fragmento de “Corrida” lee así: “de embestir te / des vestir te / des mentir te / de mentir te / de vestir te / de velar te / de véla te”. Dividir la palabra le otorga importancia a su núcleo, además del prefijo y el sufijo, y termina con dos significados. En otras instancias, utiliza el paréntesis para introducir palabras con un propósito semejante al de la técnica anterior. Por ejemplo, “Hilo” lee “y ahora enhebra mi per(versión)”; de pronto la palabra adquiere dos significados muy distintos.

La invención del desencanto se publicó originalmente en 2007 y en este año 2018 tuvo su segunda edición. Curiosamente, a pesar de haber sido escrito antes que La palabra…, parece provenir de un autor más maduro. Tal vez se deba a que hay una variedad mayor de temas en este volumen. Aquí se trabajará con el desamor, la espiritualidad, la religión, el sexo y hasta las relaciones entre padre e hijo, como sucede en “Padre”, y la expectativa de conocer a una hija a punto de nacer, que es el tema del poema titulado “Lunes, 3 de agosto de 1998”. Tal vez los treinta años de edad que tenía el autor cuando publicó La invención… son más obvios cuando se consideran la impaciencia y el tormento que se evidencian en la voz poética.

La muerte es un tema recurrente, pero no frecuente, en ambos volúmenes y cuando aparece, se utiliza de manera figurativa. En el caso de la poesía de Hiram, cobra un sentido adicional, pues el autor murió en circunstancias trágicas a principios de este año. Por lo que ha salido a relucir, el autor pagó las consecuencias de hacer lo correcto en un mundo en el que cada día se castiga más la integridad. Los poemas que mencionan la muerte provocan un grado de ironía y melancolía a aquellos que lo conocíamos. Estas y otras creaciones que están por publicarse conforman el legado de un escritor que se nos fue demasiado temprano y marcan la pérdida de otro talento para el país.

La invención del desencanto

La palabra del pecado

Hiram Sánchez Barreto

Ediciones Hache Silente, 2014 y 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en septiembre 9 de 2018.

Reseña: Historieta de amor

Amores enfermizos

Si, por desgracia, algún familiar o yo fuésemos víctimas de un asesinato en Puerto Rico, no tendría muchas esperanzas de que el caso se esclareciera. Entre más misterioso el crimen, como los de las novelas detectivescas, menos probabilidad hay de una resolución justa, por más pistas que existan. Si existe justicia en esta isla, es poética, exclusivamente. Historieta de amor, la novela de la puertorriqueña Margarita Maldonado Colón, comienza con el caso de un hombre muerto, encontrado por su mucama en un lujoso apartamento en la Milla de Oro de Hato Rey. Por suerte, el cadáver, René Vélez Gotay, tiene en las manos una nota que nombra a su posible verdugo, una mujer llamada Arlene. En este homicidio, existe una alta probabilidad de que se resuelva el crimen. No apostaría a ello en la vida real, pero se trata de una obra de ficción, en la que tal vez haya justicia, después de todo.

La novela se divide en capítulos que representan diferentes fases de la investigación. El caso está a cargo del agente detective Luis Guillermo Martínez, quien está a punto de jubilarse. Los lectores lo acompañan cuando recibe el caso, cuando entra en el apartamento en el que se encuentra el cadáver, cuando lee el diario que dejó René (el muerto) y cuando realiza las entrevistas de las personas de interés. No obstante, casi toda la historia se cuenta a través del diario de René, quien será el verdadero protagonista.

El diario cuenta cómo René, que antes se llamaba Cristóbal Plá, llegó a las circunstancias que resultaron en su muerte. En nuestra realidad actual, esto prácticamente aseguraría que el caso forme parte del escaso seis por ciento de los homicidios resueltos en la Isla. Resulta que René / Cristóbal estuvo casado con Arlene a finales de la década de 1990, ella lo abandonó, y la pareja se divorció. Sin embargo, este no logró superar la ruptura y entró en una depresión severa. A pesar de buscar ayuda sicológica, Arlene sería su obsesión para siempre. En vez de seguir su vida, Cristóbal decide reconquistar a su exesposa. Para lograr su cometido, el protagonista metódicamente toma pasos para mejorar su apariencia, su intelecto y su estatus social. Comienza a ir al gimnasio y se somete a cirugías plásticas, lee libros, consigue salir de su puesto en Hacienda, donde conoció a Arlene, para convertirse en un ejecutivo bien remunerado y hasta se cambia legalmente el nombre. Aunque gradual, el cambio es tan drástico que nadie lo reconoce. Lo único que no cambia es su obsesión por regresar con su ex.

Eventualmente, el ahora René logra conocer a Arlene, pero con su nuevo aspecto y ocultándole su identidad. Su plan loco es enamorarla otra vez y luego revelarle quién es en realidad, a pesar de que ella muestra un aborrecimiento visceral hacia el antiguo Cristóbal. La investigación luego se centra en las pocas personas cercanas al muerto hasta llegar a su conclusión. O sea, el investigador Luis Guillermo Martínez logra resolver su último caso. Nada como irse con una victoria.

Es una novela interesante que utiliza varios recursos, como el diario, que abre la puerta al uso del narrador poco fiable, que es uno que narra en primera persona la historia, pero no necesariamente es cierta. René / Cristóbal nos cuenta su versión de los hechos y hay suficientes pistas como para que los lectores deduzcan que el tipo es un macharrán obsesionado, de esos que aparecerían como asesinos (y no como víctimas) en las páginas de crímenes de los periódicos. Casi todos los demás personajes pasan inadvertidos en las páginas de la novela, excepto, tal vez, Yesenia, una mucama cuya personalidad sobresale en varias instancias. Esta le canta las verdades a René / Cristóbal sin piedad, aunque le toma un cariño maternal. El protagonista logra transmitir las razones por las cuales su exesposa lo aborrece tanto, aunque él no se dé cuenta. Por medio del personaje, la autora logra crear pesadez y ansiedad en los lectores, que desearán llegar pronto al resto de la investigación. Historieta de amor es una novela que le da un giro diferente a la tuerca de los romances enfermizos.

 

Historieta de amor

Margarita Maldonado Colón

Los libros de la Iguana, 2018

Esta reseña s epublicó originalmente en El Nuevo Día en septiembre 2 de 2018.

Reseña: Un año en la antigua Roma

Día a día en la antigua Roma

¿Cómo habría sido vivir un año en la antigua Roma? ¿Qué habría sido un día normal o uno festivo? Este tipo de información se puede encontrar en libros de historia, pero requeriría de una extensa búsqueda e investigación. Uno también podría leer alguna novela histórica ambientada en esa época, aunque en ese caso la realidad podría alterarse para que la trama de la obra funcione. Tal vez, la mejor manera sería a través del libro Un año en la antigua Roma, del español Néstor F. Marqués.

La premisa es sencilla: el autor toma el calendario romano y nos muestra, de mes en mes, la vida cotidiana de los ciudadanos romanos. La ejecución es mucho más compleja, por supuesto. Fíjese en que el Imperio romano duró siglos, por tanto, su calendario sufrió muchos cambios. Vamos, que no hace tanto los puertorriqueños teníamos tres o cuatro días feriados en el mes de julio y ahora parece que cambiará cada cuatrienio. Tal vez parecería que esa referencia a la política local es medio traída por los pelos, pero sucede que el mismo calendario romano sufría cambios debido a la manera en que sus políticos querían manipular sucesos a su favor. Eran capaces de cambiar la cantidad de días en un mes o un año para que una votación se llevara a cabo en días que les favorecían, por ejemplo. No fue hasta que Julio César decidió instalar un sistema basado en cálculos matemáticos que por fin se normalizó la cantidad de meses y días en un año calendario, al punto que es el mismo sistema que utilizamos hoy día.

Esa explicación es una de muchas que se encuentran en el libro de Marqués, cuya primera parte detalla cómo se marcaba el paso del tiempo en la antigua Roma, desde los días del año hasta las horas del día. Esta primera parte, aunque muy útil y explicativa, se asemeja a la manera en que disemina información en un libro de historia tradicional. Este hecho no es necesariamente negativo en sí, pero la impresión que uno se lleva del tomo antes de abrirlo es que no impartirá información de esa manera harto conocida.

Afortunadamente, la segunda parte, que relata la vida romana un mes a la vez, sí logra presentarnos toda esta información histórica de manera amena e interesante. El autor utiliza las fechas importantes, generalmente días festivos —como Lupercalia— o en los que ocurrieron sucesos de gran envergadura —el asesinato de Julio César, por ejemplo— y explica sus orígenes o las diferentes versiones de los hechos, según sea el caso. Además de presentar la información, el autor toma tiempo para desmentir exageraciones o falsedades con las que nos confundimos a menudo, como la alegación de que el actual día de San Valentín tiene sus comienzos en Lupercalia, una fiesta de pueblo de naturaleza salvaje y sexual. Según el autor, es improbable que guarden algún tipo de relación o que la primera haya sido inspirada por la segunda —más bien, todo apunta a que el día de San Valentín tenga que ver con otra celebración romana que se daba a principio del mes de febrero. Según se continúa la lectura, uno logra entender mejor la cultura de los romanos antiguos.

Para quien les guste la historia, el libro es ideal. Toma de una gran cantidad de fuentes clásicas y contemporáneas y logra su cometido de presentar la vida romana. El autor, además, incluye enlaces a sus páginas en Internet y en las redes sociales que abundan en otras facetas de la historia romana, como un video que es una recreación del asesinato de Julio César, por ejemplo. Es, sin duda, una adquisición importante en la biblioteca de cualquier aficionado del Imperio romano o de la historia en general.

Un año en la antigua Roma

Néstor F. Marqués

Espasa, 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en agosto 26 de 2018.

 

Reseña: De mi placard

Obras del armario

Para los escritores, una de las experiencias que más pueden satisfacernos es la de ver la puesta en escena de una obra, especialmente si es teatral. Las adaptaciones de cuentos o novelas pueden variar bastante de la fuente original, pero, cuando se escribe teatro, se presupone que la presentación se aproxima lo más posible al libreto. No obstante, las puestas en escenas son cuestiones efímeras, que varían cada vez que sube el telón. Me pregunto si ver una obra de teatro publicada en un libro surte un efecto inverso para los dramaturgos. Habrá que preguntarle al dramaturgo boricua Roberto Alexander Pérez qué sintió al ver De mi placard, su trilogía de obras teatrales, en el formato de libro, en vez de puestas en escena.

El tomo contiene tres obras que tiene que ver con “la diversidad, la identidad y la conciencia”, según la portada. El término trilogía se debe a que son un trío de obras, pero sin relación en las tramas. O sea, que las que le siguen a la primera, “¡Habla, Marica!”, no son secuelas. Cabe aclarar que placard es un término del francés que significa armario o, para nosotros, clóset. La obra ya mencionada es una comedia de enredos que se lleva a cabo en una pensión en Miami. La dueña, una cubana alcohólica, recibe en la pensión a una argentina ilusa con su esposo boricua y a su hijo, que acaba de llegar de Venezuela. La hija de la casera, Maricarmen, apodada “Marica”, se cree huérfana de padre y muestra cierta rebelión hacia su madre. Por medio de ella se darán muchas de las situaciones que complicarán la trama. Otro integrante clave en la obra es Yoyo, el hijo de la argentina, que es homosexual y acaba de salir de una clínica de rehabilitación a la que su padre le forzó a acudir. Los amores y desamores entre los personajes serán los motores de la trama en esta obra que contiene unos diálogos cómicos, aunque a veces demasiado explicativos para mi gusto.

La segunda obra en la colección es “Por culpa de Dios”, que se centra en una pareja de homosexuales. Uno de ellos, Beto, se siente inhibido por sus conceptos religiosos y fuerza a su pareja, Roberto, a que vayan al espectáculo de una evangelista que mantiene que la homosexualidad es una condición que las personas escogen. Las exparejas de ambos hombres se involucran en el asunto y, a través de los diálogos, se explora la naturaleza, los problemas y las emociones que pueden involucrarse en la vida sentimental de las parejas homosexuales. Como es bastante explícita en la manera en que aborda la sexualidad, podría alejar a aquellos que se les haga difícil lidiar con el tema.

Por último, “Noches de galería” trata de un grupo de personas que se quedan encerrados en una galería de arte por motivo de una tormenta que ha inundado la calle y no les permite salir. Clara y Pablo son los dueños de la galería. Según transcurre el tiempo, los personajes dejan atrás las hipocresías sociales y comienzan a mostrar sus verdaderos deseos y prejuicios. Es decir, comienzan a cantarse las verdades que jamás habrían mencionado en un lapso más corto.

Las tres obras invitan a la reflexión acerca de qué nos define, nos separa y a lo que tememos. A la vez, muestran muchos de los problemas a los que se enfrenta la comunidad homosexual, en particular los hombres, en la sociedad contemporánea, sin limitarse a ello como único tema. Hemos de suponer que Roberto Alexander Pérez ha de sentirse satisfecho al ver su obra publicada.

 

De mi placard

Roberto Alexander Pérez

Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2016

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en agosto 12 de 2018.

Reseña: Para restarse

Poesía contemporánea

¿Qué inspira a los poetas hoy día? La pregunta es interesante, ya que estamos expuestos a una gama de temas cuya amplitud jamás se ha visto. Por ejemplo, una poeta podría inspirarse en la lucha contra el patriarcado existente en la sociedad en que vive o en la trata humana que sufren millones de niños alrededor del mundo cada año. Esto es gracias a que el flujo de información permite que sepamos qué sucede en cualquier parte del Planeta. No obstante, se podría llegar a la conclusión de que el ambiente en que viven los poetas es la fuente mayor de inspiración. Al menos, ese parece ser el caso de Iván Pérez-Zayas con su poemario Para restarse.

En él, el poeta recoge 23 poemas de temas variados. El amor y sus consecuencias están presentes, pero también, y muy a tono con los tiempos de intolerancia que podría vivir un puertorriqueño en los Estados Unidos en 2018, hay cierta reflexión acerca de lo que significa ser boricua tanto en la Isla como fuera de ella. El poema “Diente” podría ser un ejemplo de esta búsqueda o cuestionamiento de identidad; es uno de los más largos del poemario y cuestiona la cultura y las experiencias que vive la sociedad. “Poemabuelos”, a su vez, parece trazar una línea genealógica cultural con sus versos. En este poema, los lectores podrán sentir la nostalgia de haber tenido familia en los campos de Puerto Rico, décadas atrás. Sería interesante saber qué sentimientos le provocaría a una audiencia más joven.

El desamor o, tal vez, el amor no correspondido se exhibe en “La llamará para dar (de qué hablar)”, que tiene como tema principal una relación a distancia, de intensidad inconclusa, destinada a irse a pique. “Reacciones a tres diferentes conferencias” tiene un aire académico que toca las reacciones a los temas que se podrían experimentar en conferencias universitarias. Aunque cómico, no deja de invitar a la reflexión. “El catastrofista” es el poema que carga con el título de la colección y es el que esclarecerá el hilo conductor del volumen, al poner en contexto la palabra restarse, según el poeta. Resume lo que es la existencia del puertorriqueño contemporáneo, aunque probablemente solo un boricua podría descifrarlo.

Al fin y al cabo, Iván Pérez-Zayas nos presenta un poemario con cierto humor y profundidad que ha de agradar a su público. Añade a nuestra cultura, en vez de restarle.

Para restarse

Iván Pérez-Zayas

Disonante, 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en agosto 5 de 2018.

 

Reseña: Vandals y Start-up

Espías veraniegos

En el verano, hay pocas cosas que me agraden más que leer un buen libro de suspenso, especialmente si es de espionaje e intriga. Cuando están bien escritos, poseen suficientes elementos para ser un juego intelectual agradable, sin que te hagan cuestionar tu existencia. Son textos para leer en la playa, en la piscina o durante las pausas de algún viaje. Me di a la tarea de encontrar algo por esa línea de alguien que no conociera, ya que mis autores favoritos de ese género no sacan nada hasta otoño, frustrando mis lecturas veraniegas. Luego de varias búsquedas, di con dos cuentos largos de Olen Steinhauer, un autor estadounidense que vive en Nueva York y Budapest durante el año: “Vandals” y “Start-up”.

El primer cuento es de una agente del FBI que intenta infiltrar a un grupo de jóvenes anarquistas que hablan de cometer actos vandálicos o terroristas y así descubrir si son es solo habladuría o si el grupo va en serio. El grupo se compone de tres personas: dos chicos (uno homosexual y el otro es prácticamente inexistente por la poca participación que tiene en la trama) y una chica, Layla, a la que Rachel, la protagonista, le coge cariño porque le despierta un sentido algo maternal o de hermana mayor. De hecho, Rachel actuará como figura maternal dentro del grupo por llevarles diez años de edad, más o menos. El grupo lo dirige, o más bien lo inspira, Peter, un hombre mayor que la misma Rachel, que alega ser un antifascista de Yugoslavia y corredor de bienes raíces, empleo que le provee acceso a mansiones en venta que él utiliza inescrupulosamente para dormir en una casa diferente todos los días.

Los lectores conocen del grupo y su historia con Rachel de a poco, ya que, al comienzo de la historia, la agente encubierta está en una de las mansiones que vende Peter y ha llamado a su contacto del FBI, Toby, para que la rescate de una situación amenazante. El autor estructura el cuento de tal manera que crea intriga en el lector para saber qué ha sucedido que ha afectado a Rachel. Es una historia muy entretenida y bien contada, cuyo final queda demasiado abierto y parece abrir la puerta para otro cuento o novela.

El segundo cuento, “Start-up”, comienza de manera jocosa. El protagonista, Tom, narra la historia de cómo su amigo, Jerry, decide ser un villano estilo película de James Bond. Tom interactúa con él a lo largo de los años y nota cómo va logrando su meta, mientras que el protagonista parece estancado en su vida laboral. Poco a poco, el cuento gira hacia situaciones más siniestras hasta un final con un desenlace inesperado, pero bien justificado.

Con ambos cuentos, Steinhauer muestra calidad literaria en su manera de escribir. No obstante, como escritor del género de espionaje no me apela, tal vez, por el enfoque de sus escritos, que suele centrarse en el espionaje estadounidense. Diría que apelaría a los fanáticos de James Bond, no tanto a los de los espías de John LeCarré. Claro, mis observaciones se basan en una muestra limitada. Tendré que experimentar con alguna obra más extensa del autor para llegar a una conlusión definitiva. Los cuentos cumplen su propósito, sin embargo: entretienen sin abrumar con entuertos sobrecomplicados.

 

“Vandals” y “Start-up”

Olen Steinhauer

Minotaur Books, 2018 y Mulholland Books, 2016

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en julio 29 de 2018.

 

 

 

Reseña: Salto al vacío

¿Relatos para jugarse la vida?

Publicar un libro, sea de cuentos, una novela o cualquier otro género, es un salto al vacío. En cada caso, uno expone al escrutinio público una creación muy personal. Por más esfuerzo que se le haya metido a un libro, jamás se sabe antes de publicar cómo se recibirá. Puede que agrade, que sea un éxito, que se rechace, que sea controvertible o, como sucede en la mayoría de los casos, que se  ignore. Por tanto, saltar al vacío como metáfora de publicación funciona muy bien. Richard Rivera-Cardona, un novel escritor puertorriqueño, no solo da ese salto, sino que también titula su primera colección de cuentos de esa manera: Salto al vacío, relatos para jugarse la vida.

La colección contiene diez cuentos cortos, entre ellos, “Entrepierna”, con el que el autor ganó el undécimo (y, lamentablemente, último, a todas luces), Campeonato Mundial del Cuento Corto Oral de 2016. Este certamen lo organizaba la maestría en Creación Literaria, de la Universidad del Sagrado Corazón, y participaban sobre cien personas en cada edición. En “Entrepierna”, se exploran los problemas que enfrentan ante la sociedad las personas que tienen una orientación diferente a la que su cuerpo les ha provisto. En “Victimarios anónimos”, se retoma el tema de la orientación sexual. En este cuento se presenta la historia de un reportero que decide escribir acerca de los abusos sobre los homosexuales en China.

Todos los personajes de Rivera-Cardona toman alguna decisión que definirá sus vidas de manera extrema. En el epónimo “Salto al vacío”, por ejemplo, una mujer contempla lo que el título sugiere, debido a que no le saca satisfacción a su vida. Le sigue “Las alas rotas”, que trata de una reunión de clase graduanda y una mujer que intenta reivindicarse ante sus antiguos compañeros que se burlaban de ella en aquellos años escolares.

El machismo y la sexualidad también son temas recurrentes en la colección, con cuentos como “Macho”, “El repaso de las costuras”, “Hilos pardos” y “90-60-90”. El primero es un minicuento que describe un mundo que, supuestamente, carece de machismo. El segundo y el tercero trabajan con las relaciones sexuales entre parejas y la falta de comunicación entre los personajes. Hay un componente religioso interesante que se explora en ese último cuento mencionado. “90-60-90” trata de la autoestima y la necesidad sexual de una joven obesa que se enfrenta al escarnio de sus pares por su apariencia. Los cuentos “Pretty woman” y “Nochevieja, 2079” tienen que ver con la noche de una prostituta por un lado y un relato de ciencia ficción, por el otro.

Los relatos del volumen comparten preocupaciones muy cotidianas y contemporáneas que, tal vez, recogen lo que preocupa al autor. Las narraciones parten de premisas interesantes, aunque se beneficiarían de que los lectores pudieran adentrarse en los personajes e identificarse con ellos.

Con esta colección, Richard Rivera-Cardona dio su salto al vacío. El tiempo dirá cómo fue su aterrizaje.

Salto al vacío: relatos para jugarse la vida

Richard Rivera-Cardona

Editorial Pulpo, 2018

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en julio 22 de 2018.

Reseña: Duelo

Viaje por la memoria

Seguí una recomendación por Twitter y compré una novela. No era una recomendación cualquiera; vino de Zenda, la página literaria en la Internet que cuenta con colaboraciones de Arturo Perez-Reverte y Mayra Santos-Febres, entre varias otras personas del quehacer literario hispano. La recomendación tampoco fue ordinaria; el tuít mencionaba que era una tremenda novela. Así fue que llegué a Duelo, del guatemalteco Eduardo Halfon. Este autor tiene varias otras publicaciones con su nombre y fue parte de los mejores 39 escritores latinoamericanos del Hay Festival de Bogotá en 2007, en que nuestra Yolanda Arroyo Pizarro también participó.

La trama gira alrededor del protagonista, Eddie, quien busca saber las circunstancias detrás de la muerte de su tío abuelo, Salomón, de quien la familia no suele hablar. Salomón es un nombre compartido, pues también es el nombre del abuelo de Eddie. Por tanto, ambos hermanos se llamaban de la misma manera. Lo único que sabe Eddie del difunto es que murió cuando niño. Posee, además, un retrato de su tío muerto, tomado poco antes de morir. Esta foto, en cierta manera, lo atormenta y provoca que el protagonista quiera saber más de su tío-abuelo. Eddie consulta con diversos familiares, como su hermano; también con amigos de su padre y su abuelo. Por medio de estas conversaciones que lo llevan por Florida, Alemania y Guatemala, Eddie comienza a recordar eventos de su propia vida. Los lectores se enterarán de la ascendencia judía y libanesa de Eddie; sucesos de su vida infantil, adolescente y adulta; y los secretos que se esconden en la familia. Eventualmente, llegará a saber qué ocurrió con el tío-abuelo Salomón y logrará terminar el duelo que la familia guarda por este.

Duelo es una novela muy bien escrita que exhibe destreza técnica. El autor sabe utilizar las repeticiones para dar un énfasis estilístico en ciertas partes, logra incorporar los diálogos dentro de la narración, sin separarlos en párrafos aparte y logra transiciones efectivas entre el presente y el pasado de la obra. El tono de la novela se acerca al existencialismo que podríamos encontrar en El extranjero, de Albert Camus, aunque salpicado con realismo mágico y algo de estilo biográfico. Posiblemente, la obra tiene mucho de la vida del autor, puesto que comparte el nombre con el protagonista, entre otras similitudes. Presenta, además, la historia del holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial por medio de los personajes de los abuelos del protagonista, que sobrevivieron el horrífico evento.

A pesar de la habilidad técnica y el peso temático de la novela, la narración no logró engancharme. Tal vez se deba a que el protagonista, aunque presente durante toda la obra, carece de personalidad o, al menos, no resalta mucho. Por tanto, el final que revela la autorealización del protagonista carece de importancia para el lector (para este, al menos). Al finalizar, me doy cuenta de que nunca sentí nada por el protagonista; no me importaba mucho qué sucedería con él. Además, el gran secreto del tío-abuelo Salomón resulta ser demasiado anticlimático. Es una lectura que, aunque corta, se hace larga por falta interés. No obstante, tiene sus momentos ingeniosos. No es una mala novela; tal vez, simplemente, no muy tremenda para mí.

Duelo

Eduardo Halfon

Libros del asteroide, 2017

Esta reseña se publicó originalmente en El Nuevo Día en julio 15 de 2018.